El conocimiento acumulado
por la Iglesia católica en Brasil
Jose Marques de Melo
La religión dejó de ser considerada como el opio del pueblo. La fuerza de las iglesias resurge en diferentes latitudes, abriendo caminos terrenales de liberación, prosperidad y bienaventuranza.
En Brasil, las organizaciones eclesiásticas se muestran imbatibles frente a la opinión pública. Una investigación
realizada por el Instituto DataFolha, del 18 al 20 de julio de 2001, constata que las iglesias (católica y protestantes)
son señaladas como las instituciones dotadas de mayor credibilidad pública, con 41% de las preferencias nacionales.
Los medios (periódicos, revistas, televisoras, radio e Internet) figuran con 39% de los indicadores. La mención a
otras instituciones es francamente irrelevante: judicial (4%); gobierno federal (3%); clubes de futbol (2%); Congreso
(1%); partidos políticos (0%) (fuente: El Estado de Sao
Paulo, 14 de agosto, 2001, p. B16).
Vivimos en una coyuntura extremadamente favorable al desarrollo de una mediología eclesiástica. Las iglesias
protestantes demostraron pragmatismo y competencia, construyendo imperios audiovisuales responsables del crecimiento de
su rebaño. El censo brasileño del año 2000 reveló que la Iglesia católica perdió 10% de sus fieles. Ante a esa evidencia
se tornó impostergable la búsqueda de estrategias evangélicas respaldadas por la comunicación electrónica. Sin embargo, aún carece de una política orgánica, capaz de superar la desconfianza del episcopado en relación con el
potencial evangelizador de los medios.
Opinión pública
El pensamiento católico sobre comunicación social en Brasil tiene sus raíces fincadas en el escenario de la llamada
cuestión religiosa, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando ocurrió la separación entre Iglesia y Estado. Ese fue el
episodio que suscitó mayor repercusión histórica, después de los conflictos ocurridos durante el régimen colonial, cuando
el marqués de Pombal, mandatario portugués, expulsó de territorio nacional a la Compañía de Jesús.
Los obispos recurrieron al diálogo con la opinión pública del país. Fue un movimiento sutil, destinado a valorar a
la prensa como canal de difusión de las ideas católicas, hasta hace poco limitadas al púlpito. En su interior afloran
mecanismos de defensa de la institución eclesiástica, en respuesta a los ataques anticlericales desencadenados por algunos
sectores de la prensa.
Por medio de cartas pastorales, los administradores diocesanos comenzaron a difundir un ideario
comunicacional generalmente pautado por estrategias reactivas, adaptado de situaciones vividas por las comunidades católicas
de Europa. Pero, paulatinamente, éste fue asumiendo facciones brasileñas, sin perder la sintonía con las directrices
llegadas desde la meca romana, como bien lo documenta Oscar de Figueiredo Lustosa en su libro
Los obispos de Brasil y la prensa (Sao Paulo, Loyola, 1983).
Esa tendencia permanece casi inmutable durante la primera mitad del siglo XX, sufriendo alteraciones a partir de
los hechos de la historia contemporánea. El primero de ellos es el "aggiornamento" católico promovido mundialmente
por el papa Juan XXIII. El segundo es la cuestión religiosa que surge con el proceso de endurecimiento del régimen
dictatorial vigente en Brasil entre 1964 y 1985. Estimulados por Roma para adoptar posturas modernas frente a los medios y,
al mismo tiempo, hostilizados por los comandos militares nacionales, los obispos católicos despertaron nuevamente
para la contingencia de reverenciar a la opinión pública.
Comunicación alternativa
Ese pensamiento comunicacional renovado está muy bien descrito y analizado en el libro de Ismar de Oliveira
Soares, Del Santo Oficio a la
liberación (Sao Paulo, Paulinas, 1988). Se trata de una corriente respaldada por el manto
episcopal, pero que se forjó cotidianamente en la acción de las congregaciones religisas, asociaciones legas y
comunidades eclesiásticas de base, cuyas ideas-fuerza fueron inventariadas críticamente por Joana Puntel en su obra
La Iglesia y la democratización de la
comunicación (Sao Paulo, Paulinas, 1994).
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El panorama de las dos últimas décadas fue marcado por tensiones ideológicas entre el Vaticano y el
episcopado brasileño. En la raíz de esa disonancia encontramos una incomprensión doble: la de los obispos brasileños y de
sus asesores eclesiásticos, que cultivaron perplejidades y desconfianzas en relación con la puesta al día mediática de
Juan Pablo II; pero también la de los altos dignatarios romanos, ciegos en relación con las luchas de los líderes
católicos latinoamericanos. Solidarias con las luchas de los oprimidos y perseguidos por las dictaduras, las conferencias
episcopales, particularmente la de Brasil, fomentaron canales alternativos para dar voz y participación a los estratos
políticamente acallados por los poderosos en turno.
La imbricación entre medios, Iglesia e ideología, trabó en cierto modo el avance de nuestro pensamiento
comunicacional católico. Mientras tanto, propuso reflexiones críticas significativas. Ellas traducen disensiones entre legos y religiosos
en las bases comunitarias; o entre el episcopado y las vanguardias intelectuales, en lo alto de la pirámide eclesiástica.
Poder eclesiástico
En esa coyuntura histórica, la cuestión mediática quedó bastante debilitada, en razón del énfasis puesto en
las cuestiones del poder, tanto secular como eclesiástico. Evidencias al respecto pueden encontrarse en dos obras
medulares y sincrónicas: Y el verbo se hizo imagen: Iglesia católica y los medios de comunicación en Brasil:
1962-1989 (Petrópolis, Vozes, 1991) escrito por Ralph Della Cava y Paula Montero, y
La comunicación cristiana en tiempos de la represión:
la historia de la UCBC de 1970 a 1983 (Sao Leopoldo, Editora Unisinos, 1995), de la autoría de Pedro Gilberto Gomes.
Esa falta de consenso entre los obispos brasileños sobre el papel evangelizador de los medios explica, en
buena medida, la lentitud con que fluye nuestro ideario comunicacional católico. La CNBB (Conferencia Nacional de
los Obispos de Brasil) intentó ordenarla, confiando esa tarea a Clarêncio Neotti, autor del estudio
Comunicación e Iglesia en Brasil (Sao Paulo, Paulinas, 1994). En éste lanzó las bases de la discusión que se trabaría en la trigésima quinta
asamblea general de la entidad, en 1997, cuando finalmente los líderes episcopales decidieron dar prioridad al examen de
las políticas de comunicación que debieran ser implementadas en este nuevo siglo.
El resultado fue insatisfactorio, reflejando la complejidad de la problemática y, al mismo tiempo, denotando el
temor con que el episcopado brasileño contempla las nuevas tecnologías de difusión cultural. La marca del
impasse se proyectó inevitablemente, dentro y fuera del ambiente religioso, según fue demostrado en el diagnóstico realizado con rigor
y sensibilidad por Nivaldo Luiz Pessinatti, en Políticas de comunicación de la Iglesia católica en
Brasil (Petrópolis, Vozes Unisal, 1998).
Pese a que no existe consenso sobre las estrategias católicas que serán adoptadas en este inicio de milenio,
están proliferando las prácticas televangelizadoras. Estas han sido motivadas por la ofensiva mediática de las iglesias
protestantes y por las tácticas folkcomunicacionales de los cultos afrobrasileños.
La opción mediática
Se vuelve inevitable estimular la profundidad en el debate y la reflexión sobre la cuestión mediática. En ese
sentido, surge en momento apropiado el libro de Waldemar Luiz Kunsch,
El verbo se hace palabra. Caminos de la
comunicación eclesiástica
católica, Sao Paulo, Ediciones Paulinas.
Ordenando, críticamente, el conocimiento acumulado en Brasil sobre la comunicación eclesiástica católica, el
autor ofrece una diversidad de fuentes sobre las investigaciones en las universidades brasileñas. Se trata de un inventario
de los caminos recorridos por legos y religiosos que buscaron la opción mediática para evangelizar a las masas anónimas
y heterogéneas dispersas en la geografía nacional.
Originalmente presentado como disertación de maestría en la Universidad Metodista de Sao Paulo, el investigador
se valió de las experiencias asimiladas en las dos instituciones a que se vinculara antes de su fructífera trayectoria
académica actual. El autor rescató el conocimiento eclesiástico aprendido durante su juventud como seminarista en la
Congregación del Verbo Divino. De igual modo, aplicó el conocimiento comunicacional resultante de su actuación profesional
como periodista y en relaciones públicas. Además del manejo de una escritura correcta, elegante y amena, el dominio de
las demandas cognoscitivas del público receptor, aquí interpretadas magníficamente.
Mediación pedagógica
El mérito principal del libro de Waldemar Luiz Kunsch reside, evidentemente, en su capacidad argumentativa. En
éste rehizo la trayectoria histórica de la comunicación eclesiástica, partiendo de la Iglesia construida por los apóstoles
y reconstruyendo todos sus periodos, antiguos y modernos, para llegar a la época contemporánea. La fase posterior
a Gutenberg constituye el talón de Aquiles de la institución romanizada, cuyas políticas oscilan entre el endiosamiento
y la satanización de los medios. La base del análisis se centra, pues, en la coyuntura más conocida como Iglesia
postconciliar, cuando las estrategias de comunicación dejan de ser monásticas o parroquiales para contemplar los desafíos de la
aldea global. Su foco de investigación privilegia las singularidades brasileñas, percibidas y diagnosticadas por un segmento
de la comunidad universitaria que transita hábilmente entre los laboratorios de investigación y los templos religiosos.
Cabe al autor el papel de intérprete y crítico de ese conocimiento cifrado académicamente, explicado de forma
clara y convincente a los lectores potenciales, en un trabajo de imbricación pedagógica y científica. Su mayor mérito es,
sin duda, haber simplificado las hipótesis, tesis y síntesis construidas por los comunicólogos, tornándolas palpables,
inteligibles y aplicables.