Lo que importa es ese dios llamado rating
José Gutiérrez Vivó
Agradezco la invitación de Fátima Fernández Christlieb a la presentación de su libro
La responsabilidad de los medios, un texto que nos hace pensar en el papel de éstos. Quisiera precisar que esa responsabilidad, en mi caso, se reparte
entre el periodismo, la administración de una empresa, la cual encabezo, la preocupación de pagar una nómina, y el micrófono.
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Foto: Gregorio Cortés |
Quisiera comenzar diciendo que entre las nuevas tecnologías que vendrán, que son materia de discusión en
varias partes del mundo, y ante esto uno se pregunta, ¿cómo le hacemos en el caso de la capital mexicana?, donde
tenemos un exceso de concesiones de radio, que hemos plagado el cuadrante con 62 agencias de radio, las cuales en su
mayoría ya no son negocio, ¿por qué no son negocio?, sencillamente porque son demasiadas; porque el dinero publicitario
se ha encogido muchísimo; porque la televisión se lleva más de 72% del dinero publicitario que hay en México; porque
la empresa mexicana, gracias a las políticas económicas federales, la han achicado, además de sus capacidades
económicas y su disponibilidad para el uso del dinero publicitario y, junto con eso, tenemos que arrebatarnos el poco
dinero publicitario para mantener a los medios de comunicación.
Por otra parte, ante esta explosión afortunada de libertad, que se inició hace ya varios años y cada vez más la
vamos perfeccionando pero todavía le falta muchísimo hay concesionarios capaces de poner frente al micrófono al
primero que pasa por la puerta de enfrente, si es que eso le significa audiencia. ¿Y los valores? No sé si están en el cajón,
pues lo que finalmente importa es ese dios llamado
rating.
En aras de eso, hay mucha gente capaz de hacer lo que sea y, por supuesto, no tener la menor atención en lo que
en estas 190 páginas de La responsabilidad de los
medios me pusieron a reflexionar: ¿cuáles son los intereses del
auditorio?, ¿cuáles son los valores que debemos transmitir?; en ocasiones me pregunto: ¿acaso somos nosotros quienes debemos
transmitir los valores?, ¿nos hemos tomado ese papel y se lo hemos quitado a la familia, a los padres, a las iglesias, a
los secretarios o ministerios de educación?, ¿cuál es el papel que debemos tomar?
Sabemos que en el caso de los comunicadores, el auditorio todos los días y esto a veces se lo comento a
algunos políticos, ellos tienen la suerte de que sean votados cada tres años nos votan, ¿por qué?, porque si nuestros
productos no son los que espera la audiencia, sencillamente nos cambian con una facilidad impresionante y están en otra
frecuencia. Así que, de alguna manera, sabemos lo que es estar en un servicio público; servir a la gente y también reconocer
que hay muchos medios que no están sirviendo a la gente.
Quizá la pregunta es y me ha extrañado y a la vez me ha complacido porque me tranquiliza, he escuchado a
editores de publicaciones muy conocidas de México, a gente que maneja grandes consorcios de comunicación en el mundo
qué es lo que la gente quiere escuchar hoy. Y, en muchos casos, estamos absolutamente perdidos varios medios de
comunicación buscando todos los días qué es lo que la gente quiere oír. Es algo muy complejo porque finalmente
tenemos que atender a las personas de mayor edad, los que tienen 80, 90 años, algunos llegaron a cien años, los de 70 y 60,
vienen generaciones muy rápidas; generaciones digitales a las cuales, por supuesto, a quienes estamos rondando los 40 o
50 nos ven como personajes un poquito fuera de moda, o muy fuera de moda, y nuestros medios son nocivos,
entonces tenemos que terminar, y eso es lo que está sucediendo con el concepto de medio de comunicación universal.
En la actualidad estamos orientados hacia lo que es el medio de comunicación especializado, de nicho. Los
expertos dicen que quienes sigan insistiendo en tratar de comunicarse con un auditorio de cobertura amplia todo el tiempo,
les va a ser cada vez más difícil, pero dentro de todo esto, el trabajo que nos ha presentado Fátima Fernández Christlieb
con este libro, les permite hacer un alto, quisiéramos que hubiera algún decreto, no sé si el Senado pudiera promoverlo
para aumentar el día a 36 horas en vez de 24 porque no nos alcanza, y a veces no nos rinde el tiempo para repasar estas
materias que alguna vez nos tocó ver cuando fuimos a la escuela hace muchísimos años.
Creo que La responsabilidad de los medios de
comunicación nos ha permitido, por lo menos en mi caso,
reflexionar, darme cuenta una vez más, de la enorme responsabilidad que significa esto; de entender que yo no tengo la razón
como comunicador de todo lo que yo piense; pues hay otras razones; otras formas de pensar y, por supuesto,
finalmente quienes van a quedarse de alguna manera con las mayorías si es que se puede decir las mayorías de esas minorías
de nicho van a ser aquellos que permitan ser lo que dicen las palabras de la portada: medios.
Somos medios, estamos en medio y tenemos que entender muy bien ese papel, porque en estos tiempos
tenemos una sociedad que afortunadamente se ha venido democratizando, nos falta mucho como dijimos, pero necesitamos
ser ese hilo conductor, entre unos grupos y otros, y ése es el papel que debemos jugar. Ahí entran los códigos,
seguramente se hará algo. Espero que no se diga como en el libro que cita a un famoso diputado que dijo que no le encontraba
la cuadratura al círculo, y dejaron el asunto de la reforma de los medios para años después. Yo no sé si todavía no se
le encuentra la cuadratura al círculo de cuál es la responsabilidad final de los medios.
En lo personal, quiero agradecer, primero, la invitación que Fátima me hizo esta noche y, segundo, que nos haya
puesto a pensar; sé que a lo mejor es un tema que puede parecer árido para el público en general, lo comentábamos el otro
día ella y yo, pero hay veces que tenemos que entrar en esos terrenos si es que anhelamos entender la parte
informativa o divertida de los medios de comunicación.