María Cristina Rosas
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Foto: Reuters/Jeff Xu |
Agosto es el mes olímpico. A lo largo de tres semanas, el mundo atestiguará las XXIX Olimpiadas en la milenaria y enigmática China. Con la asistencia aproximada de diez mil 500 atletas que participarán en 302 eventos de 28 disciplinas deportivas, será un evento memorable, pese a las amenazas de boicot que algunos gobiernos han ventilado a propósito de la situación del Tíbet, que en los últimos meses ha recibido una atención inusitada de todos los medios de comunicación, con todo y que se trata de una problemática ancestral.
En este sentido, serán las olimpiadas más monitoreadas de la historia. De ahí que las autoridades chinas se esmeren por garantizar el éxito de las justas olímpicas, dado que es mucho lo que está en juego y, evidentemente, Beijing quiere sacar el mayor provecho.
Antes de China, México y Corea del Sur habían sido las únicas naciones en desarrollo en organizar y albergar los Juegos Olímpicos. Sin embargo, ni México ni Corea del Sur gozaban, al momento de ser sedes de las Olimpiadas, de la influencia ni el poder que posee en la actualidad China, cuyo despunte económico provoca admiración pero también preocupación.
Más interesante es reconocer que los Juegos Olímpicos forman parte de una estrategia de poder suave del gobierno chino para mostrarse al mundo como un país amistoso, amante de la paz y que de ninguna manera constituye una amenaza a la seguridad internacional.
La estrategia del encanto
Joshua Kurlantzick, en una lúcida y necesaria reflexión sobre China en su libro Charm offensive: how China’s soft power is transforming the world (La ofensiva del encanto: cómo el poder suave de China estátransformando el mundo), refiere los esfuerzos de Beijing en el terreno cultural, a fin de promover sus intereses en el mundo. Esto diferencia a China de Estados Unidos, que recurre más a su poder duro y a acciones bélicas que, como es sabido, le acarrean enormes costos políticos y económicos.
Así, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China desarrolla una política de relaciones públicas justamente para mejorar la imagen del país en el planeta. Internamente, se comenzó por cambiar el nombre del Departamento de Propaganda del Partido Comunista Chino (PCCh) por el de Departamento de Publicidad.
Entidades como la agencia Xinhua de noticias (http://spanish.xinhuanet.com/spanish/index.htm), antaño difusora de la propaganda gubernamental antioccidental, se modernizó al punto de ser vista hoy como una fuente confiable de información equiparable a Reuters o AFP, que transmite las noticias más actuales sobre de China y el mundo.
China Radio International (http://espanol.cri.cn), que en otros tiempos reproducía los discursos de los dirigentes chinos, maneja hoy una oferta interesante en su programación que incluye, en por lo menos 45 idiomas, información internacional y nacional de actualidad, referencias culturales y recomendaciones turísticas sobre el país asiático, datos sobre el estado del tiempo, lecciones para aprender chino, imágenes sobre las diversas ciudades y paisajes del país, etcétera. Otro tanto se puede decir de China Central Television (http://espanol.cctv.com).
Todas estas entidades dependen del Departamento de Publicidad del PCCh y por lo tanto están sujetas a la censura y las limitantes informativas ya conocidas. Con todo, la transformación que han vivido no deja de ser sustantiva.
Se trata de una estrategia completamente diferente a la practicada por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que le valió a la URSS, en el contexto de la guerra fría y de la invasión a Afganistán, un boicot encabezado por Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1980. Hoy, por el contrario, China tiene garantizada una asistencia récord de atletas y turistas, pese a los conatos de boicot.
De la revolución cultural a la revolución de una imagenAun ahora pesa el retroceso que provocó la revolución cultural, situación que contribuye a explicar, al menos en parte, por qué China no cuenta con industrias culturales más influyentes a nivel global.
Sin embargo, esta situación está cambiando. Un ejemplo es justamente el esfuerzo desarrollado por las autoridades chinas para albergar los Juegos Olímpicos, durante los cuales el país recibirá miles de turistas que naturalmente querrán conocer más de China.
En sí mismas, las justas olímpicas tienen un importante valor para las autoridades chinas: en las Olimpiadas celebradas en Atenas, en 2004, China se ubicó en la segunda posición en el medallero olímpico (con 32 preseas de oro), sólo por debajo de EU (con 36) y por encima de Rusia (27). En 2008 se pronostican mayores éxitos para los atletas chinos, lo que ayudará a generar admiración de parte de la comunidad internacional.
La coyuntura actual también le sirve a China para recordarle al mundo sobre su ancestral capacidad innovadora. Aun cuando se reconoce que esta nación mantiene hoy en día un rezago importante respecto a Estados Unidos y otras naciones occidentales en ciencia y tecnología, en la antigüedad, todavía se recuerdan las cuatro grandes invenciones chinas en las primeras décadas de la era cristiana: la brújula, la pólvora, el papel y la imprenta.