Mario A. Campos
La revolución mediática sigue avanzando sobre México y las señales están a la vista. A través de la columna de Julio Hernández López, se anuncia el lanzamiento de La Jornada TV, programa que se dice estará disponible en el sitio del diario (www.jornada.unam.mx), y que constituye un paso más para esa empresa que apenas hace algunas semanas empezó a publicar notas para una incipiente versión en línea, complemento de su edición impresa. El Universal, por su parte, lanza podcast versiones en audio de sus principales columnas para que puedan ser escuchados en la Web, bajados a la computadora o formar parte de las suscripciones habituales de su reproductor de MP3.
La medida del diario supera a F. Batolomé de Reforma, que desde hace meses también ofrece una versión para
ser escuchado en vez de ser leído. Pero los cambios no sólo afectan a medios impresos sino a electrónicos como
muestra el programa de radio de Ana María Salazar, Living in México, primero según dice su publicidad en
ofrecerse también en un formato MP3 para poder ser descargado.
El recuento confirma que nuestro país no es ajeno a los cambios que se producen en otras latitudes, al tiempo
que también revela lo lento que avanza el proceso. En especial, si lo comparamos con el peso que otras
compañías dedican a este campo. Ahí están, por ejemplo, los podcast de The New York Times y Business Week. El primero, con una amplia oferta que va desde un resumen diario de las notas de su primera plana, hasta segmentos dedicados
a reseñas teatrales y recuentos de las últimas innovaciones tecnológicas; el segundo, presenta semanalmente
una entrevista con el autor del tema en portada.
La oferta va más allá de los grandes medios para incluir a empresas que renuncian a un papel pasivo para
convertirse en generadores de contenido. El rango va desde los más importantes museos como los famosos MOMA y MET
de Nueva York, con audios dedicados a sus colecciones temporales hasta librerías como Barnes & Noble
(www.bn.com), con entrevistas a escritores del momento.
¿Qué implica este fenómeno? En primer lugar, que se diluye la línea que separa a medios impresos de
los electrónicos, y que cada vez será más difícil distinguir entre un medio de comunicación y los particulares ya
sea empresas o personas comunes y corrientes que también aporten contenidos al ciberespacio. Si formatos como
los blogs ya habían acelerado esta tendencia, los podcast en su versión de audio o video le imprimirán una
mayor velocidad.
Tendencia que convergerá con la ruptura de las restricciones de espacio y tiempo. Gracias al boom de
herramientas como los ipods, serán cada vez menos relevantes conceptos como los "horarios de transmisión". Si el
programa puedo verlo o escucharlo en el lugar y momento en que lo decida, serán obsoletas las pautas de programación.
Esto acelera la idea de los "combos" como hábito de consumo de medios.
En otras palabras, con la tecnología que hoy tenemos a la mano ya es posible armar nuestro propio bufet
de contenidos. Por la mañana, por ejemplo, el resumen de las primeras planas y la revisión vía audio de las
principales columnas; por la tarde, el podcast de una empresa de decoración en la que me dan sugerencias para remodelar
mi casa, y por la noche, una mirada al resumen de CNN acompañado por un programa de comedia bajado de la
página de la ABC, todo a través de mi dispositivo móvil, actualizado cada vez que me conecto a Internet.
Para terminar este breve recuento, les invito a que lo prueben visitando www.onthemedia.org, un programa de
la radio pública de EU dedicado a mirar a los medios, una oferta atractiva para los lectores de etcétera.