Antulio Sánchez
De acuerdo con los pocos datos que da a conocer la página del Sistema Nacional e-México
(www.e-mexico.gob.mx) ese programa culminará el año que corre con la instalación de siete mil 200 centros comunitarios digitales
(CCD) funcionando. Según su titular, Javier Pérez Mazatán, el año próximo habrá otros dos mil 800 CCD para terminar el
sexenio con diez mil operando.
El gobierno de Fox ha promovido al e-México como piedra angular de la modernización del país. No obstante,
ese programa no tiene objetivos y carece de planeación para generar contenidos de calidad. Tiene una postura imprecisa
sobre los aportes que puede tener el uso de Internet en las comunidades, en los usuarios de los CCD e incluso su papel en
las estrategias educativas y de crecimiento económico de las zonas donde están presentes.
A pesar de los años que lleva funcionando el sitio e-México, sobresale la falta de información sobre su avance,
sobre los objetivos que persigue y, por si fuera poco, no ha puesto en marcha un mecanismo evaluatorio para medir su
impacto y los efectos prácticos en que ha desembocado el uso de la red en las comunidades rurales. Tampoco ofrece
información detallada acerca de los financiamientos del programa o las estrategias que se implementan para hacerse de más recursos.
Confusión y ausencia de claridad
Para el gobierno el acceso a la denominada sociedad de la información es una cuestión que se resuelve sólo con
conexión, con lo que evidencia la falta de un plan integral para incorporar la red a las actividades educativas, culturales y
productivas de las comunidades donde ya cuentan con los CCD.
Un ejemplo que muestra esta situación es la tesis de licenciatura "Prácticas culturales en movimiento: Internet en
una comunidad indígena de Oaxaca, el caso de Santa María Tlahuitoltepec, Mixe", de Elena Nava Morales. Dicho
trabajo estudia el papel que ha desempeñado Internet en los mixes: el CCD que opera en Santa María Tlahuitoltepec lo hace
con base en criterios personales que no son parte de una estrategia educativa.
Al no existir una guía que permita la capacitación sobre la exploración de la red y el uso de las computadoras,
la mayoría de usuarios la emplea sólo como entretenimiento y no para vincularla a las necesidades de la vida cotidiana.
El grueso de personas usa la red desvinculadamente de la dinámica de las comunidades y no desemboca en
beneficios sociales y económicos, como supuestamente se pregona por parte de los encargados del e-México.
A pesar de la carencia de una brújula que guíe el uso de la red, el e-México abre camino a cambios de hábito en
las prácticas culturales de los jóvenes, pero sin que puedan insertar esas tecnologías en su ámbito local para potenciar
el desarrollo de su entorno, con lo que se pierde su enorme potencial para el crecimiento de los capitales social, cultural
y económico de las comunidades.
El e-México de ninguna manera es el resultado de una política pública funcional que solvente necesidades de
las comunidades. Pero más allá de estos desaciertos no debemos olvidar, como dijo tiempo atrás Raúl Trejo Delarbre,
que incluso aunque el e-México tuviera éxito, de todas maneras no pasa de ser un proyecto del gobierno pero no del
Estado mexicano.