Francisco Báez Rodríguez
Así como cuando una fecha significativa, en la que todavía no caen lluvias torrenciales, inaugura la temporada de huracanes, las elecciones
en el Estado de México han inaugurado la campaña electoral de 2006. Son apenas una probadita de lo que nos espera.
¿Y qué nos espera? Una guerra feroz entre "creativos" que pocas veces merecen el nombre, gran despliegue en los medios y casi
ninguna propuesta. Vayamos por partes (o por partidos):
Los creativos de la alianza PRI-PVEM pensaron primero que con la cantidad bastaba, e inundaron de anuncios los espectros
radiotelevisivos (y no sólo los espacios comerciales), al grado que un porcentaje reducido de la población cree que Enrique Peña Nieto quiere ser
Presidente. Luego se dieron cuenta de que había una disonancia entre la oferta de partido experimentado y el
look del candidato. Vino entonces la "operación arruga", en la que se tomaba la foto a Peña Nieto con la sonrisa más amplia y desde el ángulo en que más se notaran sus patas
de gallo, que ahora son muy visibles -tal vez retocadas- en algunos espectaculares, e inexistentes en otros. La oferta política cabe en menos
de una cuartilla, pero promete ser firmada ante notario.
El alud de propaganda priista sepultó, inicialmente, a los otros dos contendientes. Uno de ellos, ahora, tiene más espectaculares y casi
tanta propaganda en medios masivos como Peña Nieto. El panista Rubén Mendoza, sin embargo, perdió en el camino su brújula (que era la
de presumir los resultados de su gestión en Tlanepantla). Por una parte, sacó anuncios que tenían toda la firma del PRD (señoras
proletarias quejándose del gasto en propaganda y no en "salú") y que crean disonancia. Por la otra, sacó una campaña de respuesta y crítica a Peña
Nieto: por joven, por niño bien, por guapo. Mendoza dejó de definirse en función de sí mismo y pasó a hacerlo en función del rival a vencer.
Habría que recordarle que "rollero mata carita", sí, pero sólo cuando el rollo es bueno.
Comparada con la del PRD, la campaña del PAN es populista. La precampaña fue una Y con palomita que sólo entendían los
duchos. Continuaron con la señora diciendo "Yo soy Yeidckol" en la que la candidata aparecía bajo el ala de Andrés Manuel López Obrador y
los asistentes al mitin del Peje en el Zócalo se convertían, por la magia de los "creativos", en fieles seguidores de la ex presidenta de Canacintra.
Para enturbiarlo todo, la campaña hacia la Presidencia del gobernador mexiquense, Arturo Montiel, se ha metido como cuña, y
como problema político. Las obras del gobernador priista y las acciones humanitarias de su señora son promovidas en toda la entidad.
El caso mexiquense nos sirve para constatar que, en ese estado, los priistas han hecho la mejor tarea propagandista (en la esperanza de
que la gente confunda eso con una mejor tarea de gobierno). Podríamos pensar en Montiel, y su propensión a la propaganda, como el gozne
entre las dos campañas.
En ese sentido, le lleva ventaja, dentro del Tucom, a Jackson y sus tres deditos, a Martínez y su grisura que ni la intervención en
La Academia logra disimular, a Yarrington y sus pretensiones históricas y al desaparecidito Núñez Soto. Habrá que ver cómo responde Madrazo.
Aún no saca nada en la tele, pero espero que Beatriz Paredes -previsible candidata del tricolor al gobierno del DF- recapacite. El
espectacular que ha sacado es simplemente horrendo: un corazón de nubecitas y un corazón como de pintura de Frida Kahlo dicen unir a idealistas
y realistas. Ni idealismo ni realismo: el resultado es un surrealismo de
petatiux con alto nivel de abstracción.
Quien ya salió en las pantallas y está a cada rato en el dial es Santiago Creel. El anuncio es súper cuidado. Sin corbata, para que se vea
que no es apretado. De saco negro, para que se vea que es serio. Sin barba, para que se vea que no esconde algo. Con libros atrás, para que se
vea que es preparado. Con un cacho de bandera que se asoma por la esquina, para que se vea que es patriota. Tan cuidado que se ve falso.
El mensaje aprovecha los mejores atributos que la gente ha percibido de Creel en estos años. Pero al hacerlo, abre totalmente sus cartas. Y
así, descubre el flanco que sus adversarios deben bombardear para quitarle una candidatura casi segura. Nada hay de casual en el reciente
"fuego amigo".
Y quien nunca sale de las pantallas es López Obrador. Para bien o para mal, es el único de los aspirantes que sigue con un puesto
público de atención nacional. Por eso pide, de favorcito, que lo dejen seguir haciendo campaña en las charlas (perdón, conferencias) mañaneras.
Al cabo que es gratis.
En tanto, el ingeniero Cárdenas se prepara con una encuesta para emular a Heberto Castillo o para emigrar a donde sí lo quieran.
Pensándolo bien. Ya viene la temporada de huracanes.