La televisión y los zapatistas
Javier Solórzano Zinser
El conflicto en Los Altos de Chiapas, de nuevo genera incertidumbre y una singular pasión. A pesar de que
durante varios años se trató de darle el más bajo perfil posible, el presidente Fox volvió a poner de nuevo en la mesa de
discusión al amparo de promesas de campaña y del reconocimiento de que la nación no puede vivir eternamente con el
asunto. Se tiene que solucionar y en eso anda, por lo menos es lo que dice.
La pasión al respecto ya es inevitable. Por más que se recuerde el valor que generó en muchas conciencias los
primeros días de enero del 94, no hay duda que el paso del tiempo ha colocado diversas manifestaciones sobre el tema
zapatista. Hoy, el valor de las cosas para muchos está en el pasado y pareciera que por razones de la evolución de la vida
política del país se le debe dar una solución pronta al asunto. No creemos que exista la menor duda que la sociedad en su
conjunto quiere ver resuelto el problema, pero también es evidente que no se puede hacer de forma simple o por decreto.
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Foto: Jerónimo Arteaga |
Los medios de comunicación han sido parte central. Medios que han seguido a detalle todo lo que ha pasado,
otros que se han interesado en ver únicamente un lado del conflicto, y otros más que lo han omitido como si no existiera.
En una sociedad cada vez más diversa pareciera imposible que se presente la más mínima uniformidad. Sin embargo, lo
cierto es que las formas le han dado una cara al conflicto del sur. Empezando por la estrategia presidencial de Carlos
Salinas y Ernesto Zedillo, apuntalada por algunos medios electrónicos, y por posiciones contrarias al gobierno, en particular
por algunos medios escritos. En sentido estricto no hay nada nuevo bajo el sol, pero es necesario insistir en el papel de
los medios de comunicación en el pasado, presente y futuro, sobre todo a partir de la marcha zapatista por algunos
estados del país con destino a la ciudad de México.
La euforia que se vivió entre amplios sectores de la sociedad con motivo del levantamiento del EZLN tiene hoy
una infinidad de caras. Vale la pena tener memoria. La situación de los indígenas en México ha sido compleja y
discriminatoria. Los zapatistas lo siguen definiendo a su manera: "Fuimos a manifestarnos a la ciudad de México sin pasamontañas
y nadie nos hizo caso, hoy tenemos la misma demanda y resulta que están preocupados por nosotros. Somos los
mismos del 91". Pero más allá de razones no existe la menor duda que esta nueva marcha es parte de una estrategia y
un espectáculo.
La televisión, como regularmente lo hace, ha entrado en proceso de avorazamiento. Una parte del problema
se encuentra en lo que los medios han hecho y han dejado de hacer. La penetración de la televisión le ha dado todavía
más matices al asunto. En los orígenes del problema, la forma como actuó el gobierno fue lamentable. La preocupación
era controlar y se vivieron días de confusión derivados evidentemente del problema mismo, a lo que había que agregar
la miopía e inseguridad de parte del gobierno que lo llevó a un férreo control de los medios.
Durante las conversaciones en la catedral de San Cristóbal de las Casas, a través de RTC se llevó a efecto un
mecanismo: diferir las transmisiones por cinco minutos. La tijera entraba en acción y a partir del muy
sui géneris criterio de alguien, que sin duda "cuidaba los intereses de la nación", se tomaban las decisiones. Era una nueva versión del sacerdote
en la película Cinema Paradiso.
A lo largo del conflicto este criterio fue el que estableció la relación de muchos medios con el problema
chiapaneco. Con esta línea, y junto con la mano del gobierno que en el pasado sexenio apeló a la máxima salinista de "ni los
veo ni los oigo", la estrategia se hizo extensiva a algunos medios electrónicos. Desde la Presidencia se instrumentó en
los medios la política del "ya no les hagan el juego".
Todo ha tenido una lógica. Desde la actitud distante por convencimiento de algunos, hasta esperar línea de otros.
La relación entre el poder político y la televisión se convirtió en una forma de "entender" el problema. Se han dado una
gran cantidad de excesos. Entrevistas con el subcomandante Marcos que no han sido del gusto de la crítica argumentan
que "hay que ser más agresivos y menos complacientes" junto con un alto nivel de protagonismo por parte de la
prensa definieron el terreno de los medios.
Cuando fue liberado el general Absalón Castellanos, en Guadalupe Tepeyac, con la respectiva "procesión" de
los medios, el conflicto vivió uno de sus momentos más intensos. Al final de este acto, que tenía toda la parafernalia
posible, ofrecida por los presentes, llámese Manuel Camacho y el obispo Samuel Ruiz, pero sobre todo por los medios, se dio
una especie de linchamiento en contra de Televisa. No permitieron a esta empresa transmitir a través de un singular
acuerdo que había hecho con el Canal 11, al que los zapatistas de autoritaria manera habían "permitido" entrar.
Televisa estaba pagando ante los otros medios que también increpaban su presencia lo que a lo largo de
muchos años había hecho en materia informativa. Canal 13 tenía nuevo dueño, y de alguna u otra forma se le daba el
beneficio de la duda, al tiempo que su imagen entre los otros medios era, por decirlo de alguna manera, aceptada. Al paso
del tiempo, los del Ajusco terminaron por ser más intolerantes que aquellos a los que toda la vida se les había acusado
de lo mismo.
La televisión siempre estuvo en medio del conflicto y fue parte central de éste. Jugó el papel que el gobierno le
impuso sin siquiera preguntarse cuál era la mejor opción informativa. La reacción del EZLN siempre fue severa ante la
televisión. A veces sin percatarse que estaba basada en los estereotipos, pero otras muchas con elementos a la mano que
evidenciaban intolerancia informativa y la presencia de adjetivos al por mayor para definir lo que pasaba.
Hoy, la televisión junto con su participación central ha tomado una decisión que no se entiende bien. Promociona
un concierto por la paz después de que a lo largo de mucho tiempo se dedicó a desinformar y a tomarle distancia al
conflicto de manera poco profesional. Sin embargo, andan en la hora del concierto por una paz que nunca buscaron, si nos atenemos a su forma de ver el conflicto. No se trata, insistimos, de tomar partido. Lo que siempre se ha requerido es
información que permita claridad. Todos tiene responsabilidad, pero la tele jugó un papel preponderante.
Sin embargo, hay que identificar que al final Televisa terminó por ser más tolerante. Mantuvo a un reportero todo
el tiempo en la zona y el televidente se quedó en manos de la visión de un hombre que fue tomando sensibilización
con la situación, sin pasar por alto los excesos que a estas alturas ya parecían "normales", acorde con la política
informativa de la televisora. Canal 13 optó por el "ni los veo ni los oigo". Hoy, las televisoras que han sido parte de la
desinformación de manera singular e inopinada hacen su concierto. Dos escenarios se vislumbran: o se les revierte, o el aparato que
ha sido echado a andar les lava la cara y para variar, de nuevo, no existirá la capacidad de memoria.