Televisa, negocio y noticias
Francisco Báez Rodríguez
1. Lunamieleros
Vicente Fox inició su mandato dando cumplida muestra de sus dotes de
seductor catódico. Durante poco más de
una semana, los mexicanos vivimos una suerte de
foxitón, donde, en oleadas crecientes y con
total complacencia de las televisoras, fuimos
arrollados por la personalidad del nuevo Presidente.
El gabinete fue presentado en tres entregas, cada una en horario distinto, cada una precedida de un
pequeño show, cada una con su cauda de reacciones. Las televisoras no vieron el más mínimo prietito en el arroz. Todo esto sirvió
para "calentar" el acto del día 1 de diciembre.
Y entre una entrega del gabiente y otra, el Fox íntimo, el que canta "El hijo desobediente", el que monta, cocina,
besa a sus hijos. Y la pelea entre las televisoras por ver quién queda más cerca del Presidente (ganada la calle, por
Televisa, a pesar de que en la campaña fue la más cercana a Labastida). El día histórico de la toma de posesión, la televisión
siguió a Fox en todo momento. En la Basílica, en su desayuno con niños de la calle de Tepito, en San Lázaro, en el
Auditorio, en el Campo Marte, en Palacio Nacional, en la fiesta del Zócalo, en la cena en el Castillo de Chapultepec. La sonrisa
natural se confunde con el gesto estudiado; la línea de política claramente definida con la frase genérica del llamado
de la esperanza; el halago del comentarista con otro halago de otro comentarista.
Ciertamente, se transmitió la ilusión, el gusto por el cambio y la alegría que trajo a millones el fin del régimen
priista. Pero también la sensación de que Fox lo era todo.
Pero ahí no acaba el
foxitón. La luna de miel se extendía a su primera gira:
la televisión nacional lo sigue por el
Colegio Militar, por Oaxaca y Monterrey, transmite a sus (supongo que ya algo cansados) seguidores los discursos que
empiezan, tan pronto, a sonar un poco repetitivos. Pero no deja de lanzar cariñitos.
Todo lunamielero debe saber que las cosas cambian al regresar a la vida normal. Del Presidente hay que esperarlo:
sus tareas van más allá. ¿Lo podremos esperar de las televisoras nacionales? ¿Van a ser ahora "soldados de Fox"?
2. De agendas noticiosas y monopolios buenos
Mientras esas maravillas se daban en la vida pública, Televisa tenía otro tema en la agenda. El mismo día primero, en
su noticiero principal, junto a las notas de la toma de posesión, abordó un asunto "de interés nacional"; las denuncias
del sindicato de sobrecargos sobre un conflicto de interés del
presidente de la Comisión Federal de Competencia,
Fernando Sánchez Ugarte.
Decía el noticiero de Televisa que el hermano de Sánchez Ugarte es funcionario de American Airlines y que,
denunciaban los sindicalistas, es por ello que
había presionado para la separación de Cintra, la controladora de Aeroméxico
y Mexicana.
A Televisa la noticia le pareció más importante que la detención y el arraigo domiciliario de Augusto Pinochet.
De hecho, le pareció la única otra noticia del día, además de la llegada de Fox al poder.
La cosa resultaba por demás extraña cuando el
asunto de Cintra estaba más que cerrado y la televisora no
había prestado mayor atención a las denuncias sindicales en
el momento de la toma de decisiones acerca del futuro
de la controladora aérea.
Es que a Televisa la suerte de las líneas aéreas le tenía sin cuidado, pero en esos
días se terminaba de afinar la
decisión de la Comisión Federal de Competencia que
prohíbe la fusión de Radiópolis y Acir y limita severamente la capacidad
del consorcio de Av. Chapultepec para expandirse en la
radio. Lo que no queda claro es si fue un intento de chantaje o
una inútil (por definición) pataleta de ahogado (porque la decisión, aun cuando no había sido hecho pública, se tomó el
28 de noviembre).
Sánchez Ugarte no se quedó callado y señaló dos
cosas muy fuertes, a las que Televisa no pudo replicar.
Primero, que no era un asunto personal y la decisión de la CFC fue
colegiada y unánime. Segundo, que él no tenía hermano
alguno que trabajara para alguna aerolínea, nacional o extranjera.
Ante la evidencia, el consorcio de Azcárraga Jean optó por la estrategia de atacar a Radio Mil como causante
del desaguisado financiero y subrayar que no tiene la primacía en noticieros radiofónicos (como si las noticias fueran
el elemento único del rating y del control de mercado en la radio).
Quedó claro, entre tanto, que la agenda noticiosa de Televisa sigue estando marcada por la impronta de los
intereses particulares de esa empresa.
3. La televisión supera a la hiperrealidad
Hace poco más de siete
años, Víctor Trujillo le propuso a TV Azteca conducir
un programa en el que, en su
caracterización de "La Beba" Galván, organizara un
talk show. Quienes expusimos nuestro escepticismo con el argumento de que
"La Beba" era un personaje de cotorreo que no podía aspirar a la credibilidad, nos equivocamos de cabo a rabo, Trujillo
era un adelantado y no lo entendimos.
Van dos muestras: en la menor, el propio Trujillo, en su caracterización de Brozo conduce con éxito su programa
El Mañanero. No es Víctor el que entrevista, opina, juega y hasta pontifica, es Brozo.
La muestra mayor es la nueva época de
Hasta en las mejores familias y,
particularmente, los segmentos conducidos por Huicho Domínguez.
Se trata de un programa absolutamente delirante,
donde no importa si los panelistas son pagados, son
actores o patiños. La realidad no importa ni siquiera la wilkinsoniana "hiperrealidad". Los panelistas no hablan con Benavides,
el actor de segunda, sino con Huicho, el naco multimillonario. Y éste se da
el lujo de dar consejos financieros descaradamente chafas y cínicos mientras luchadores rudos y técnicos, que le dan la razón a bandos contrarios del panel, se
pelean a golpes en el escenario.
¿Cómo se resuelven los diferendos? Muy sencillo: Huicho Domínguez trae bolsas repletas de dinero y las
reparte entre el público. La razón está perdida, lo que importa es el relajo, que a su vez
trae rating y que Portillo y otros filósofos
se dediquen a estudiar la fenomenología.
Trujillo no deliraba. Los locos éramos quienes creíamos que la gente sintonizaba a Cristina Saralegui y a Oprah
Winfrey porque las tomaba en serio.
4. Canal 22. A la tele desde la tele
Canal 22 tiene nuevo director. Con ello se cumple su primer ciclo, el que inició hace ochos años José María Pérez
Gay. Durante ese tiempo, el canal pudo salir al aire lo que no fue tan sencillo como parece, mantenerse, crecer y
dotarse de un prestigio y un estilo cosa aún menos sencilla.
Lo sustituye Enrique Strauss, un hombre hecho en la televisión. Fue uno de los productores más importantes en
la última década de los canales 7 y 13 como empresa pública. Nunca se distinguió por baratero, sino que le tiraba a lo
grande. Era una de las cabezas creativas en uno de los grupos que perdió en la licitación por Televisión Azteca. Y ha sido uno
de los principales generadores de programas culturales en los últimos años.
En otras palabras, llega a la tele desde toda una
vida en la tele, lo cual no es virtud menor en estos tiempos.
Enfrenta retos no menores: hacer que el prestigio adquirido por el 22 se traduzca, de manera constante, en mayor
nivel de audiencia; crecer la influencia de ese canal a lo largo y ancho del país; evitar duplicidad y propiciar sinergias con Canal 11, y lo más difícil para él hacer que todo esto suceda sin gastos excesivos.