En los medios, declaraciones sexistas
María Rojo
Hace unos días tuve la oportunidad de ver la magnífica, y a la vez terrible, película documental Señorita extraviada, rodada hace dos años por Lourdes Portillo, como escalofriante denuncia de los atroces, escandalosos y hasta la
fecha impunes asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.
Un documental que no sólo cumple con su propuesta de denuncia, sustentada en el largo trabajo de 18 meses
de esfuerzo; es difícil en este género dejar al descubierto la imaginación, creatividad, y aun la belleza, sin descuidar en
ningún momento el contenido ni caer en el amarillismo.
Sus inolvidables imágenes nos hacen reconocer el submundo de Ciudad Juárez, ese lugar sin límites que es el
límite, el confín de nuestro infortunio. Así respiramos frontera, escuchamos silencios, recordamos miradas, nos dolemos
de reconocernos a nosotros mismos, y repetimos, una vez más, con un suspiro de desesperanza: "¡ay, pobre México!",
para añadir, acto seguido, con Carlos Fuentes que parafrasea al viejo dictador: " pobre Estados Unidos, tan lejos de
Dios, y tan cerca el uno del otro".
Mucho se ha dicho y escrito ya en todos los medios, y no sólo en los de nuestro país, acerca de estos crímenes
perversos, pavorosos, sobrecogedores y bestiales perdón, pero la verdad es que todos los adjetivos se quedan cortos
cometidos ininterrumpidamente en nuestra frontera norte desde hace aproximadamente diez años, y sin respuesta adecuada de
las autoridades hasta nuestros días.
Y no se trata de una exageración, intentando acaso abultar un suceso de poca monta; hoy mismo, 17 de julio,
mientras se escriben estas líneas, leemos la siguiente noticia en
La Jornada: "Dos mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez;
otra fue asesinada". Y en la nota se da cuenta, además, de cómo ocho hombres encapuchados y con equipo de
asalto irrumpieron en la planta de Aceros Chihuahua para robar una cruz que ex trabajadores de la empresa habían
armado y colocado allí mismo en memoria de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.
Es por ello que, sin dejar de reiterar el clamor de nuestra sociedad porque se haga justicia, quiero aprovechar
esta tribuna que etcétera me ofrece, para plantear tan sólo la siguiente conjetura: si en vez de
las muertas de Juárez se tratase de
los muertos de Juárez, ¿se habrían hecho declaraciones acerca de este caso, por conducto de los más
diversos personajes, como las verdaderamente inauditas, amén de absurdas, que a continuación cito textualmente, con
su correspondiente fecha y fuente de publicación?:
Francisco Minjares, jefe del grupo investigador del caso, agregó que las jóvenes muertas no eran "blancas y
puras" como aseguraban sus padres, "pues se prostituían en bares y cantinas del centro de la ciudad",
La Jornada, 21 de abril, 1997.
El ex gobernador Francisco Barrio Terrazas dijo que todavía considera la posibilidad de crear una fiscalía
especializada para investigar las muertes de mujeres en Ciudad Juárez, porque
(sic) su número "no es mayor al que existe en otras
partes del estado o de la República, sino un porcentaje que puede considerarse normal",
La Jornada, 3 de diciembre, 1997.
"Son cifras delictivas dentro de la normalidad". "No es privativo de Juárez". "No se puede afirmar que las
mujeres presumiblemente (textual, aunque usted no lo crea) asesinadas por
Los Rebeldes no comerciaban con su cuerpo".
Diversos panistas en el gobierno de Chihuahua, citados por Luis Javier Valero Flores en
La Jornada, junio de 1998, en su artículo "Las muertas de
Juárez". Ramón Galindo, candidato del PAN y alcalde juarense con licencia, por otra
parte, se queja de la "gran difusión" de los homicidios: "Lamento las muertes de esas mujeres pero, ¿por qué sólo ésas? En
el mismo periodo también han ejecutado a más de 400 hombres"
(¡resic!). Citado por el mismo autor en el
artículo mencionado.
En ese mismo artículo, Luis Javier Valero cita al actual gobernador de Chihuahua, entonces todavía candidato del
PRI, Patricio Martínez: "No venían precisamente de misa".
En una entrevista colectiva a mujeres publicada por la revista
Marie Claire, Esther Chávez declara: "Han hecho
cosas tan detestables como declarar que las asesinadas llevaban una doble vida y, al principio, los medios se fueron con
eso e ilustraban las notas del caso ¡con una zapatilla roja de tacón!".
"Una mujer asesinada es demasiado, 100 es una tragedia, sin embargo, Barrio se ha dado el lujo de regañar a las
madres de las desaparecidas, de sostener que 'últimamente no son tantas mujeres asesinadas', o que hay que poner el
problema en su correcta dimensión y considerar que a cambio 'eliminó madrinas de la Policía Judicial'". Samuel Schmid,
"Complacencia frente al crimen", El
Universal, mayo, 1998.
La suma de anécdotas y declaraciones sesudas se suman (¡). Por ejemplo, para el ex gobernador Francisco
Barrio Terrazas, del Partido Acción Nacional (PAN), hoy contralor federal, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez eran
una situación natural en virtud de que "las víctimas caminaban por sitios oscuros y se vestían de manera provocativa
con minifaldas", Cimac (Comunicación e información de la mujer) 25 de junio de 2002.
En febrero de 1999, el nuevo procurador Arturo González Rascón, en reunión sostenida con las organizaciones
de mujeres, declaró que "las mujeres que tienen vida nocturna salen a altas horas de la noche y entran en contacto
con bebedores; por lo que están en riesgo. Es difícil salir a la calle y no mojarse", dice. Cimac, 25 de junio de 2002.
A decir de la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa, el gobierno del estado canceló
la instalación de la mesa "debido a los grupos de mujeres que calificó el mandatario estatal (Patricio Martínez) como
de antigobiernistas". Al mismo tiempo explicaron, en voz de Rosario Acosta, que en el acto público del miércoles
pasado (10 de julio) intentaron acercarse al gobernador para entregarle la misiva, pero la respuesta del Ejecutivo estatal fue
correr y empezar a burlarse de ellas gritando "ni una más". Cimac, 25 de junio de 2002.
Lo anterior no es más que un pequeño muestrario del cúmulo de declaraciones sexistas, misóginas y machistas,
que han sido vertidas en los últimos años por altos funcionarios de toda índole, sin importar el partido político al
que pertenezcan. Sería francamente ridículo pensar que si se tratara de
los muertos de Juárez en lugar de
las muertas, ¿alguien se hubiera atrevido a decir acerca de las víctimas, que estos jóvenes,
presumiblemente asesinados, vestían
provocativamente, que no venían precisamente de misa, que se tomaban sus tragos y circulaban por calles desiertas a altas horas de la
noche; que eran coquetos y, para acabar pronto, que comerciaban con sus cuerpos, por todo lo cual no eran
precisamente blancas palomas, como sus padres creían? Inimaginable, ¿o no?
Por supuesto que sólo estoy planteando algo que está en el aire, la pregunta que todos nos hacemos. Más allá de
todas las líneas de investigación hasta ahora planteadas: narcotráfico, tráfico de órganos, prostitución, producción y tráfico
de películas snuff, asesino serial psicópata nacional o extranjero, ¿qué tanto peso ha tenido, en la ejecución de
estos crímenes infames, la naturaleza misógina y machista innata a la sociedad mexicana?
En este contexto, permítaseme citar al periodista y ensayista Sam Quiñones, quien en su reciente libro
Historias verdaderas del otro México nos dice:
"Las maquiladoras trajeron a esas mujeres desde el campo con la oferta de su primer cheque. En cuestión de
pocos años, las maquiladoras invirtieron los papeles de los sexos que siempre habían sido aceptados: las mujeres se
convirtieron en la persona que mantenía a la familia. Las maquiladoras, a pesar de las cosas horribles asociadas a ellas, crearon
una nueva mujer mexicana. Con frecuencia, las trabajadoras de la maquila han llegado a ver el mundo y su lugar en él
de manera diferente. Sin embargo, este mismo proceso no creó a un nuevo hombre mexicano.
" los hombres de las áreas rurales están acostumbrados a controlar a las mujeres incluso en la manera en que
se visten y hablan. Una vez que trabajan en la maquila, ellas no están dispuestas a aceptar ese control de la misma
manera que en el rancho. Nadie sabe cuántos casos de mujeres asesinadas tienen que ver con violencia doméstica, o con
un resentimiento general masculino hacia las mujeres que no son sumisas."
Finalizo como comienza la película: "Vine a Juárez para presenciar el silencio, y el misterio que rodea las muertes
de cientos de mujeres". Como comienza, también,
Pedro Páramo: "Vine a Comala a buscar a mi padre". ¿Qué espera,
qué busca, qué no encuentra el mexicano? Justicia, otro destino que no sea el ya caminado. Un país que de una vez por
todas acabe de parirse. Un proceso doloroso, centenario, que asumimos en la tragedia que vivimos día a día.