Víctor Ugalde
A iniciativa de los gobiernos de España, Francia y Brasil, en mayo se celebró en Madrid la Cumbre Mundial de
Ministros de Cultura, con el propósito de ratificar la importancia de la firma del Tratado de Protección de la Diversidad Cultural
que se votará en la convención de la Unesco en octubre próximo.
Setenta y dos países manifestaron la necesidad de que los Estados definan políticas públicas sobre los bienes
culturales, de manera especial las industrias culturales del audiovisual, para que sean tratados por su singularidad artística, cultural
y económica y no considerarse como simples mercancías, bienes y servicios tal y como lo pretende Estados Unidos, pues
su contenido incide en las conciencias ciudadanas al proponer y conducir la formación de gustos y formas de pensar.
Los países asistentes sostuvieron que el siglo XXI debe ser el de los equilibrios y las armonías, en el que la cultura
debe convertirse en un factor de desarrollo humano y económico y por ello es esencial reducir la actual corriente de
estandarización que se manifiesta a través del cine y música estadounidense que podría quebrar el equilibrio existente entre las
culturas vivas del siglo XX.
Entre los propósitos de la Convención de la Diversidad, que ya firmaron 130 países el 3 de junio en París, destacan
el de fomentar la creación de pequeñas y medianas empresas de creación cultural; adoptar acciones que permitan el
acceso de fuentes de financiamiento de la pequeña y mediana empresa y asegurar su participación en la cadena productiva
a través de canales de distribución plurales y eficaces; establecer mecanismos de cooperación que garanticen una
distribución equilibrada de sus bienes y servicios incentivando acuerdos de coproducción con acceso preferencial a las naciones
más desfavorecidas y propiciar el desarrollo e intercambio de estadísticas y estudios sobre industrias culturales y demás
áreas de la economía de la cultura, entre otros puntos.
En la reunión de Madrid, destacó la ausencia de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón, China y
Australia, miembros de la asociación llamada "Amigos de la Diversidad Cultural" que son en realidad los más fervientes
enemigos de la misma pues desean mantener su actual hegemonía en las pantallas del mundo (producen anualmente 56.83% de
los cuatro mil 300 largometrajes realizados y sólo EU acapara 80% de las pantallas del mundo). Tratan de lograr su
propósito a través de que las películas se consideren como simples mercancías y se rijan por las reglas generales del "supuesto
libre comercio" firmadas a través de la OMC y sus instrumentos secundarios que se están negociando en este momento como
es el Acuerdo General de Bienes y Servicios (GATS)
Hasta el momento, México mantiene una posición dividida, por una parte destaca y enaltece la posición de Conaculta
y la Secretaría de Relaciones Exteriores, que reconocen la necesidad de un trato diferente a los bienes culturales y por
ello desean apoyar la Convención anteponiéndola a todo tratado o acuerdo que la afecte y limite, lo que garantizará la
expresión artística del mundo y de los mexicanos, dejando parte de los grandes beneficios económicos y sociales a las
sociedades que los produzcan y circulen.
Por su parte, la Secretaría de Economía sostiene lo contrario y junto con EU trata de que la Convención nazca muerta
al supeditarla y acotarla al sostener que su contenido no debe afectar los tratados ya firmados con anterioridad, como son
los de la OMC y el TLC, olvidando que antes de esos tratados están las obligaciones de México en materia de
derechos humanos y parte fundamental de éstos son los derechos culturales firmados en 1948. Es tan servicial la posición de
Economía con EU que sin consultar a la población ni a los directamente interesados del quehacer cultural, que nos sumó en la red
de "amigos de la diversidad" lo que nos aísla con los países que podemos unir fuerzas para proteger nuestras
industrias culturales como son Iberoamérica y Europa.
El regreso de EU al seno de la Unesco, de la que estuvo ausente por más de una década, así como la presencia de
la Secretaría de Economía en la discusión del tratado sobre la diversidad cultural desmiente con sus actos lo que
pretenden negar con su discurso que es la doble naturaleza de los productos culturales. Por ello la sociedad mexicana debe
movilizarse para defender sus industrias culturales ahora o resignarse a ser un consumidor de bienes estadounidenses por los siglos
de los siglos.