José Carreño Carlón
La inagotable imaginación para seguir huyendo hacia adelante de Andrés Manuel López Obrador ha llevado su modelo autodestructivo a escala global. Ya ha generado conflictos y tensiones internacionales con Cuba, Venezuela y España.
Y su automarginación del vasto, creciente movimiento nacional contra la inseguridad por la vía de
la descalificación de sus organizadores y promotores ha ocupado importantes espacios en los medios
más importantes de decenas de países de todo el mundo.
No sólo se autoasumió explícitamente como el blanco de la queja nacional el ya basta ante la
delincuencia con sus sistemáticas referencias derogatorias y las de su equipo político y gubernamental a la
impresionante movilización de los medios y la sociedad de finales de junio, sino que su afán de minimizar el problema de
la inseguridad e incluso de insultar a quienes lo ventilaron, coincidió con una serie de informaciones sobre
nuevas víctimas de la delincuencia y sobre la detención de destacados agentes policiacos de su gobierno
involucrados en los crímenes, lo que le otorgó al presidente Fox una amplia ventaja discursiva frente al discurso
desesperado del gobierno del Distrito Federal y de su titular.
El Ejecutivo federal llegaba a las vísperas de la marcha del domingo 27 de junio con un mensaje clave:
la detención por la policía federal de secuestradores pertenecientes a la policía capitalina constituía un
paso importante en la batalla contra la inseguridad, pues la capital es el lugar de más alta criminalidad en el país.
Incluso, el Presidente se daba el lujo de presumir que en esa lucha él sí era parejo y objetivo: señalaba
que su gobierno lo mismo actuaba en entidades gobernadas por su partido que en la capital federal, ésta, bajo
el mando de quien se ha erigido o impuesto como la única personalidad presentable por el PRD para las
elecciones de 2006: "No nos engañamos nosotros dijo: en los cuerpos policiacos hay mucha corrupción, y por esto
es indispensable que el gobierno federal actúe; ya lo hicimos en Morelos y detuvimos al jefe de la policía,
lo estamos haciendo aquí en la ciudad de México y lo vamos a seguir haciendo".
Tampoco le fue difícil al Presidente marcar un contraste entre su actitud ante la prensa y la relación
ríspida que el GDF ha tenido en este episodio con los medios de comunicación: reconoció el papel de éstos al
levantar una gran conciencia nacional en contra de la delincuencia y del secuestro.
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Foto: Abril Cabrera/GDF |
Ello, ante algunas referencias directas, primero, y más tarde, ante las tácticas nada sutiles del jefe
de gobierno de "delegar" la confrontación con los grandes medios de comunicación, sucesivamente, en el
secretario de Gobierno, el procurador del DF y el subsecretario de Gobierno, quien el viernes previo a la marcha
del domingo 27 enfocó las baterías del gobierno local contra Televisa, a la que acusó de haber manipulado
la información de las víctimas españolas de la delincuencia y de "estar haciendo política".
Según Martí Batres, el reportaje de Televisa en la víspera trató de acreditar lo que la embajadora de
España no habría podido probar sobre la nacionalidad o la ciudadanía de algunas víctimas del crimen en la
zona metropolitana, a lo que el conductor aludido del consorcio respondió que en ningún momento
pretendió validar lo dicho por la embajadora sino que explicó lo único que se hizo fue aportar datos,
perfectamente documentados, de los ciudadanos españoles que, en los términos informados por el diario
La Vanguardia, han muerto en los últimos años víctimas de la delincuencia.
Quien puso en perspectiva este nuevo episodio de internacionalización de la debacle del jefe de
gobierno del DF, fue el propio corresponsal de ese diario de Barcelona, que en los años más recientes ha desplazado
a El País, de Madrid, en calidad y cantidad informativas sobre México, acaso debido, esto último, a los
compromisos adquiridos aquí por uno de los representantes (de pésimos antecedentes) del consorcio que lo edita.
En La Vanguardia del 24 de junio, Joaquim Ibarz señalaba que la embajadora de España había
quedado atrapada por el fuego cruzado de la politiquería mexicana y que ella, Cristina Barrios, estaba sometida a
un incesante acoso por defender a la comunidad hispana.
Para Ibarz, los insultos a la embajadora española, por parte de Andrés Manuel López Obrador, forman
parte de su sistemática campaña de denunciar complots cuando alguna información le incomoda. Al estar
convocada para este domingo concluía el corresponsal una gigantesca marcha contra la delincuencia se espera
que asistan cientos de miles de personas que, en su interpretación, podría afectar sus pretensiones
presidenciales en los comicios de 2006, el jefe de gobierno "cargó contra nuestra embajadora para desviar la atención".
El día anterior 23 de junio
The Wall Street Journal irrumpía con una bien documentada historia escrita
por dos miembros de su staff, David Luhnow y José de Córdoba, sobre Andrés Manuel en otro de sus
laberintos, el de la corrupción en su gobierno, puesta en evidencia por los videoescándalos de marzo, y hasta la
fecha eludida por López Obrador con su invocación permanente de complots, cada vez más sujetos a la mofa de
los medios de la globalidad.
En ese sentido fue también la referencia de dos días antes, el 21 de junio, del corresponsal de
La Vanguardia: "Obsesionado con ganar la presidencia en el 2006 escribió aquella vez Joaquim Ibarz López Obrador se
dedica a decir que hay un complot en su contra cuando alguien le critica". Al reseñar el primer momento en que
el jefe de gobierno insultó a la embajadora de España, Ibarz insistía en que Cristina Barrios no había hecho
otra cosa que "exponer a la luz pública lo que, desgraciadamente, está más que comprobado: el asesinato de
cinco empresarios españoles de los ocho secuestrados este año en la capital".
Enumeraba entonces el corresponsal del diario catalán: "Ahora acusa a la embajadora Barrios de hacer
el juego al gobierno de Vicente Fox para atacarle. Asimismo, acusa a la ultraderecha y a la cadena Televisa
de orquestar una campaña en su contra con los secuestros, que culminará con la gran marcha del domingo
27 contra la delincuencia, y tilda de amarillistas a los medios que reflejan la inseguridad en la capital".
Cuatro días atrás apareció el número con vigencia del 17 al 24 de junio de
The Economist de Londres con una historia conmovedora de secuestros y asesinatos concentrados en el DF ("Mexico, especially its capital,
is suffering an epidemic of kidnapping").
A unas horas de que se iniciara la marcha contra la inseguridad, la prensa del sábado 26 de junio
mostraba a un presidente Fox haciéndole ver a López Obrador que un gobierno responsable no puede lavarse las
manos de los problemas y que un gobierno democrático tampoco puede descalificar las manifestaciones sociales.
Un gobierno democrático recalcaba el Presidente debe entender el mensaje de la sociedad y actuar
en consecuencia.
Y un alto funcionario de la Secretaría de Gobernación acusaba al jefe de gobierno del DF de enturbiar
el ambiente político con un doble discurso dirigido a deslegitimar la marcha.
La respuesta de López Obrador fue delegada otra vez en el subsecretario de Gobierno de la capital. Esta vez, Martí Batres no sólo aseguró que el DF no es la entidad con el mayor índice delictivo, sino que el
blanco de las injurias del gobierno de la capital pasó de la embajadora de España al Presidente de México. Definió a Fox como un "niñote" que actúa de manera irresponsable, miente de manera deliberada o no sabe nada
de lo que pasa en este país y ni siquiera revisa las cifras que su propia administración genera, además que
dijo el Presidente demostró "un simplismo ramplón".
Insistió en que aunque participara gente de buena fe en la marcha antisecuestros del día siguiente,
habría "mano negra" en su organización.
Y en su desesperación exhibió como lo ha hecho el gobierno del DF desde marzo, en que ha tratado
de mostrar conspiraciones ante cada revelación adversa una prueba más de la organización y la práctica
del espionaje ilegal en el que se ha concentrado el régimen local en lugar de combatir el crimen. Batres como
antes otros funcionarios de ese gobierno habituados a entregar a medios afines expedientes bajo reserva de ley
y materiales obtenidos con base en el espionaje telefónico señaló que correos electrónicos, de los que
tenía copia, evidenciaban que había instituciones gubernamentales involucradas en la promoción de la marcha.
Pero quizá para el campo de interés de
etcétera el espectáculo más atractivo para el análisis lo dieron
los propios medios. Igual que cuando René Bejarano, el operador político central de López Obrador
sorprendido ante millones de televidentes guardándose puñados de dólares en el portafolio y en los bolsillos
pretendió arrastrar a su condenación a un alto directivo de Televisa y los medios cerraron filas en defensa de éste,
de manera unánime, todo parece indicar que los delegados por López Obrador para confrontar al
consorcio promonopólico de la televisión privada empezaron a pagar el precio de la obediencia al mando superior.
A través de diferentes espacios como lo registraba CIAM, la consultoría de seguimiento de medios, en
su análisis previo a la marcha a López Obrador le fue enviado el mensaje de que sus fieles enviados a
inmolarse frente al poder de los medios, Martí Batres y Alejandro Encinas,
le acarrearon al otrora rayo de esperanza
un pleito gratuito con el consorcio televisivo.
En su participación del viernes 25 de junio, en la emisión de Carlos Urdiales (Radiópolis),
Brozo resaltó que en el GDF se empieza a vislumbrar un tremendo complot contra López Obrador, pero esta vez no proviene
de la ultraderecha, Televisa, la CIA, ni del FBI, sino de Alejandro Encinas y Martí Batres quienes, acusó, han
anotado dos autogoles de grandes dimensiones contra las ambiciones de López Obrador.
A López Obrador se le seguirán generando efectos de teflón ante sus desvaríos y se le seguirán
dosificando cuidadosamente las referencias críticas y las apologéticas mientras esté al mando del presupuesto del
gobierno del Distrito Federal ejercido además bajo los más pobres estándares de transparencia del país en
tanto seguirán las importantes transferencias a los medios, cuantificables ya indicialmente por la pauta
publicitaria y la cantidad de anuncios colocados por ese gobierno en los espacios publicitarios más caros:
Big Brother y las finales del futbol mexicano, para sólo hablar de la temporada más reciente.
Pero no ha ocurrido lo mismo ni ocurrirá con los delegados de López Obrador para realizar ese trabajo.
En la más regresiva tradición del presidencialismo infalible que López Obrador aspira a ejercer, los que se equivocan y los que se desvían son sus colaboradores, señor Presidente.
Y en la más actual versión de las capacidades de presión acrecentadas en décadas de relaciones de
colusión con los poderes por los grandes medios de comunicación, sus representantes ante micrófonos y cámaras se
dan el lujo de exhibir su flamante y cohesionado poder de subordinación a los exponentes del poder
político fragmentado.
Si en las primeras décadas del modelo mexicano de colusión entre los medios y el poder público, éste era
el rector de ese complejo político empresarial al grado de imponer relaciones de subordinación del mundo de
los políticos al mundo de los medios, la acelerada fragmentación de los poderes políticos, en paralelo a la
rápida cohesión del poder de los grandes medios, ha impuesto un vuelco en la correlación de fuerzas al grado
de imponer ahora relaciones de subordinación del poder de quienes controlan los medios a los políticos.
En una pretendida argumentación contra el subsecretario de Gobierno del DF, el representante de
Televisa Radio en la emisión matutina del último viernes de junio hizo la mejor descripción de la forma de operar
del poder cohesionado de los medios frente al poder fragmentado de los políticos: Carlos Urdiales le
recriminaba a Batres su crítica al noticiario nocturno de Televisa y a su máximo conductor. Le reprochaba no tomar en
cuenta que otro ankorman del consorcio, Carlos Loret de Mola, había demolido a la esposa del presidente Fox en
el marco de una entrevista a una de las allegadas de ésta, Verónica Ortiz, lo que no sólo abonaba hay
que agregar en favor de López Obrador en su confrontación con el Presidente de la República, sino que
además tendía una cortina de humo que le daba un respiro al gobierno de la ciudad en su batalla perdida contra
las percepciones sociales sobre la inseguridad en la capital.
Urdiales argumentaba que las declaraciones del perredista aparecían como desarticuladas, pues en su
lógica conspirativa tendría que reconocer que no nada más habría un complot de la televisora en colusión con
el gobierno federal contra el gobierno del Distrito Federal, sino también contra la Presidencia de la República
y Vamos México, en colusión con el gobierno del Distrito Federal.
El apego del equipo de López Obrador a las teorías conspirativas les resuelve a sus seguidores el
problema de pensar, pero les impide adentrarse en el análisis de las estructuras y las estrategias de negocios de la
nueva expresión del complejo político empresarial de control de los medios. Claro, les resuelve también el
problema de conciencia que supone asumir que López Obrador no es el profeta de la trasparencia ni de la
honestidad valiente, sino un político tradicional que ejerce el poder desde los engranajes de ese complejo
burocrático empresarial de control de los medios, al que concurre con cuantiosos recursos públicos y a cuyas reglas
termina sometiéndose, así sea a regañadientes y mandando al sacrificio a sus delegados a la confrontación contra
el engranaje.
A la decisión, anticipada por
Brozo, de llevar al cadalso al secretario y al subsecretario de Gobierno del
DF, se unió el representante de un medio impreso, Carlos Marín
(Milenio) para quien el gobierno local a través
de los réprobos Alejandro Encinas y Martí Batres, que osaron cuestionar al mayor consorcio privado de la
televisión despilfarra la veta que venía explotando exitosamente sobre una probable conspiración de la
administración foxista para impedir la postulación presidencial de López Obrador.
Fundamentalistas de la complotitis, los llamó y pidió que fueran puestos en su lugar (¿?) por López
Obrador, no sin antes ofrecer disculpas y agradecer a los medios que con oficio periodístico han atenuado las
acusaciones tanto justas como injustas que se han hecho a su gestión.
Inscrito de pleno derecho entre esos medios y mediadores "que con oficio periodístico han atenuado
las acusaciones tanto justas como injustas que se han hecho" a la gestión de AMLO, el director de
Milenio enseguida pareció no estar dispuesto a esperar esas disculpas y agradecimientos del jefe del gobierno local,
sino que se anticipó a vaticinar que "con colaboradores capaces de cometer tan garrafales pifias y que siguen
tan campantes en su entorno, El Peje no tiene la menor oportunidad, no se diga de alcanzar la Presidencia, sino
de sostenerse en la alcaldía de la ciudad de la desesperanza".
Pero volviendo a la internacionalización de la debacle de López Obrador, hay una paradoja en el hecho de que quizá los políticos más aldeanos del continente, el jefe de gobierno del Distrito Federal y el Presidente de Venezuela, aparezcan cada vez más en el escaparate de horrores de la globalidad. Junio no fue la excepción:
· López Obrador anunció la aparición de millones de ejemplares con cargo a los contribuyentes de una historieta para presentarse como el héroe de la historia, ése que en palabras de la reportera de Radiópolis Verónica Méndez sin que hayan empezado las Olimpiadas, ya le dio todas las medallas de primer lugar a las acciones de su gobierno, así como para exhibir a sus críticos cómo los villanos que quieren descalificarlo, destituirlo y principalmente tienen la intención de inhabilitarlo para 2006.
· Hugo Chávez anunció el estreno de una telenovela en la televisión estatal para exaltar sus acciones y denostar a quienes solicitaron el referéndum derogatorio de su mandato, que tendrá lugar en agosto, igual que, probablemente, algunos de los pasos definitorios del juicio de procedencia contra su gemelo mexicano.