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Francisco Báez Rodríguez  La disputa por el Titanic


 Desprestigio del Canal 40

 Francisco Báez Rodríguez

El rugido del Popo

Cuando el Popocatépetl despertó, Televisión Azteca estaba ahí para ganar las imágenes y transmitirlas en vivo pocos minutos después. Ha sido una de las contadas ocasiones en las que, a pesar de contar con menos recursos que su rival Televisa, la televisora del Ajusco dio un campanazo noticioso.

Televisa esperó a que terminara la telenovela para dar a conocer imágenes lejanas, borrosas, hasta penosas. Ya para entonces había perdido el día: 18% de los televisores del país se pasaron a las imágenes impresionantes de Azteca, que entrevistaba a expertos de primer nivel.

Pero las cosas no tardaron en volver a su nivel y hay dos razones para ello: la primera, Televisa se puso las pilas y ganó en todo lo referente a los desplazados y en el monitoreo posterior; la segunda, Azteca no tardó en mostrar el cobre por dos vías: su excesivo cacareo por haber ganado la exclusiva (¡caramba, medio país se dio cuenta y a la otra mitad se lo contó el vecino!), su irrefrenable tendencia al amarillismo (¿a qué venía, si no, la utilización de la palabra "infierno" como leit-motiv?) y la falta de profesionalismo de algunos conductores (muy capaces de leer notas ajenas como si fueran propias).

Si hacemos una evaluación que rebase la coyuntura, encontramos que se repite una fórmula básica: en la televisión gana el hábito, pero el hábito se gana.

En otras palabras: en lo referente a noticias, la gente tiende a Televisa, porque Azteca no se ha ganado el hábito (estuvo, hace años, a punto de hacerlo y se le fue entre las manos). Una golondrina, como la del día de la erupción del Popo, no hace verano.

El estruendo del Titanic

El día de Navidad, la competencia Televisa-Azteca vivió uno de sus momentos más extraordinarios. Ambas cadenas compraron los derechos de transmisión por televisión abierta de la superproducción Titanic (tan no eran exclusivos que la distribuidora podría teóricamente venderlos a tres empresas más) y ambas decidieron transmitir la película el mismo día a la misma hora y ofrecer regalos al teleauditorio por su fidelidad.

La importancia fundamental del acontecimiento radicaba en que los canales 5 y 7 tendrían la misma emisión, por lo que la repartición del share dependería de la continuidad natural de cada canal; indicaría cuántos televidentes y de qué tipo prefieren "naturalmente" sintonizar el 5 o el 7.

Circunstancias similares ocurren en los informes y cambios de gobierno, el mundial de futbol o algunas competencias olímpicas. Sólo que las ceremonias políticas tienen un público cualitativamente distinto al que normalmente sintoniza la tv, en las transmisiones deportivas hay diferentes comentaristas ­y una proporción de hombres distinta del promedio­, mientras que Titanic concitaba la atención de familias enteras, con amplia participación femenina y una distribución sociodemográfica muy atractiva en términos comerciales.

Contra las expectativas, Azteca soportó bien la competencia de Televisa, que obtuvo más rating, sí, pero con una diferencia casi marginal.

Eso nos habla de un televidente menos guiado por la fuerza de la costumbre y más susceptible a cambiar de sintonía en función de la programación.

Por ende, nos habla bien del posicionamiento de Azteca a lo largo de estos años... y mal de su programación actual.

Encuestas de entrada

Foto: Gregorio Cortés
Un tercer espacio de disputa entre las dos principales televisoras del país es el que libran sus principales noticieros en busca de la interactividad del auditorio a través de encuestas de entrada, en las que el público opina, mediante llamadas a centrales telefónicas, sobre algún tema de coyuntura.

Desgraciadamente, los conductores de estos noticieros tienden a mostrar estas encuestas de entrada como representativas de la opinión de la sociedad mexicana. No lo son. Primero, porque se dirigen sólo a quienes tienen televisión y teléfono; segundo, porque de entre quienes tienen ambos aparatos, sólo los que están viendo el noticiero ­o vieron el corte anterior al mismo­ conocen la pregunta; tercero, porque sólo responden quienes consideran relevante esa pregunta.

Quien no tiene tele, quien no tiene teléfono, quien en ese momento no está viendo Canal 2 o Canal 13, quien no tiene una opinión fuerte sobre el tema, quien tiene flojera de llamar no entra en la encuesta.

Un ejemplo de qué tan lejos pueden estar de la medición de la opinión pública es que a la pregunta: "¿Vio usted la toma de posesión de Vicente Fox?", realizada por Azteca, 81% respondió que sí, cuando el rating fue aproximadamente de la tercera parte. Es un asunto de sentido común: las personas que ven el noticiero están interesadas en la toma de posesión.

Eso sin contar que las preguntas a veces tienden a inducir la respuesta y que el número de llamadas que recibe Azteca parece ciertamente exagerado (hay métodos estadísticos para inflar los números sin perder la proporción, como puede constatarse en algunas páginas de Internet de diarios mexicanos, cuyas respondentes a encuestas de entrada crecen más rápido que la capacidad técnica para subir los datos).

Ahora, lo grave es que no sólo los conductores ­que al cabo son juez y parte­ otorgan credibilidad excesiva a sus encuestas de entrada. También lo hacen algunos líderes de opinión y agentes políticos. No deberían, porque la imagen de la opinión pública que tienen ante sí las más de las veces está distorsionada.

El panóptico, la intimidad, Big Brother

Lo que quería ser un scoop se transformó en un bumerang. La transmisión por parte del noticiero de Canal 40 de escenas captadas por el panóptico en la cárcel de seguridad de Almoloya resultó en un pequeño escándalo y en pérdida de prestigio para ese noticiero. También debe resultar en una reflexión sobre la búsqueda de rating a partir de filtraciones sensacionalistas.

La mayor parte de las escenas, enviadas a ese noticiero por el abogado de dos militares ahí recluidos (Félix Garza), daban cuenta de la vida cotidiana en ese penal: el comedor, las peleas entre internos con la intervención represora de los custodios, escenas del patio. Si querían mostrar una situación inhumana y degradante ­como al parecer era la intención de los abogados que filtraron el material­ el resultado fue poco claro.

Lo que causó el escándalo fue la presentación de escenas en la sala de visita familiar de los presos: un coito y una felación entre un recluso y una mujer que podría ser su esposa, o tal vez no.

¿Qué de noticioso hay en presentar esas escenas, para nada glamorosas y que poco o nada agregan a una nota de dudosa relevancia? ¿Con qué objetivo se difundieron? ¿Por qué no se respetó la intimidad del recluso y su visita? Ya de por sí causa una molestia visceral que aquello haya sido grabado en el panóptico como para que además pase, a través de la tv, por la mirada de cientos de miles de personas.

Tan fue así que el escándalo no es por la situación del penal, o por la existencia del panóptico (lo que busca es la seguridad interna) sino por su difusión. Hubo una filtración de parte de las autoridades, que entregaron material confidencial de uso interno a la exhibición pública. Este material se grabó en una sala que no tiene ninguna relación con la seguridad del penal, no fue borrado automáticamente; en su difusión no se cuidó el anonimato en una transmisión totalmente falta de sensibilidad.

Vale recordar que ese tipo de filtraciones son un mal en sí y que sólo si son portadores de una gran noticia merece la pena el análisis sobre su posible difusión.

El de los videos de Almoloya no fue el caso. A la hora de la verdad, a los ciudadanos no nos gusta jugar al Big Brother. Y menos con gente que ha perdido su libertad.

Vivir sin Fox

Mal empezó el año para los suscriptores de Cablevisión. En vez de los canales de la cadena Fox se encontraron con el Weather Channel, el History Channel y, sólo para rellenar, con la versión retrasada por dos horas de Canal 5.

La pérdida neta es evidente. Salvo el canal de historia ­que en realidad es bueno sólo para los obsesionados con la Segunda Guerra Mundial­, los otros no ofrecen nada (el del clima es verdaderamente alucinante). A cambio, se pierden Fox Sports, con sus partidos de beisbol, futbol americano, tenis y fut internacional; Fox Network, con Ally McBeal, capítulos nuevos de Los Simpson, Futurama y Dharma & Greg, entre otros, y Fox Kids. Es inflacionario: por el mismo precio, Cablevisión da menos servicio.

La mayor parte de los suscriptores se enteraron del cambio al encender sus televisores ­tal vez buscando el Desfile de las Rosas­; otros, leyendo el comunicado de Fox, que estaba extrañada por la suspensión y afirmaba que no había
solicitado aumento en sus tarifas durante la negociación con Cablevisión; los más afortunados, con una carta del cablero en la que anuncia que esos canales de Fox pasan al sistema Sky e invita a hacer la inversión en ese sistema de televisión restringida.

Y para seguir tentando al televidente, Televisa pospuso el debut de Iván Zamorano en el América para que fuera transmitida en vivo sólo por Sky. El resultado, negocio redondo: más suscriptores y un estadio lleno, a pesar de los voraces revendedores (que también suelen mocharse).

Es otra vuelta a la tuerca: en la medida en que se populariza la tv restringida, aumenta su segmentación. Para el televidente es como el mito de Sísifo: nunca lograrás subir la piedra

Francisco Báez Rodríguez es periodista.
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