Antulio Sánchez
Después de verse en medio de tempestades y sufrir una cacería agobiante, Napster tuvo que cerrar en junio
de 2001, pero incluso en situación de agonía dio de que hablar. Ahora parece que sale de terapia intensiva, se
apresta a retornar con un rostro totalmente maquillado, pues para obtener música habrá que pagar. La nueva faceta
de Napster (www.napster.com) es para los grandes sellos de la industria musical un éxito, porque consideran
que metieron en cintura a un sitio que vulneraba sus intereses.
A fines del presente año será lanzado de nuevo el engendro que causó crisis e histeria entre los grandes
sellos discográficos. Para esa nueva etapa de Napster se tiene pensado poner en marcha un servicio completamente
legal que ofrezca canciones a través de una cuota mensual. Su oferta estará cercana a lo 500 mil archivos de música
que procederán de los cinco grandes sellos discográficos y algunas compañías independientes.
Como se recordará, Napster fue adquirida por la empresa Roxio en noviembre de 2002 por un monto de
cinco millones de dólares. Roxio es una empresa dedicada a la producción de software para música y desde tiempo
atrás ha demostrado su interés por el negocio musical en línea al comprarle en mayo pasado a Sony el sitio
PressPlay (www.pressplay.com). De esa manera logró hacerse no sólo de la tecnología aplicada en dicho sitio, sino
también garantiza buena parte del catálogo de Sony Music para su renovado servicio de Napster.
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Shawn Fanning, creador de Napster Foto: Time |
Pero Napster no la tiene fácil, sobre todo porque se enfrenta a una fuerte competencia. Uno de los aspectos
más críticos será conseguir clientes y, sobre todo, convencerlos de que sufraguen una cantidad para acceder a la
música, sobre todo porque hasta el día de hoy ningún servicio de paga ha sido capaz de hacerle sombra a las redes
de intercambio P2P gratuitas. Los ejemplos de los fracasos sobran, dos botones destacados son el referido
PressPlay y Musicmatch (www.musicmatch.com). Un caso aparte ha sido el exitoso servicio de Apple, iTunes
(www.apple.com/itunes/), aunque dicho servicio se cocina aparte, porque no se puede disociar de la actitud de los usuarios de
Mac que apoyan religiosamente todo lo que tenga que ver con su plataforma.
Fracaso en ciernes
La solución para que los sitios de intercambio de paga tengan éxito es lograr que los usuarios no acudan a
los sitios gratuitos. Una cuestión difícil, la misma RIAA (Recording Industry Association of America) tiene
problemas para impedir que sólo en EU 60 millones de usuarios que intercambian música ilegal por Internet cambien de
actitud. Incluso los alegatos judiciales involucran a universidades para que dejen de solapar a sus alumnos que
intercambian música. Este proceso ha conducido a que la industria musical incremente sus enemigos.
Ahora hasta los PSI (Proveedores de Servicio de Internet) han decidido interponer demandas contra la RIAA.
Un ejemplo es la estadounidense Pacific Bell Internet Services, dependiente de SBC Communications, quien
asegura que la industria musical, en su afán de disuadir a los usuarios de no intercambiar música protegida por los
derechos de autor, viola la privacidad de sus clientes, por lo cual reclama su derecho a no proporcionar a la industria
musical los datos de sus clientes considerados piratas.
La actitud de la industria musical tampoco da para asumir posturas entusiastas de que el intercambio de
música gratuita es propio del espíritu de Internet. Desde el lado sociológico no se puede soslayar que los servicios
inaugurados con Napster han favorecido el crecimiento de redes, han hecho posible que actores diversos y dispersos
se comuniquen entre sí y estimularan nuevos fenómenos como el
moob que a través de redes o cadenas de
correos electrónicos concluye en espontáneas acciones colectivas.
Lo que no se puede negar es que desde la aparición de Napster la música ha cambiado, incluso la historia
musical le reservará un lugar destacado por influir en los cambios que se han dado en dicho terreno, que
seguramente desembocarán en la muerte del cd como soporte para reproducir la música.