Limita la imaginación
Antulio Sánchez
En unos cuantos años el encanto rodó por los suelos. En 1995 cuando Internet apenas empezaba a ser un suceso
global se habló de una red donde sobresalían la
emoción y el altruismo. Pero ese carácter, hasta cierto punto exacerbado
por una fiebre idealista, ha concluido en una red comercial donde destaca su tesitura pragmática producto de la
influencia de las grandes empresas.
También hemos entrado a una etapa de imitación de lo hecho en Estados Unidos, importando no sólo sus
esquemas e ideas sobre el ciberespacio, sino sucumbiendo frente a su poderosa influencia, ante el concepto de una red
económica y políticamente correcta donde, por supuesto, lo que define
tal cuestión es ser el corazón de una nueva economía,
aunque esto vulnere derechos elementales como la intimidad de los usuarios.
En Internet hay una desmedida fiebre de comercialización y de culto por los negocios. Esta tendencia
comercial amenaza al uso de la tecnología que cuando surgió en su versión civil se le depositaron demasiadas expectativas.
Bajo tal contexto se divulgó la idea de que la red era la nueva fábrica de talentos
millonarios, por lo cual muchos ingenuos dieron, y dan, paso a sitios o páginas con la ilusión de hacer de las mismas un negocio próspero. Sin embargo, esto
que tuvo algo de verdad en el pasado, hoy sólo es parte de la historia de la red.
Modelo estadounidense
Para nadie es un secreto que se ha incorporado en el imaginario de los usuarios la idea de que las prácticas y los
esquemas imperantes en dicha nación son las mejores. Por eso, términos como portal, "vortal" o los esquemas de negocios en
línea más sui géneris que se dan en Estados Unidos tienen sus respectivos émulos en nuestro entorno.
Por un momento se pensó que desde aquí se podría abrir camino a una Internet latina que aportara un rostro fresco
y una mirada con mayor sentido social, pero pronto nos percatamos que Internet era camino para que las empresas
y grupos económicos la usaran como un medio más de comunicación, una vía adecuada para obtener dinero.
Nosotros también imitamos eso, pero como toda copia fue mala: el segundo semestre de 2000 marcó la defunción de
varias empresas.
Esta comercialización impide la presencia de procesos reales de innovación en la exploración de los contenidos en
la red. Hasta ahora carecemos de una interactiva interfase de navegación. En los últimos tiempos lo más interesante en
el campo de la exploración de la navegación ha provenido de la empresa Macromedia, la única que ha puesto en
marcha un estándar de ambientación que, independientemente de los problemas que genera en estas latitudes por el
escaso ancho de banda, es lo más destacado que se ha hecho.
Imaginación mutilada
La excesiva comercialización en la red impide que la imaginación se extienda. Después de la invención del primer
browser o navegador Mozaic no hemos tenido un nuevo y ágil medio de exploración. Netscape, Opera, Explorer, Bravo o
Biyuyi (de manufactura mexicana) están cortados con el mismo criterio. A ninguna empresa se le ha ocurrido que esas
interfases actuales de navegación no explotan la interactividad, que en los monitores usados por la mayoría de usuarios, que es
de 15 centímetros (pero en realidad reducidos en los hechos a 13), nunca se puede dar una verdadera interacción.
Intimidad acotada
El proceso de comercialización que vive la red ha puesto en entredicho la intimidad, que se ha vuelto una mercancía
más. Las empresas usan varios mecanismos para vulnerar la intimidad, en ocasiones, obtienen las
direcciones de los usuarios a través de otras empresas que se los venden, también usan sutiles mecanismos que se presentan como servicios
altruistas o a través de dudosos regalos. En otras, la intimidad es vulnerada por los denominados ataques masivos, conocidos
como spam (correo basura).
Está en predicamento la intimidad. Este es el caso de programas ofrecidos por algunas empresas para,
supuestamente, ayudar a los usuarios a corroborar el envío de algún mensaje, lo cual en realidad favorece la intromisión de las empresas en el espacio privado de los usuarios. El programa "confirm to", creado por la empresa coreana Postel Systems,
ofrece al usuario la oportunidad de saber si se abren o no los mensajes que envía. Si bien esto pudiera
tener alguna utilidad, quienes harán mayor uso del programa serán las empresas. Esta invasión, por supuesto, puede ser controlada por
los usuarios, hay programas eficaces para impedir la violación de la intimidad, pero la mayoría no los usa, no hay una
cultura de la prevención a la violación de la intimidad digital.
Spam, un peligro claro
Desde hace varios años, el
spam ha sido motivo de preocupación, pero ahora ha alcanzado niveles escandalosos.
Los envíos de mensajes que respaldan actividades comerciales de beneficio dudoso suelen repercutir en la dinámica
diaria de muchas personas que hacen de su
computadora una herramienta de trabajo. Lo peor del
spam es que puede hacer perder al usuario
no sólo parte de su tiempo sino que lesiona su derecho al libre albedrío. En el mundo real
recibimos cualquier panfleto publicitario y de inmediato lo podemos tirar en un cesto, pero en el
ciberespacio no: la víctima de un spammer
repercute en gastos (aunque sólo sean telefónicos) para deshacerse del correo basura de su buzón.
Las técnicas que usan los
spammers les permiten explorar, a través de eficaces robots, todos los grupos de noticias
y las listas de correo para extraer de las cabeceras las direcciones de correo electrónico que ingresan automáticamente
en su base de datos. Ciertamente uno puede prevenirse evitando llenar formularios para solicitar información de
productos o descargar una versión beta de un programa o, también,
usar programas que le permitan encriptar sus mensajes.
Los procesos de comercialización en la red no deben ser una patente de corso para que cualquier empresa
decidavulnerar la intimidad de los usuarios de la red. La protección está en que el poder público establezca la creación de marcos
legales de protección al usuario. Esto es algo que nuestro medio ya está garantizando desde agosto del año pasado con
la readecuación de varios códigos, pero en la práctica aún sigue siendo ley muerta.