Antulio Sánchez
Procesos aún imperfectos
No se descubre el hilo negro cuando se menciona que las cuestiones electrónicas conducen a nuevos
procesos económicos, que además gestan diferentes formas de participación en lo público. En este sentido, uno de los
aspectos destacados son los procesos de automatización de las elecciones. En fechas recientes se llevaron a cabo en
Brasil elecciones municipales, las cuales se efectuaron de forma electrónica y automatizada.
La sistematización de los procesos electorales en la capital de la samba no datan de este año, se remiten a 1995
cuando se decidió que al año siguiente se usaran urnas electrónicas en 50 ciudades de Brasil. En 1998 la modalidad del
voto electrónico se extendió a 520 ciudades. En el año que corre se puso en marcha el voto electrónico total: desde
la identificación de todos los electores, hasta la publicación del resultado final se efectúa por medio de
computadoras. Todas las ciudades y localidades de Brasil (cinco mil 600 ciudades) fueron alcanzadas por el voto electrónico y
sufragaron más de 170 millones de ciudadanos. Pero decir voto electrónico no significa que se sufraga por Internet, aunque la
red ocupa un lugar preponderante en la circulación de los resultados, en su difusión. Los objetivos que buscan
las autoridades brasileñas van más allá de la modernización y de estar a la vanguardia en los asuntos de la política formal.
Datos de la elección
En teoría se quiere evitar el fraude electoral y facilitar el voto a los analfabetos (20% de la población brasileña).
En esta elección en Brasil se han disputado el electorado 30 partidos, con cerca de medio millón de candidatos. Para
votar los ciudadanos han debido hacerlo en una especie de cajero automático o una computadora portátil, donde tenían
frente al monitor a los candidatos, para sufragar por alguno de ellos debían oprimir un botón: verde para confirmar, rojo
para corregir o blanco para anular. Alrededor de 1% de las urnas tuvieron problemas, en algunos casos fueron
reemplazadas al inicio de las votaciones, en otros se debió acudir al voto manual.
La ventaja del sistema electrónico es la simplicidad y la ganancia en tiempo. Al cierre de las urnas, de la
jornada electoral, los responsables de las casillas y en presencia de los representantes de los partidos introdujeron una
clave que bloqueó la urna y dio paso a varios juegos o copias de los resultados, los cuales se canalizaron a las
autoridades electorales, a los representantes de los partidos, etcétera. La urna expulsó un disquete que fue llevado de inmediato
a una oficina que los agrupó, junto con las computadoras, por regiones.
Los votos recibidos en las urnas fueron contabilizados en 21 centros que enseguida enviaron sus resultados, vía
una intranet y de forma criptada, a la computadora central del Ministerio de Justicia de Sao Paulo. De aquí se
retransmitieron por Internet a Brasilia, al sitio Web del Tribunal Superior Electoral (TSE: www.tse.gov.br) y al sitio oficial de las
elecciones (www.eleicoes2000.gov.br), donde de inmediato quedaron a disposición del público. En Brasil esto ha sido
fundamental, porque en el pasado se necesitaba una semana para conocer los resultados: el 29 de octubre las urnas se cerraron a
las 17 horas; los resultados preliminares se dieron a las 20:00 horas, los resultados definitivos se hicieron públicos a las
22:00 horas. Aunque este proceso no ha estado ausente de cuestionamientos.
Durante esta jornada electoral brasileña, y con el fin de conocer de "viva voz" los puntos de vista de uno de
los protagonistas de este suceso, establecimos contacto vía correo electrónico con Amilcar Brunazo
Filho (amilcar@brunazo.eng.br). Amilcar es un gran animador de la ciberpolítica brasileña y experto en programación,
que tiene uno de los mejores sites informativos de este proceso electoral y el voto electrónico en general, el Foro de
voto electrónico (www.votoseguro.org). El reconoce el gran avance que significan las elecciones electrónicas en su país,
pero indica: "Tenemos un gran problema: nuestros órganos gubernamentales que hacen las elecciones (el TSE) tienen
poderes legislativos, ejecutivos y judiciales durante las elecciones, lo que termina por conducir a abusos de poder. De esta
manera, los partidos no pueden, en la práctica, auditar y verificar el proceso electoral. Los programas de las urnas no son
mostrados para el análisis y conocimiento de los partidos. Una parte de los programas de las urnas y del sistema de conteo de
los votos, que son efectuados por el CEPESC (una especie de NSA brasileño), ligada a la ABIN (equivalente brasileño a la
CIA) y el Poder Ejecutivo federal, y los partidos no pueden verificar el contenido de los discos que son usados para
llenarse con los programas en la urnas electrónicas". Pero el problema no está sólo en eso, como dice Amilcar, "tampoco
existe una forma práctica de hacer un cotejo o efectuar un recuento de votos de una urna electrónica que sea sospechosa.
No hay voto impreso o escrito que permita cotejar el resultado publicado por la urna. Este es un abuso de poder que
este sistema electrónico de votación impone sobre los brasileños. No podemos corroborar si nuestro voto fue dado a
nuestro candidato. En síntesis: no sabemos por quién votamos".
Desde antes de que se diera el proceso electoral se presentaron impugnaciones de algunos partidos como el PDT,
del socialista Leonel Brizola, quien pidió al TSE que los programas que se iban a usar en las urnas fueran
previamente revisados, pero no prosperó la petición. Además, los problemas electorales se nutren de un contexto donde los
ánimos están bastante caldeados entre la población, pues en Brasil el voto es obligatorio y en algunos casos para
conseguir trabajo es necesario presentar el certificado o comprobante de votación.
Ejemplos de votaciones electrónicas
Son pocos los países en el mundo que han puesto en marcha ese tipo de votación; la mayoría de ellos europeos.
En nuestro continente lleva la delantera Estados Unidos, por eso es de destacar, a pesar de sus cuestionamientos,
los esfuerzos del proceso electoral electrónico en Brasil.
El uso de las computadoras en los procesos electorales se remite a 1964, cuando cinco estados de EU hicieron uso
de ellas para sufragar. Su presencia en esa nación ha ido en aumento, en 1992 dos tercios de los estadounidenses usaron sistemas computarizados para emitir sus votos (incluyendo métodos mecánicos en la emisión de voto
tarjetas perforadas, pero que son tabulados electrónicamente).
En las elecciones del pasado 7 de noviembre en Estados Unidos se ha calculado que 70% de los
ciudadanos sufragaron por vía electrónica. Siguiendo la historia de las elecciones electrónicas se aprecian problemas,
algunos evidenciados en la votación brasileña, pero que en realidad el catálogo es mayor.
Hay una serie de argucias técnicas que provienen de programas difíciles de usar; de la poca confianza de los
actores y el electorado; la falta de control administrativo; la confianza que se deposita en los expertos que supervisan
los procesos, en lugar de que lo hagan los representantes o autoridad electorales; una programación con fines
destructivos del sistema o la presencia de una bomba lógica o bug para acabar con el mismo sistema, la falta de mecanismos
de transparencia, etcétera.
El ejemplo de que esto no es descabellado es remitirse a Estados Unidos donde ha habido casos destacables: en
1968 en el condado de Missoula, Montana, debido a un error de programación en algunas circunscripciones, los
votos emitidos para Nixon se contaron para Humphrey. En 1970 en Los Angeles, California, las tarjetas de votación
atascaron la máquina, hubo que duplicarlas perforándolas con lápices; la computadora central se cayó seis veces y se
descubrió posteriormente que 500 circunscripciones no se habían considerado.
Sin embargo, es probable que estas experiencias electrónicas terminen en desembocar en el uso de Internet
en cuestiones electorales. Ejemplos como el del Partido Liberal Colombiano que efectuó hace poco un ensayo de lo que
sería una votación por Internet con cerca de tres mil personas o el llevado a cabo en Estados Unidos el 7 de noviembre en
el condado de Contra Costa, California, son el preludio de que la red de redes también se encamina a ser usada en
los procesos electorales.
Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones.
Correo electrónico:
antulio@mailcity.com