Carlos González / Armand Mattelart
"No soy intelectual, sólo soy un investigador", afirma Armand Mattelart. El comentario choca, sobre todo
si pensamos en su más de una decena de libros centrales sobre la comunicación, aun así él lo niega. No hay
tiempo para discutirlo pues los minutos apremian y el académico francés tiene una agenda apretada. México, Brasil
y Francia, todo en menos de una semana, eso justifica su atuendo: camisa y pantalón holgado, ambos color caqui
y llenos de bolsas, varias de ellas apunto de escupir quién sabe qué notas. Mattelart se apasiona cuando habla
de comunicación, parece tener una reflexión preparada para cualquier pregunta y no se detiene salvo para escuchar
y beber un poco de agua.
En sus últimos libros ha reflexionado sobre las industrias culturales, sin embargo y pese a que los medios
entran en esta categoría parecen cada vez más desvinculados del término "cultura"
Es verdad. Hay que recordar que en principio los medios estaban pensados para educar, informar y divertir.
Es indudable que esto último es lo que ha tomado mayor relevancia, incluso en países donde hay medios públicos.
Las lógicas de audiencia van por ese lado, aun cuando se ha tratado de contrarrestar.
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La realidad es que hay una gran crisis de servicio público. Es interesante lo que señala porque quienes
están reaccionando ante esto, son las radios educativas y comunitarias. Ellos son los que realmente están pugnando
por cumplir con ese ideal que debería ser del servicio público. A partir de principios de los 90, se busca la
homogeneización de la sociedad de la información y esto es significativo. Pero a estas alturas lo que se plantea es la reivindicación
del estatuto del sistema de comunicación. Hay propuestas ciudadanas que intentan reconciliar la cuestión de la cultura
y el divertimento. Esta reivindicación es importante, porque estamos en un momento donde la explosión de la
tecnología nos ofrece un arsenal impresionante de transmisiones. Y la cuestión de la cultura se puede llevar a todos los
niveles porque es la médula de lo que nos presentan como la sociedad del conocimiento y de lo inmaterial.
Ahora que habla de la homogeneidad, cada vez se plantean más conocimientos de tipo canónicos, por ejemplo
los trabajos de Harold Bloom y las colecciones del tipo,
Todo lo que hay que saber, ¿qué tan válido es esto?,
finalmente lo que se hace es imponer una visión.
Aquí hay un problema central. Es algo clave para las nuevas generaciones. Mi libro
Historia de las teorías de la
comunicación está traducido en casi 20 lenguas. ¿Por qué está traducido?, hice una encuesta sobre porqué
compran los derechos. Varia gente me comentó que no necesariamente estaba de acuerdo con el libro, pero finalmente
plantea una cartografía donde se pueden ubicar las apuestas subyacentes a la manera de cómo el funcionalismo,
el estructuralismo y los estudios culturales planteaban sus hipótesis y metodologías. Tomando esto como ejemplo,
creo que lo que falta hoy en la entrega del conocimiento es precisamente esta cartografía genealógica. Un
estudiante interioriza el saber a condición de poder identificar porque si no todo se asemeja, de tal manera que no creo que
se trate de imponer una visión pero sí de ubicar. Claro que uno debe elegir lo que quiere leer o saber, pero para
elegir hay que conocer desde dónde el saber está emitido.
Actualmente existe una gran avalancha informativa. Basta navegar por Internet para tener acceso a gran
cantidad de información. ¿Los medios se han perdido ante este fenómeno?
En los años 90 hubo un mito. Se decía que Internet difundía tanto saber, que se podría construir de inmediato
una tesis. Para mí, ése es un falso acercamiento. Hay que saber qué tipo de pregunta hacer a Internet, si no todo queda
en cortar y pegar. La experiencia que tengo como profesor es catastrófica, cada vez tengo más tesinas que son
pegotes. Creo que esto implica hacer una reflexión no solamente ciudadana para que la tecnología rinda el servicio crítico
que debe dar.
No son pocos los intelectuales que no terminan de aceptar a Internet.
En lo personal creo es una herramienta magnífica, pero para aprovecharla mejor hay que tener construidos
esquemas porque si no es dificilísimo de trabajar. Yo sigo trabajando mucho con bibliotecas, me funciona más un libro
de Daniel Bell que la red. El trabajo intelectual es lento, de construcción y muchas veces cuando te enfrentas a
la avalancha de Internet se piensa que se ha descubierto la cantera y no es así.
¿Qué tan culpable es la sociedad del tipo de medios que tiene?
Eso es algo sobre lo que he reflexionado desde hace 25 años. Sé que en México buena parte de la población
se inquieta por la existencia de un duopolio. Digamos que los medios representan a un cierto tipo de
institucionalidad. El duopolio correspondía a un sistema de partido único, sé que hay gente que no está de acuerdo pero es lo que
yo creo. Esto es lo que define el poder porque el medio en sí no es un poder, tiene poder porque está en medio de
una imbricación de unas estructuras de poder.
Pero su relevancia ha superado incluso a la política...
Tiene razón, en ciertos países y sin generalizar, ya se debe hablar de los medios no como quinto poder, sino
como de primer poder.
Y eso perjudica no sólo el debate político sino también la noción de cultura...
Claro, ésa es la reflexión que ha vuelto sobre la mercantilización de la cultura. En todas partes del mundo,
con modalidades distintas, muchos sectores sobre todo educativos se cuestionan la existencia de los
reality shows y la humillación de la gente. Habría que releer los libros de Adorno, no sobre la industria cultural pero sí aquellos
que hablan de la personalidad y la sociedad autoritarias.
Cada vez se relacionan menos los medios con la cultura; y ése es un problema educativo porque ¿dónde vamos
a encontrar nuevas formas de producción de medios? Eso merece una reflexión respecto del papel de la educación,
de lo contrario ¿dónde está la sociedad de conocimiento que anhelamos todos? Me parece que los debates
internacionales que tenemos en la Unión Internacional de Comunicación de la Unesco escabullen con facilidad el tema de la
educación. Lo más necesario en la actualidad son estudios generales sobre la educación. Hace falta reflexionar sobre
nuevos tipos de saber.
Esto quedaría para la televisión pública, pero ¿qué pasa con la privada?
Esto es algo clave. No se puede pensar una parte del sistema de comunicación sin pensarlo en su totalidad.
Se requiere de una reivindicación de los objetivos por parte de todos aquellos que militan en los medios. Quizá
podríamos hablar de un tercer sector que perteneciera a lo comunitario, a lo alternativo y a la sociedad civil organizada.
Hay que repensar el significado de lo público y lo comercial. Es totalmente anormal que las televisiones privadas
que utilizan un bien público común como es el espectro electromagnético, no rindan cuentas de la utilización de
estos bienes. Los medios carecen de esa función que llamaban los funcionalistas, transmisión de valores.
Se mercantiliza demasiado y existe poca responsabilidad...
Hay que instalar esa noción de responsabilidad sobre una regulación pública. Pero para ello no basta la
sociedad civil, el Estado también tiene que cumplir su parte. Sin embargo la novedad es que la sociedad civil organizada,
por lo menos los sectores que tienen conciencia, porque tampoco hay que exagerar sobre la toma de conciencia y
las acciones, me parece que están cada vez más presentes en la formulación de propuestas.
Regresemos al tema del duopolio. Decía que cuando existía el sistema de partido único se podía entender
el duopolio. Pero ahora ya no hay un partido único y sigue el duopolio, ¿qué me dice?
(Risas) Es el único país de partido único mediático. El caso de México es preocupante porque no es solamente lo económico. El duopolio tiene que ver con intereses políticos.
En este sentido, estaríamos hablando de una diferencia abismal con las sociedades europeas porque en México
o incluso en Latinoamérica, la sociedad no está tan organizada.
Tiene razón y aquí volvemos al problema de que si las sociedades tienen los medios que se merecen. Si en
Francia hay presión para que cambien ciertas cosas, es porque la sociedad se ha organizado. En Francia se ha podido
fundar un Observatorio Nacional de los Medios porque hay un contexto donde el movimiento social interviene sobre
todos los campos donde el neoliberalismo trata de imponer sus planos. No vamos a salir de estos sistemas de
comunicación antidemocráticos sin una toma de conciencia ciudadana y está claro que ésta cambia de país a país. No se
puede pensar la reforma del sistema de comunicación sin la ciudadanía.
¿En México qué tendría que pasar para dar ese salto?
Me sorprende porque hay una reflexión muy fuerte, pero no sé por qué no fluye hacia fuentes de difusión
que permitan alcanzar a toda la población. La enormidad de la tarea desanima a muchos, pero estamos en momento donde los propios padres se empiezan a preocupar sobre la cuestión de los medios y de la educación de sus hijos.
Ahí ya tenemos intereses cotidianos que habrán de desencadenar una toma de conciencia. El gran problema es
cómo hacer emerger el tema de los medios y la cultura como un elemento de la esfera pública.
En este fluir, ¿no existe una brecha entre el análisis y la sociedad? Pareciera que los intelectuales están en
un nivel lejano a la sociedad civil, pienso en el caso de Estados Unidos
Pone el ejemplo extremo, pero hay algo de verdad. La realidad es que sí existe una zanja, pero la sociedad
empieza a pedir cuentas a los intelectuales que se quedan en su torre de marfil. La sociedad necesita un tipo de saber que
no sea vertical, no sólo producido por los intelectuales. En las universidades ya se plantean alianzas con empresas,
o con la misma sociedad, hoy día se tienen que vincular con otras categorías.
Los intelectuales se han quedado rezagados
Sí, el neoliberalismo ha tenido efectos en los intelectuales. Los años 80 y 90 marcan la conversión de
varios intelectuales a un postmodernismo neoliberal.
¿Por eso genera tanta expectación alguien como Michael Moore?
Él es fundamental, no estoy de acuerdo con su cine pero sí con su manera de proceder, pero sin duda llena
un hueco entre los intelectuales y la población común y corriente.
Aunque es muy propagandístico
Es eso, cuando hice una película sobre los tres años de la Unidad Popular en Chile rechacé irme por ese lado.
Pero puedo entender que el sistema de Michael Moore puede servir en Estados Unidos más que en alguna otra parte.