Antulio Sánchez
La escritora Cristina Peri Rossi, dice que sus amigos de su natal Uruguay no leen a Isabel Allende porque
el primer libro de García Márquez se editó en Montevideo, y
Cien años de soledad, en Buenos Aires. Es una
sutil manera de indicar que la obra de la chilena es una copia de la del colombiano.
Pero el plagio no es sólo falta de originalidad, o reflejo de pereza mental e incapacidad de conformar un
estilo propio. El plagio no sólo es una retórica o una falsa acción creativa, tiene que ver con aspectos éticos. En
el periodismo es recurrente la apropiación de contenidos sin otorgar los correspondientes créditos. Se engaña a
los lectores y se violan los derechos de autor.
En el caso del plagio en Internet destacamos dos vertientes: la escolar y la periodística y hablamos de la
técnica de intertextualidad que se masificó en los 90 con el lenguaje HTML y la exploración de contenidos basada en
el hipertexto que permite insertar en un documento partes de otro.
Alumnos de todos los niveles acuden a esa práctica que se ha vuelto popular gracias a la existencia de
sitios con diversidad de materiales educativos, algunos incluso viven de ello y como gancho ofrecen gratis una
parte de los mismos. Son una inmensa reserva para el plagio porque tienen tareas, resúmenes, monografías,
ensayos, comentarios de libros, etcétera. Imposible saber cuántos sitios de esos hay, incluso no sabemos si hay un
estudio al respecto, pero algunos ejemplos en nuestra lengua son: Rincón del Vago (www.rincondelvago.com),
Monografías (www.monografias.com), Escolares (escolares.net); Vago city (www.vagocity.com) o el desaparecido sitio
nacional El flojo (www.elflojo.com).
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En algunos países esto es una práctica habitual. En Estados Unidos desde hace tiempo las escuelas la
combaten, aunque no siempre de manera eficaz. En la red hay sitios como (www.plagiarism.org), que ofrecen
distintos recursos a los profesores para detectar la originalidad de un texto; el sitio permite comparar los trabajos de
los alumnos con los que descansan en una amplia base de datos de varias universidades, las cuales
incorporan paulatinamente los mejores trabajos escolares. La empresa estadounidense Turnitin (www.turnitin.com) se
propone solucionar esto con un programa que detecta si los trabajos entregados por los alumnos fueron obtenidos a través de Internet.
El periodismo no se escapa
El plagio es una terrible plaga en el periodismo. El problema se incrementó desde la década pasada con la
fiebre de los negocios punto com que elevó a rango de ley la idea de que un sitio o portal debía ser un robusto
generador de contenidos, lo cual llevó a que los sitios tomaran sin misericordia algunos textos completos de otros sitios,
sin citar la fuente. Una situación de la cual tampoco ha escapado
etcétera. El sitio de Radio Notas publicó un
artículo (www.radionotas.com/Newdev/htmlfiles/news02/oct_02/21_ratings_df.htm) de Fernando Mejía
Barquera, "Ratings a la medida" de octubre de 2002 (www.etcetera.com.mx/pag24ne24.asp) sin ofrecer el enlace
correspondiente al sitio de etcétera y sin dar crédito tanto a la revista como al autor.
Esas prácticas se alimentan por ideas románticas y neohippies de ciertos grupos como Critical Art
Ensemble (serbal.-pntic.-mec.es/~cmu-noz11/plagio.html), que parten de una concepción postmoderna para proponer
que el plagio es una manera más de desarrollar la creatividad. La postura se nutre de la idea de que todo lo que
está en Internet es de todos o que ninguna idea o pensamiento nace por sí mismo, y que por ende debe ser
socializado sin obligación de indicar la fuente.
En esta época de reproductibilidad digital infinita, que seguramente hubiera vuelto loco a Walter Benjamin,
vale la pena reflexionar sobre la horizontalidad y flexibilidad en el campo de la edición con las nuevas tecnologías,
para saber si muchos de los contenidos de la red robustecen realmente la oferta editorial o si son una expresión de
que el refrito y el hurto galopan por la red y de que tales prácticas son un malestar cultural de los tiempos que corren.