Antulio Sánchez
Entre una buena cuota de internautas se ha impuesto la idea de que la red conforma un servicio
descentralizado, carente de un corazón que organice el tráfico en la misma.
A eso se agrega la concepción de que su diseño, nacido bajo el amparo de las fuerzas militares de EU,
garantiza de entrada que es apta para soportar cualquier embate o ataque, e incluso con capacidad de sortear
situaciones excepcionales de agresión con bombas y afines.
La red es un camino con muchas vías, pero también con accesos privilegiados que permiten que la
información llegue a su sitio. Sin embargo, a pesar de los amplios e intangibles canales que existen en la red para hacer
circular contenidos, en realidad sólo cuenta con 13 grandes avenidas, únicos cimientos que sostienen todo el andamiaje
del ciberespacio y básicos para que transite toda la información.
Esos pilares son mejor conocidos como servidores raíz de nombres de dominio (DNS Root Servers),
verdaderos sustentos existenciales de la red y columna vertebral del ciberespacio. Esas columnas son los engranajes vitales
que conforman Internet, su papel no es visible pero son el verdadero sistema nervioso de la misma. Si tales pilares
son afectados, servidores, sitios, entidades y usuarios conectados a la red, quedarían inmediatamente sin
posibilidades de conexión.
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Foto: Claudia Hernández Ramírez |
La responsabilidad última del funcionamiento de la red recae en el ICANN (Internet Corporation Aut) y entre
las varias funciones que desempeña está la de supervisar el buen funcionamiento de dichos servidores (Root
Nameserver System), así como el protocolo DNS y el archivo root zone file. Esas 13 máquinas son las encargadas de
traducir los nombres de dominio a direcciones IP, es decir convertir en sitios legibles para los humanos a números
de identificación entre máquinas. Todas las computadoras conectadas a la red usan dichos números para
transmitir datos. Cada vez que un internauta introduce una dirección de una página en su programa de navegación o
envía un mensaje de correo, emplea un servidor DNS (de su proveedor de acceso) para traducir las direcciones
humanas a sus números correspondientes en DNS. Todos los servidores DNS de la red dependen de los servidores raíz y
el resto del sistema para realizar su trabajo.
Por su parte, el archivo root zone file es la matriz de directorios, incluye la información sobre los nombres
de dominio de primer nivel (los TLD, .com, .org ...) y los regionales (.mx, .es, .br...). Esos servidores proporcionan
acceso a ese archivo para que todas las operaciones DNS se efectúen correctamente. Su carácter de imprescindible va
más allá de navegar o enviar correos, también es útil para registrar un dominio. Es necesario que al menos operen
dos servidores DNS para que funcione la red.
El problema no es la descentralización ficticia de Internet, sino lo vulnerable que resulta que diez de esos
servidores estén en EU y los otros en Estocolmo, Londres y Tokio. Ejemplo de esa fragilidad se vio el 21 de octubre de
2002 cuando se intentó inutilizar cinco de los 13 servidores raíz de Internet mediante ataques de denegación de
servicio (DoS). Las incesantes peticiones de datos a dichos servidores provocaron que el tráfico de varios proveedores
de Internet se volviera muy lento. A esto se agrega que semanalmente se presentan cuatro mil ataques en
promedio contra alguno de esos servidores.
Esa situación ha llevado a que una de las empresas que administra parte de esos pilares, VeriSign, trasladara
uno de esos 13 servidores a un lugar secreto. Al mismo tiempo se ha visto la necesidad de avanzar en la
descentralización de Internet, de suerte que próximamente se le unirá un servidor más que estará en España.
Internet se ha vuelto un espacio apetecible para el sabotaje y los ataques, la única manera de garantizar su
buen funcionamiento es a través de un proceso eficaz de descentralización; es decir, que en todo el planeta se
ramifiquen servidores raíz que permitan hacerlos más robustos y, al mismo tiempo, eviten los congestionamientos que
padece la red.