Su rescate en las facultades de Comunicación Social
Jose Marques de Melo
La madurez de un área profesional se comprueba, generalmente, a través de la capacidad demostrada por las
corporaciones del oficio que sistematizan el conocimiento acumulado por sus practicantes.
Se trata de un patrimonio colectivo que los supervisores de equipo transmiten a sus subordinados y éstos
reproducen al instruir verbalmente a los jóvenes aprendices o practicantes. Cuando las rutinas de trabajo están sedimentadas en
un segmento ocupacional, habitualmente se escriben manuales que facilitan el proceso de capacitación de los
nuevos funcionarios. Tales volúmenes estimulan el autoaprendizaje, adjudicándose el papel educativo antes ocupado por
los maestros de oficio en las corporaciones medievales.
Legitimación profesional
 |
Foto: El País Semanal |
El consenso que llega a existir sobre el ejercicio de una profesión, codificada en los manuales de trabajo y
regulada a través de códigos de ética o de preceptos legales, significa la conquista de legitimidad social. Su visibilidad
pública normalmente depende de la ocupación de espacios en la geografía universitaria. Reconstruyendo la historia
intelectual brasileña, el pedagogo Lauro de Oliveira Lima (autor del ensayo
Historias de la educación en Brasil. De Pombal
a Passarinho, 1974) demostraba que las profesiones emergentes necesitaban derribar las puertas de nuestro
sistema universitario para lograr reconocimiento público, en vista de la resistencia mostrada por las carreras hegemónicas.
Ya en territorio universitario, la profesión puede avanzar o retroceder. Retrocede siempre que el saber
empírico, manualizado por los sistematizadores de la práctica, queda petrificado, se dogmatiza o se inmoviliza por
esclerosis. Avanza, da pasos al frente, cuando las cátedras universitarias y los laboratorios didácticos asimilan el dinamismo
profesional, sometiéndose a una constante observación crítica en el sentido de aprehender las innovaciones introducidas
por la corporación en movimiento.
Tal proceso exige otra sistematización, que combine el empirismo legado por los profesionales en activo con
la perspicacia analítica de los investigadores del área. Ese rescate de la práctica cotidiana, bajo el prisma de la
ciencia aplicada, conduce a la teorización ordenada en los manuales didácticos que sirven de apoyo a los estudiantes.
Los manuales siguen teniendo un papel relevante en la formación de las nuevas generaciones profesionales, siempre y
cuando sean revisados periódicamente o sustituidos cuando se constata su envejecimiento.
Manuales de comunicación
Instituida en Brasil al final de los años 40 del siglo XX, la enseñanza universitaria de comunicación sólo ganó
legitimidad académica a partir de las décadas 60-70, justamente cuando comenzaron a aparecer los primeros manuales
didácticos. Profesores cuya trayectoria académica se inició con la vida profesional, sistematizaron los procedimientos empíricos
del periodismo y los organizaron para el aprendizaje de sus alumnos.
Cuatro maestros destacan en esa actividad: Juarez Bahia, Luiz Beltrâo, Luiz Amaral y Mário Erbolato.
Juarez Bahia, entonces joven profesor de la escuela de Periodismo de Santos (SP), desbroza el terreno con el
libro Periódico, historia y
técnica (1964), actualizado continuamente y cuya última edición, en dos volúmenes, circula
incluso después de la muerte del autor bajo el sello de Editora Atica. A este título añadió dos más:
Periodismo, información,
comunicación (1971) e Introducción a la comunicación
empresarial (1995).
Luiz Beltrâo rescató la experiencia profesional vivida en la prensa pernambucana y la confrontó con la dinámica
del periodismo nacional, escribiendo tres manuales que se volvieron clásicos del género:
La prensa informativa (1969), Periodismo
interpretativo (1976) y Periodismo de
opinión (1980). Contribuyó a la teoría de la comunicación con
una trilogía: Fundamentos científicos de la
comunicación (1973), Teoría general de la
comunicación (1982) y Teoría de
la comunicación de masas (1986), este último escrito en colaboración con su asistente Newton de Oliveira Quirino.
Conocimiento mediático
Luiz Amaral organizó el conocimiento adquirido en las redacciones cariocas en dos significativos volúmenes:
Técnica de diario y periódico (1969),
Periodismo, material de primera
página (1978). Recientemente, capitalizó la
experiencia acumulada durante varios años como redactor de programas radiofónicos para la emisora "Voz de América", en
Washington, relatándola didácticamente en el libro
La objetividad periodística (1996).
Mário Erbolato es el más paradigmático del grupo. Delineó y organizó el trabajo didáctico realizado en la PUC
de Campinas (SP), aplicando la fórmula de los manuales franceses que agrega al contenido pedagógico los ejercicios
que deberían ser desarrollados individualmente por los alumnos. Esa estrategia fue aplicada en tres libros sobre
periodismo: Técnica de codificación en
periodismo (1978), Periodismo
gráfico (1981) y Periodismo
especializado (1981).
Aparte de éstos, Erbolato legó otros dos trabajos de naturaleza didáctica, fruto de una exhaustiva pesquisa
documental, refundida en sendos tratados: Deontología de la comunicación
social (1982) y Diccionario de propaganda y
periodismo (1985).
Cultura Xerox
La expansión vertiginosa de la enseñanza de comunicación efectuada en las universidades brasileñas al final del
siglo pasado causó impacto devastador en el terreno didáctico-pedagógico. La nueva generación de profesores,
reclutada en los programas de maestría y doctorado, abandonó la tradición europea de los estudios holísticos, sustituyéndola
por la tendencia estadounidense a los análisis coyunturales, segmentados, potencializando los estudios de caso.
Los nuevos maestros de los cursos de licenciatura abandonaron los manuales usados en las aulas, introduciendo
la lectura de textos aislados y generalizando la cultura del Xerox y la atomización cognoscitiva. Como consecuencia de
esa política reduccionista, las editoriales dejaron de interesarse en la publicación de nuevas obras comunicacionales,
limitándose a las fuentes disponibles para abastecer intelectualmente a los nuevos estudiantes del área.
Esa realidad comienza a ser superada por la vigilancia que las entidades federativas de los editores de libros
celosas de la preservación de los derechos de autor reservados a las empresas y a los autores, garantizados por la
legislación vigente pasaron a ejercer junto con las universidades. Obstaculizado el uso de las copias fotostáticas, los
profesores retomaron el uso de textos de apoyo, fomentando la actuación de los maestros que cultivan el género de los
manuales didácticos. Si hay consumo de libros de esa naturaleza, los editores se animan a volver a publicarlos regularmente y
los autores a escribirlos de manera atrayente.
Autor emblemático
En ese panorama de rescate de los manuales universitarios destaca como figura emblemática Antonio
Costella. Profesor reconocido en las universidades paulistas, ingresa a la vida académica en los años 60, inicialmente en la
Facultad de Periodismo Cásper Libero y después en la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de Sao Paulo.
Especializándose en historia y derecho de la comunicación, ha contribuido a la sedimentación de esa nueva área
del conocimiento, escribiendo dos manuales paradigmáticos. Uno destinado a los alumnos de las disciplinas vinculadas a
la historia de la comunicación: El control de la información en
Brasil (1970). El otro dirigido específicamente a los
estudiantes de las materias vinculadas al universo jurídico comunicacional:
Derecho de la comunicación (1976).
Se agrega a esta lista un tercer manual de su autoría,
Comunicación: del grito al
satélite (1978), publicado por la editorial Mantiqueira, fundada por el propio autor. Se trata de un texto apropiado a los cursos de introducción a la
historia de la comunicación, adoptado desde hace tiempo en todo el país, pero que tuvo una circulación restringida por
la corriente de piratería intelectual capitaneada por las fotocopiadoras.
Durante toda la década de los 90, Antonio Costella se retiró de la vida académica, decidido a actuar en la otra
área de su predilección: el arte xilográfico. Fundó en Campos do Jordâo, el Museo del Xilograbado y su editorial sacó
al mercado libros de arte, amén de otros temas nuevos. Entusiasmado por el regreso de los manuales didácticos a los
círculos universitarios brasileños, el profesor Costella revisó y actualizó su libro
Historia de la comunicación, lanzado con
éxito en su cuarta edición.
El año pasado decidió retornar al salón de clases, asumiendo la dirección de la disciplina de Legislación
Comunicacional en el Curso de Periodismo del Centro Universitario Alcántara Machado (UNIFIAM). Como corolario de esa
experiencia pedagógica escribió un excelente manual:
Legislación de la comunicación social. Curso
básico, recopilando el bagaje jurídico que normatiza las actividades profesionales en las áreas de periodismo, publicidad y propaganda,
relaciones públicas, radio y televisión, producción editorial y cine.