José Luis Durán King
Aunque ha sido vinculado a nueve asesinatos, lo cierto es que Charles Manson sólo participó físicamente en uno
de ellos: la tortura y ejecución de un maestro de música y a la vez traficante al menudeo de drogas, Gary Hinman, en julio
de 1969. Sin embargo, difícilmente Manson podrá desvincularse de los sucesos sangrientos de agosto de ese año, los
cuales no sólo pusieron en riesgo la celebración del festival de Woodstock, efectuado al mes siguiente, sino que reclamaron
la vida de seis miembros prominentes de Los Angeles e hicieron entrar en un vértigo de terror a Hollywood.
El 8 de agosto de 1969, unos intrusos irrumpieron en la casa de Cielo Drive propiedad de la actriz Sharon Tate,
esposa del cineasta Roman Polanski, donde tenía lugar una reunión de "gente bonita de Hollywood": el estilista Jay Sebring,
la jerarca de los cafés Abigail Folger y su novio Wojiciech Frykowski, además de la mencionada Tate. A la mañana
siguiente los cuatro fueron encontrados muertos, sacrificados con tal violencia que la policía sospechó inmediatamente de un
crimen ritual encabezado por satánicos o alguna secta pagana. Un quinto cuerpo se halló entre los arbustos del jardín, el
del visitante ocasional Stephen Parent. La palabra "cerdo" estaba escrita con sangre en la puerta frontal.
Dos días después, los cuerpos del empresario Leno LaBianca y su esposa Rosemary se hallaron en su casa, un
lugar cercano a Cielo Drive llamado Waverley Drive. El matrimonio sufrió agresiones similares a las de sus vecinos de
Cielo Drive. Como pistas había una serie de mensajes escritos con la sangre de las víctimas: "Healter Skelter"
(sic) y "Muerte a los cerdos".
El Departamento de Policía de Los Angeles estaba desconcertado, pero pocos meses después, mientras investigaban
el asesinato de Gary Hinman, empezó a enfocar sus investigaciones en una comuna
hippie conocida como "La familia",
la cual vivía lejos de la ciudad, en la zona del desierto.
En las semanas siguientes, Susan Atkins, Tex Watson, Patricia Krenwinkel, Leslie Van Houten, Clem Grogan y
Linda Kasabian fueron arrestados y acusados de participar en los asesinatos Tate-LaBianca, aunque Manson, el gurú y mentor,
el cerebro detrás de la operación, era sujeto de atención especial.
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Charles Manson |
El juicio de Manson es uno de los eventos más sensacionales en la historia contemporánea de los medios de
comunicación estadounidenses. Satanizado por la prensa, fue retratado como un manipulador, un reclutador de mozalbetes de
clase media para beneficio de sus propósitos satánicos. No es difícil explicarse por qué: Manson era visto como el diablo y
él actuaba su parte. ¿Cómo? Por ejemplo, conduciendo personalmente las ruedas de la prensa roja, aceptando preguntas
sólo de los periodistas que le agradaban y haciendo caso omiso de las interrogantes provenientes de periodistas negros
o latinos.
En la violenta película
Natural Born Killers (1994) de Oliver Stone, el multihomicida Mickey Knox, protagonizado
por Woody Harrelson, pregunta acerca de los niveles de audiencia que han alcanzado las fechorías protagonizadas por él y
su esposa Mallory (Juliette Lewis). El aludido responde que superaron a Charles Whitman, el francotirador de la torre
de Texas, que desde ahí asesinó en 1966 a más de diez personas, y a John Wayne Gacy, el contratista homosexual que
ocultó por varios años los cadáveres de 33 jóvenes debajo del piso de su casa. "¿Y a Manson?", inquiere nuevamente Mallory.
El productor niega con rostro compungido. Mallory simplemente se resigna y aduce, "Él es el maestro". Así es: el caso
de Charles Manson, por lo menos en lo que corresponde a la atmósfera mediática de Estados Unidos, hasta el momento
es insuperable. Quizá ese sea el por qué del atractivo que irradia hacia una juventud heterodoxa, como cabezas
rapadas, satánicos y adolescentes ordinarios que de una u otra forma se sienten en los márgenes de la sociedad.