José Luis Durán King
La mañana del 20 de marzo de 1927, una niña de nueve años corrió despavorida de su casa hacia el domicilio de
los Mulhauser, unos vecinos apenas cruzando la calle. El matrimonio encontró a la señora Ruth Snyder
farfullando histéricamente acerca que un extraño la había golpeado en la cabeza antes de atacar a Albert, su marido. Dijo que recién
se había desatado de la silla a la que estuvo sujeta durante varias horas, así como despojado de la venda que le cubrió la
boca en ese mismo lapso.
Albert Snyder yacía envuelto en las sábanas de su lecho, con un alambre alrededor del cuello y un revólver en uno
de sus costados. La cabeza del hombre presentaba varias heridas y de su boca la policía extrajo pedazos de algodón.
Había una saña inusitada en el homicidio, común en los crímenes pasionales pero casi ausente en los casos de robo a
residencias. Los investigadores tomaron "con pinzas" la declaración de la señora Snyder, quien en todo momento intentó persuadir
a los agentes que ella y su esposo conformaban un matrimonio feliz.
No era cierto, la unión de Albert y Ruth Snyder agonizaba. Y no sólo eso: desde un par de años antes del asesinato,
Ruth mantenía un amasiato con Judd Gray, un don nadie al que la mujerona rubia manejaba como un títere. La policía
descartó casi de tajo la tesis del intruso en la casa y se centró en las declaraciones de la señora Snyder quien, de acuerdo con
las indagaciones, meses antes había adquirido un seguro de vida a nombre de Albert Snyder en el que ella era la
beneficiaria absoluta en caso de fallecer el titular de la póliza. La hipótesis judicial fue reforzada cuando los peritos comprobaron
que la puerta del hogar de los Snyder por la que entró el agresor fue abierta desde el interior, además de que los
exámenes arrojaron que Ruth jamás fue golpeada en la cabeza.
El brutal asesinato de Albert Snyder sembró la indignación no sólo en el vecindario de Queens, Nueva York, sino en
la totalidad de la Unión Americana. Durante el juicio, que inició el 13 de abril de 1927, la prensa de la época llamó a Ruth
"la mujer de granito" y a Judd "el hombre de barro", dados los contrastes entre ambos. Ruth Snyder y Judd Gray
fueron sentenciados, un mes después, a morir electrocutados, cita que se cumplió al pie de la letra el 12 de enero de 1928 en
el interior de la célebre prisión de Sing Sing.
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Foto: Tom Howard |
Al día siguiente del ritual punitivo, la fotografía de Ruth Snyder, sacudiéndose por los voltios en la silla
eléctrica, apareció en la primera plana del rotativo neoyorquino
Daily News. La imagen causó una controversia en la que los
límites y alcances de la ética periodística fueron el tema central. Sucede que Thomas Howard, fotógrafo de Pacific and
Atlantic Photos y que trabajaba para el
Daily
News, se acreditó como reportero (los fotógrafos tenían prohibida la entrada) para
la ejecución de los amantes. Al momento de ingresar a la sala de los testigos, Howard traía sujeta a uno de sus tobillos
una cámara Georz de 5 cm de ancho, 7.5 de largo y 7.5 de grosor, con la que practicó durante semanas bajo la mirada atenta
de George Schmiat, director del laboratorio fotográfico del
Daily. Al momento en que iniciaron las descargas que
acabaron con la vida de Ruth Snyder, el audaz fotógrafo disparó su cámara desde el bolsillo izquierdo de su pantalón, ayudado
por un cable con un conmutador. Por la imagen, que el
Daily autodenominó como "quizá la exclusiva más importante de
la historia de la criminología", Thomas Howard recibió 100 dólares y la atención de miles de lectores de Estados Unidos y el mundo.