El voyeurismo subdesarrollado de Canal 40
Francisco Báez Rodríguez
El Senado de la República acordó, el pasado 23 de enero, exigir la salida de los horarios para todo público a los
talk shows que transmiten Televisión Azteca y Televisa. "No permitamos que la televisión destruya por la tarde lo que
la escuela construye por las mañanas", señaló la Comisión de Comunicacines y Transportes de la Cámara alta.
Y es que, en su lucha por el
rating, Cosas de la vida y Hasta en las mejores
familias escenificaron un descenso acelerado hacia la degradación. "Dejé a mi mujer porque me enamoré de mi tío", "Mi hermano nos violó a todos", "Estoy
enojada con mi mamá porque se acuesta con mi mejor amiga", "Soy talla 42D y no me pesan" son el tipo de temas tratados,
a menudo con vulgaridad extrema.
Los índices de audiencia señalan que una porción nada despreciable de niños ve esas transmisiones, sobre todo en
los hogares de clasificación sociodemográfica D o E; es decir, familias pobres, con baja escolaridad.
Días antes del acuerdo de los senadores, Emilio Azcárraga pidió ante su gente evaluar su salida de la
programación. En su columna de El Heraldo de
México, Joaquín López-Dóriga afirmó que "la vida de esas series ha entrado en su
etapa terminal, al menos en Televisa". Sin embargo, la empresa de Av. Chapultepec tardó un mes en decidirse.
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Foto: Miguel A. Navarrete |
El asunto se trabó por la decisión de Televisión Azteca de sostener
Cosas de la vida en su horario vespertino.
El productor del programa, Roberto Romagnoli, aseguró que defenderá "hasta la muerte" su emisión, y obtuvo eco en
la empresa. No parece casual, pues el programa de marras es el de mayor audiencia en Azteca y, por lo tanto, el que
más cobra por segundo de publicidad. Ante ello, Televisa también optó por mantener
Hasta en las mejores familias bajo el argumento de que el cambio de horario o la salida del aire tendrían que ser simultáneos.
Televisa, hay que decirlo, hubiera tenido ventajas relativas en el cambio: sus
talk shows caben perfectamente en el horario nocturno de Canal 9, mientras que para Azteca, colocar sus "cosas" en la barra nocturna del 7 o del 13
significaría romperle la continuidad a cualquiera de sus programaciones. Y Televisa, en términos de
rating, tiene menos que perder que Azteca.
El problema, sin embargo, no puede ser sólo de pesos y centavos. Las televisoras, como medios masivos de
comunicación, tienen una responsabilidad social que cumplir. Y están faltando a ella.
El asunto tiene también otro cariz: la Secretaría de Gobernación ha agotado todas las instancias que la Ley Federal
de Radio y Televisión le permite para retirar esos programas del horario infantil: extrañamientos, observaciones y
sanciones administrativas le hicieron a Televisa y a Azteca lo que el viento a Juárez. Pudo más la presión de la sociedad
organizada (que se quiso hacer pasar como opinión medida en la "encuesta de entrada" con la que la audiencia de
López-Dóriga descalificó a los
talk shows, horas antes de que Televisa anunciara que salían del aire).
Tal vez autoridades y televisoras puedan encontrar, casuísticamente, el camino para resolver cada problema, pero
todo esto ciertamente nos recuerda de la conveniencia de reformar la legislación en la materia.
El otro amarillismo
La lluvia de críticas que recibió CNI Canal 40, luego de la difusión de los videos de Almoloya, no arredró al
noticiero que conducen Ciro Gómez Leyva y Denise Maerker. Al contrario, la mata siguió dando.
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Ciro Gómez Leyva Foto: Luis H. González/Silva |
Hago una pregunta cándida: ¿qué valor periodístico tiene la presentación de mujeres que se desnudan en una
cárcel, a las que tal vez por no tener acceso a abogados caros se les presenta sin que se les tape el rostro? A mi gusto,
lo presentado por Canal 40 sólo tiene valor para algunos voyeuristas subdesarrollados y me deja un acre sabor a
pornografía (y quien haya seguido
zapping o
difusiones constatará que hacer un señalamiento así es raro para quien esto escribe).
¿No hay otra manera para competir por una audiencia amplia, pero de calidad, tomando en cuenta el nicho
comercial de CNI?
¿Autorregulación?
Dos comisiones paralelas, dos, están en gestación. Una es la de Autorregulación, que promueve la CIRT. Se trata
de un paso adelante en la comprensión de la misión de los medios. Y debe ser saludado.
El problema, especialmente delicado para los medios masivos, es que el eventual incumplimiento de los códigos
de ética no conlleva sanción alguna.
En la televisión, la autorregulación no debe ser obstáculo para que se revisen los rasgos autoritarios que son
todos en la actual legislación en la materia.
La otra comisión nace tras un embarazo de tres décadas. La Comisión Nacional de Radio y Televisión, prevista por
la ley, pero nunca echada a andar. En su concepción echeverrista, tenía todas las posibilidades de convertirse en un
mecanismo de control. Ahora se prevé que será paritaria y tendrá funciones exclusivamente consultivas. Aun así, ha
causado recelo entre los concesionarios.
La disputa por Ponchito
El intercambio de frases, reproducido en
La Jornada, es histórico:
Subcomandante Marcos: ¿Me vas a entrevistar tú?
Andrés Bustamante: Yo no,
Ponchito; yo soy mi peor personaje.
Rafael Sebastián Guillén: A mí me pasa lo mismo.
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Foto: Mario Aldana P. |
Luego de la entrevista del comediante
Ponchito al subcomandante Marcos, transmitida por Televisa y que regresó
a la fama a Andrés Bustamante, vendría la inauguración, con nuevo formato, de las charlas sabatinas del Presidente en la radio. Pasándose al otro extremo del formato acartonado que usó Ernesto Zedillo, el presidente Fox usó a
Ponchito como patiño (o viceversa, según algunos) y luego se dio a la tarea de entrevistar a su canciller, Jorge Castañeda.
En ambos casos las reacciones fueron mixtas. Hubo quienes vieron en la entrevista del zapatista una suerte de
nuevo desenmascaramiento de Marcos, la prevalencia del personaje sobre la persona, sobre el agente político, sobre el líder
de la guerrilla. Hubo quienes vieron la constatación del buen humor del jefe del EZLN (aunque no haya entendido los albures).
Algo similar sucedió con el Presidente (que resultó mejor imitado que imitador): algunos consideran que pierde
dignidad; otros, que gana en humanidad.
Los dos movimientos son, claro, parte de una disputa por la imagen de dos de los mexicanos más carismáticos de
este inicio de siglo. Lo interesante es que ambos, clasemedieros de origen, terminaron acercándose a un comediante y a
un personaje cuyo humor está dirigido precisamente a la clase media, y no a las masas populares como creen ellos.
Andrés Bustamante es un comediante fino, que aprecian más las élites y los ciudadanos escolarizados que las
masas. Y Ponchito es la expresión más clara de ese nicho comercial-cultural. ¿Por qué los clasemedieros nos reimos tanto
de y con Ponchito? Porque es el otro, porque es la caricatura del plomero, del acomodador de autos, del de intendencia.
En tanto, el plomero, el acomodador y el intendente se ríen de Ortiz de Pinedo y nosotros no alcanzamos a
comprender. Marcos y Fox tampoco.
La disputa por Marcos
Y si algo resulta de veras complicado de comprender es el amistosísimo acuerdo entre Televisa y Azteca para
producir y transmitir un magno concierto "por la paz" en Chiapas, coincidente con la marcha del EZLN hacia la capital.
Tal vez Azcárraga y Salinas piensan que con esa iniciativa provocarán presión social al jefe guerrillero a tomar en
serio las negociaciones que propone el presidente Fox y a los legisladores para que aprueben la iniciativa
de la Cocopa. Tal vez alguien los convenció de eso.
Lo cierto es que el espectáculo es el mero mole del subcomandante y candilejas es lo que requiere para relanzar
sus puntos de vista y volver a poner al conflicto en Chiapas en el centro de la agenda nacional. Lo cierto, también, es
que el público masivo del Estadio Azteca (así vaya a ver a Maná y Jaguares y hasta a Santana) es más clientela de los
legisladores que del EZLN. Hacia aquéllos irá la presión.