En la edición pasada documentamos el respaldo de
Milenio al jefe de gobierno del DF en el marco de
las truculencias públicas de su posible desafuero.
Cualquier medio tiene el derecho e incluso la obligación ética de expresar su línea editorial. El tema es
el sometimiento de la información en beneficio de los intereses de los funcionarios de
Milenio como en otro polo del periodismo de facción ocurre con
Crónica y la confusión que genera cuando busca crear escándalos que
operan en defensa de López Obrador.
En septiembre, la tendencia se afianzó. En la segunda semana del mes
Milenio equiparó el desafuero del
político tabasqueño con un golpe de Estado. El dicho es insostenible, lo llamativo es cómo
Milenio quiso convertir el embuste en idea y cómo responsabilizó al Presidente del "golpe de Estado", por lo que pidió su intervención para
evitarlo. (Cuando semanas después Milenio
registró la participación del Ejecutivo en el asunto, el mismo diario denunció
la supuesta violación de la autonomía del Poder Judicial y su director general exigió la destitución de
Mariano Azuela. Tan frágil ha sido su línea editorial que en ambos casos se equivocó.)
Maquinaria de propaganda
El ardid no era nuevo. El 28 de mayo Federico Arreola escribió que al PAN y al PRI "les vale gorro lo que
pierda la nación con esta medida que, en los hechos, es un golpe de Estado". Luego, el asunto se abordó hasta el 7
de septiembre cuando, primero como artículo y luego como inserción pagada, en ese periódico dijo lo mismo
que Arreola, Javier Quijano. Entonces, la estrategia de
Milenio operó como si la frase fuera novedosa y tuviera
sustento. Varios articulistas la comentaron, confiriéndole a la ocurrencia del también abogado de CNI una seriedad de la
que carece y, sobre todo, dieron argumentos estentóreos pero insustanciales a López Obrador.
De reuniones sugerentes
Más adelante, la Redacción de
etcétera detalla sobre otros casos que conforman aquella tendencia de
Milenio y muestra la solvencia periodística de su director general. No detallamos algunas, por ejemplo cuando
Arreola sugirió que López Obrador podría ser asesinado como Colosio o como cuando el 13 de abril de este año
especuló sobre una reunión:
¿Qué prueba la reunión de Carlos Ahumada, Juan Collado y Juan José Salinas Pasalagua? Tal vez nada, pero
tal vez todo. En cualquier caso, Andrés Manuel López Obrador no ha mentido y seguramente no ha exagerado al
hablar de las relaciones existentes entre el constructor aprehendido en La Habana o Varadero, Cuba y el ex
presidente Carlos Salinas de Gortari.
Con los mismos arrestos éticos y profesionales de Arreola podrían hacerse conjeturas sobre otras reuniones, como la reseñada por Yazmín Alessandrini en El Universal, el 25 de julio:
Interesante mesa: desayunando en el Sheraton Centro Histórico, Andrés Manuel López Obrador, Javier Moreno Valle y Federico Arreola.
Pero en lugar de hacer conjeturas como las de Arreola, mejor revisamos la oferta de
Milenio y con datos, fechas y citas mostramos cómo busca congraciarse con López Obrador.
Virtudes privadas, vicios públicos
En Milenio la indiscreción de un empresario puede convertirse en virtud periodística y "la nota" en otro
mecanismo de defensa de López Obrador. El 13 y 14 de septiembre Carlos Marín, director de
Milenio,informó de una reunión entre Vicente Fox y Mariano Azuela llevada a cabo el 5 de abril pasado. Según su fuente, Fox le
habría encargado a Creel un encuentro con el presidente de la Suprema Corte "para ver si hay otra vía legal que no
sea eso del desafuero".
Y así fue como los eslabones propagandísticos de
Milenio operaron de nuevo, ahora no para demandar
la participación del Presidente sino para condenarlo por inmiscuirse.
El 15 de ese mes el diario publica un encabezado donde varios abogados, entre otros, Javier Quijano, critican
la reunión y, en cambio, relega el punto de vista de quienes la consideraron normal. Ese día Arreola exigió la
dimisión de Mariano Azuela por considerar ilegítimo el encuentro aquel aunque, esta vez, la desproporcionada postura
no fue secundada por los otros directivos. Incluso algunos columnistas la criticaron, como Jorge Fernández, el día 20:
"(...) si en los videoescándalos
el complot no funcionó, sí funciona ahora con la reunión entre el presidente
Fox y su homólogo de la Corte, Mariano Azuela. Ese encuentro, lo ha convertido, López Obrador ya, recordando a
Chapa Bezanilla, en una 'acción concertada' en su contra. Antes de la 'acción concertada' ahí quedaron, en el camino,
las frases célebres del caso, como la afirmación de que a López Obrador con los
videoescándalos 'querían matarlo
como a Colosio', o el 'descubrimiento' de que el intento de desafuero era nada más y nada menos que un golpe de
Estado, o ahora que el presidente de la Corte debe renunciar porque se reunió con el Presidente de la República
(una pregunta: ¿debería renunciar el ministro y ex presidente de la Corte, Genaro David Góngora Pimentel, que se
ha reunido en varias ocasiones con el jefe de gobierno y que fue el que tomó la muy cuestionable decisión, tanto
que la Corte le dio marcha atrás semanas después, de bloquear la instalación del Consejo de Transparencia en el DF
como lo solicitó el jefe de gobierno, precisamente después de una de esas reuniones?)".