El Economista dicta sentencias
y Riva Palacio difunde conversaciones privadas
Marco Levario Turcott
Del 15 al 20 de enero, El Economista
reseñó un documento elaborado por el Ministerio de la Policía Suiza y que
se entregó a la procuradora de ese país el 22 de abril de 1998. Según esa investigación, la familia Salinas incluido
quien fuera Presidente de México tuvo relaciones con los principales cárteles de la droga en el país.
Las notas son firmadas por el director del periódico, Luis Enrique Mercado, quien no dice cómo ni cuándo ni de
parte de quién recibió aquel documento, contraviniendo el punto 4 del código de ética de
El Economista, que dice: "En toda información debe quedar clara la fuente de dónde se obtuvo". El reseñista sólo afirma que el legajo está en poder
del diario. Este no es el resultado de una investigación periodística que es, por cierto, otro de los señalamientos a los
que conmina el código de ética de
El Economista.
Llama la atención que las entregas tuvieran la firma del director, quien no publica regularmente. No lo hizo,
incluso, cuando por medio de El Economista se filtró una reunión de 25 "de los más grandes empresarios (que) se
comprometieron a realizar aportaciones al Partido Revolucionario Institucional por un mínimo de 25 millones de dólares". En
aquella ocasión, 26 de febrero de 1993, la nota fue redactada por Francisco Barradas Benítez y obtuvo el Premio Nacional
de Periodismo. Ahora, Barradas Benítez es director de
Imagen, un periódico de Zacatecas del que Luis Enrique Mercado
es presidente.
Testigos protegidos
Cada entrega ocupó el titular principal. En la primera, Mercado sintetiza las afirmaciones de 16 testigos
protegidos que "trabajaron con los Salinas o con los narcotraficantes antes de que se convirtieran en informantes de la
policía". El martes 16 se lee que, en 1991, Raúl Salinas recibió el encargo de su padre para continuar el negocio con los
narcotraficantes (en la portada está la foto del hermano del ex mandatario con la señora María Bernal). Al día siguiente se lee que
las declaraciones de los testigos protegidos, en opinión del reseñista, "no dejan lugar a dudas" sobre el apoyo de los
cárteles de las drogas a la campaña presidencial de Carlos Salinas. En interiores están los dichos de Raúl Salinas, expresados
un día antes en un programa radiofónico: "La Procuraduría General de la República desestimó a los informantes",
afirma Raúl Salinas, "ya que se trata de los mismos que acusaron de estar involucrado en el narcotráfico a Liébano
Sáenz, entonces secretario particular de Zedillo".
La nota del jueves 18 aborda los problemas de la familia Salinas para "lavar el dinero". También se lee que la
PGR "estimó que la información revelada por
El Economista no es suficiente para integrar una averiguación previa contra
el ex presidente Carlos Salinas, su hermano mayor Raúl y el progenitor de ambos". El viernes 19, Luis Enrique Mercado
reitera: "no hay duda" de que fueron cometidos aquellos ilícitos.
Vale la pena señalar que la Suprema Corte de Suiza, al recibir ese documento, determinó que la procuradora
Carla del Ponte se había excedido en sus funciones y la investigación fue turnada a un juez investigador de Ginebra.
Espionaje telefónico
El 18 de octubre del año pasado, Raymundo Riva Palacio Neri escribió:
"Fuera de aquellos casos donde por autorización judicial se permite intervenir llamadas telefónicas (...) todos
aquellos casos donde éstas se realicen, violan la ley. Bajo esa premisa el gobierno mexicano, desde varias dependencias, es
un violador consuetudinario de la ley, alegando razones de seguridad nacional, o para utilizar esas pláticas como
chantaje político o para destruir individuos."
Dos días antes, en el diario
Reforma, Jesús Silva Herzog Márquez recordó que también es un delito difundir la
grabación de conversaciones privadas. El ensayista transcribió el artículo 211 bis del Código Penal del DF: "A quien revele,
divulgue o utilice indebidamente o en perjuicio de otro, información o imágenes obtenidas en una intervención de
comunicación privada, se le aplicarán sanciones de seis a doce años de prisión y de trescientos a seiscientos días de multa".
Por su parte, Raymundo Riva Palacio escribió que desde 1994 "comenzó una fiesta para los medios mexicanos,
quienes desde entonces, en palabras del historiador mexicano Héctor Aguilar Camín, tuvieron una 'borrachera democrática'.
Los medios que antes de 1994 no se atrevían a guardar una distancia crítica ante el poder, lo empezaron a hacer (...) El
balance en este primer quinquenio no ha sido positivo. Con el pretexto de periodismo de investigación y la búsqueda
de competencia a partir del escándalo irrumpieron en la vida privada de las personas, lanzaron acusaciones sin pruebas
o sea, difamando, destruyeron famas públicas y prestigios profesionales, sin tener, en un gran número de casos, la
documentación necesaria para apoyar sus latigazos".
Un mundo nos vigila y otro lo difunde
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Raymundo Riva Palacio Foto: Salvador Castellanos/Silva |
Riva Palacio criticó esas violaciones a la ley, pero después fue parte de ello.
En la edición de la revista
Milenio del 22 de enero, ese periodista difundió las ilegales grabaciones telefónicas
de conversaciones privadas sostenidas por Héctor Aguilar Camín con dos personas cuyo nombre no cita. Riva Palacio
afirma que las copias de aquellas charlas fueron entregadas a
Milenio y no dice quién las proporcionó. La intención
parece evidente y la comparte Riva Palacio.
"El Caníbal". Así se titula el texto. En el primer párrafo, Riva Palacio dice que Carlos Salinas "se asemejaba a
un encantador de serpientes. Sedujo intelectuales de interlocutores los convirtió en locutores, a periodistas les
regaló propiedades y los consoló en momentos de crisis personales y a no pocos les hizo ganar dinero". Enseguida, menciona a Héctor Aguilar Camín, "a quien el ex presidente le profesó privilegios y cariños públicos". Raymundo Riva Palacio
director de Notimex desde diciembre de 1988 hasta mayo de 1990, es decir, en el gobierno de Carlos Salinas
es implacable y parece que sabe de lo que habla.
Luego, Riva Palacio transcribe el reporte hecho por no se sabe quién, de las mencionadas conversaciones
telefónicas. Según esto, ocurrió el 11 de octubre del año pasado:
"El Dr. Aguilar Camín señaló que hacía tiempo que le urgía sacudírselo, y que la grabación de sus hermanos le
había resultado útil."
Este reporte ocurre justo cuando se difundieron las conversaciones telefónicas de los hermanos Salinas. En
aquellos días, Riva Palacio escribió:
"Las violaciones a las garantías individuales han existido en México bajo el cobijo de la impunidad. En ocasiones,
la inmoralidad ha llegado a extremos tales como (que) hubo grabaciones que llegaron a ser editadas para presionar
y chantajear políticamente a personalidades de la vida pública. Este debate, muchas veces arañado en la opinión
pública, nunca ha sido realmente discutido para buscar frenar los enormes abusos que imperan y la forma tan
salvajemente arbitraria como se aplica el espionaje telefónico" (18/X/00).
Escupiendo al cielo
Volvamos a la citada edición de
Milenio. Raymundo Riva Palacio continúa con la transcripción del teléfono
intervenido de Aguilar Camín citando varios pasajes donde el historiador, según el reporte, se refiere a Carlos Salinas en forma
soez y también cuando considera que Vicente Fox no tiene estatura para dirigir al país. Una constante entre las
conversaciones es la preocupación de Aguilar Camín sobre unos documentos de los años 90 y 91, que pudieran ser utilizados por
Salinas para exhibirlo.
Quién sabe si el reporte sea verídico o si fue editado (Riva Palacio no le pone reparo alguno). Tampoco sabemos
quién lo dio, aunque la razón tal vez sea, usando los términos empleados por Riva Palacio hace unos meses, para cometer
"la inmoralidad" de "presionar y chantajear políticamente a personalidades de la vida pública". Y si es verídico, ¿cuál
es el valor de la información?
Más allá de la imprudencia del historiador por decir lo que dijo sabiendo que podría ser grabado, sus diferencias
con el ex Presidente ya las había hecho públicas en la primera quincena de octubre del año pasado en la revista
Proceso y frente a las cámaras de Televisa. Queda el asunto del documento que, según el reporte, le inquieta a Héctor
Aguilar Camín. Pero junto a ello hay otra pregunta: ¿por qué quien ha criticado la intervención telefónica se presta a la
(ilegal) difusión de esa práctica (ilegal)? Esa es una manera de alentar el espionaje y despedazar la intimidad, como
caníbales postmodernos que viven su fiesta democrática