Antulio Sánchez
No contento con controlar 90% del mercado de sistemas operativos de computadoras de escritorio o
portátiles, Microsoft emprende una fuerte campaña en diferentes frentes de su país, y fuera de él, para convencer a
los gobiernos de las ventajas de sus programas contra los de su rival Linux. Microsoft sabe que cuando las palabras
y los argumentos fallan entonces es bueno acudir a métodos de disuasión para convencer a los disidentes de Windows.
Microsoft hace de su estrategia comercial una eficaz arma de guerra. Desde su imperio de Seattle, Bill Gates
diseña las estrategias que su empresa seguirá para continuar en el lugar que tiene. A pesar que su posición
monopólica en el campo del software le ha valido varias demandas judiciales en diversos países, Microsoft no dobla las
manos. Fiel a sus métodos, la empresa de Gates conquista y seduce a gobiernos, empresas y usuarios individuales.
Una ambición sin medias tintas que semanas atrás radiografió en una nota el
International Herald Tribune (www.iht.com).
Ese medio dio a conocer el contenido de un correo electrónico confidencial dirigido por el director de
ventas de dicha empresa, Orlando Ayala, a ejecutivos de Microsoft. Ahí, Ayala expone a los cuadros más importantes
de Microsoft en el planeta la estrategia para disuadir a los gobiernos de optar por una alternativa a Windows en
el campo de sistemas operativos y software. Así, para hacerse de los contratos más importantes, la empresa
cuenta con un fondo especial de 180 millones de dólares con el fin de financiar su oferta, de respaldarla e imponerla
sobre la competencia. No es la primera vez que se han dado a conocer documentos internos que hablan de las
políticas que usa Microsoft para continuar con su supremacía. El mensaje al que nos referimos demuestra que Microsoft
está preparada para defender su posición, incluso se habla de que para lograrlo tiene que acudir al espionaje
industrial, por lo cual no es extraño que sus enviados acudan bajo identidad falsa a las reuniones organizadas por la
competencia.
El arma de la gratuidad
La empresa de las ventanas ha sido clara en el sentido de que no debe perderse ningún contrato frente a
Linux, la competencia modesta pero particularmente significativa que se implanta sobre todo en el terreno de los
servidores. Aunque recientemente Microsoft recibió un duro golpe al perder un multimillonario contrato en
Munich, donde una empresa no cedió a las presiones de Microsoft y decidió cambiar para el año venidero el sistema de
sus 14 mil computadoras de escritorio de Windows a Linux. Se trata de una de las mayores migraciones a Linux
desde que apareció ese sistema operativo.
Esto corrobora que Linux se ha convertido no sólo en un rival sino en un verdadero enemigo estratégico
para Microsoft. El proyecto Linux desarrollado por los amantes del software no propietario, sostenido también
por empresas que no dependen de ninguna gran sociedad de software, promueve los programas de código libre,
donde estos mismos se encuentran abiertos a todos para que se puedan modificar. Esto marca un contraste
significativo con los programas de Microsoft que conservan el grueso del código fuente de sus programas en secreto;
aunque es cierto que algunos gobiernos y empresas ante sus demandas y exigencias ya están autorizados a conocer
el código pero sin poder modificarlo.
Es por eso que Microsoft y la fundación del mismo nombre, creada por Gates, trabajan con el fin de frenar
el avance de Linux. El fondo especial ya citado respalda la estrategia que ha puesto en marcha la empresa en
algunos países y que consiste en ofrecer licencias y donaciones, sobre todo a programas estratégicos que pueden
redituarle alguna ventaja en el futuro. Esa política forma parte del proyecto comercial de Microsoft que se aplica a
escala global, aunque la dotación gratuita de programas, de sus licencias y la donación es el arma última a la cual
recurre para hacerse de los mercados y los contratos en los países en desarrollo. No por algo Ayala indica, en el
correo electrónico que nos ocupa, la necesidad de poner atención particular en Latinoamérica, África, China, India y
Medio Oriente.
Pero lo más importante es que esas prácticas no pueden aplicarse abiertamente en el mercado europeo,
donde sus marcos legales, más severos que los que operan en países como el nuestro, impiden efectuar donaciones
y licencias en ciertos sectores por considerar que eso afecta la libre competencia comercial. En México, la
empresa de Gates aplica con relativa frecuencia esas políticas. No es gratuito que haya mostrado interés en apoyar
al Programa de Acceso a Servicios Digitales en Bibliotecas Públicas, donde la fundación de Bill y Melinda Gates,
su esposa, donarán 30 millones de dólares en efectivo y 100 millones de pesos en software de Microsoft. Lo
mismo se puede decir del tan promocionado y reinaugurado programa e-México al cual donará también una
amplia cantidad de licencias para los telecentros o Centros Comunitarios Digitales (CCD). Con ese tipo de acciones
la empresa de Gates no sólo asegura que sus programas se usarán en dichos CCD, sino que los adolescentes,
quienes serán los mayores usuarios que acudan a las bibliotecas y CCD, se habitúen a la cultura Windows y sean en el
futuro potenciales consumidores de los productos de Microsoft.