Es la televisión que nos merecemos
Armando Román Zozaya
Soy mexicano y vivo en Inglaterra. Aquí, mucha de la televisión es mala. Me quejaba en voz alta al respecto y
mi esposa, inglesa, apuntó: "está al nivel de la mexicana". Recordé que en España, donde viví un año, la televisión
es también pésima. ¿Por qué mucha de la televisión de masas es basura? ¿Es eso lo que nos merecemos? Escribí
un artículo al respecto y se lo envié a Marco Levario para consideración de
etcétera. Le pareció polémico y me
invitó a intercambiar ideas con Julio Chávez, editor de la revista. Presento a continuación mi posición inicial:
Los medios viven de la publicidad: son un vínculo entre empresas (anunciantes) y consumidores (el
público). Esto no significa que únicamente existan para vender espacios publicitarios pero sí que dependen de ello. Por
lo tanto, los programas y publicaciones están diseñados con el fin de atrapar al público en general o, a veces, a un
grupo específico dentro de éste. Así, los medios producen lo que la gente a la que quieren impactar desea ver, leer
o escuchar. Hipótesis: la televisión de masas es basura porque eso es lo que las masas quieren ver.
 |
|
La cadena británica más importante, la BBC, no vive de la publicidad sino de una licencia de TV que todo
hogar paga si tiene televisor. ¿Por qué entonces, salvo contadas excepciones, sus programas son malos? Porque
compite con cadenas que sí viven de la publicidad, producen televisión basura y atraen al público. Si la BBC no siguiera
la corriente perdería televidentes y, con ellos, su financiamiento; la licencia, de por sí poco popular, quedaría
sin sustento. Esto parece confirmar que sí hay que producir televisión mala para lograr auditorio. ¿Por qué? Sugiero
tres factores:
1) Parece que los individuos con niveles de educación e ingresos relativamente elevados prefieren ver
programas serios. Al mismo tiempo, los individuos con menores ingresos y menos educación optan por ver programas
malos. Dado que el primer grupo es menor que el segundo, la TV buena es poca y la mala, mucha.
2) Nuestra incapacidad para hacer algo diferente a ver tele: leer un libro, salir a caminar, etcétera. Somos
también incapaces de estar solos: siempre tenemos la televisión encendida. Igualmente, nos es difícil relacionarnos
incluso con nuestras propias familias: casi no hablamos entre nosotros. De hecho, hay quienes ven la televisión en
cuartos separados aunque sintonicen el mismo canal. Lo anterior sugiere que la tele llena un vacío en nuestras vidas. Así,
su calidad es lo de menos y, entre peor sea, mejor pues nos permite alienarnos fácilmente de un mundo en el que tal
vez no somos felices.
3) En México, nuestro clasismo y nuestro racismo se reflejan en la televisión, lo que contribuye a su mala
calidad. En las telenovelas, los protagonistas no son representativos del mexicano común; pocos mexicanos son de
piel blanca y cabello claro. Y la heroína, generalmente de clase humilde, termina siempre casándose con un
millonario: ¿es el sueño de muchas mexicanas el casarse con un rico de apariencia europea? El éxito de las telenovelas
sugiere que sí y apoya la idea de que la televisión mala es del gusto del grueso del público: racismo y clasismo
pasan desapercibidos.
Tenemos entonces la televisión que nos merecemos: su nivel es el del público y éste, simplemente, no apaga la tele. Lo que no nos merecemos, no obstante, es una educación de tan baja calidad (en todos
los sentidos): la TV es su reflejo.
* * *
¿De veras nos la merecemos?
Julio Chávez Sánchez
Yo soy mexicano y vivo en México. Y también sé que la televisión comercial es mala en todas partes, pero no
creo que las personas merezcan ese tipo de televisión por su deficiente nivel educativo. Si fuera así, por ejemplo,
cómo explicar la relación entre la mediocridad de la oferta televisiva de Reino Unido con sus niveles escolares.
Armando Román, simplificas el asunto con una sentencia que, a lo sumo, podría formar parte de los matices
para entender a la televisión privada moderna. En México, como en muchos otros países, los rangos educativos son desiguales y heterogéneos por lo que la televisión tiende a estandarizar gustos y a relegar a quienes tienen
otras preferencias o expectativas. Claro que Televisa y TV Azteca, como empresas privadas que son, tienen el
pleno derecho de buscar ganancias a partir de los productos que ofertan tanto a anunciantes como a la audiencia.
Sin embargo, Armando, conviene no olvidar que no son dueñas de las frecuencias que utilizan, sino que recurren a
una concesión otorgada por el Estado y, con base en ello, están sujetas a una legislación federal.
La ley que rige la actividad de la radiodifusión está sujeta a discusión en varios sectores por su
obsolescencia, pero es la que está en vigor y en sus primeros artículos es muy clara respecto de su responsabilidad social.
Por ejemplo, el artículo 5 de la Ley Federal de Radio y Televisión establece que ésta y aquélla "tienen la función
social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana".
Más aún, el artículo 3 del cuestionado Reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión y de la
Industria Cinematográfica establece: "La radio y la televisión orientarán preferentemente sus actividades a la ampliación de
la educación popular, la difusión de la cultura, la extensión de los conocimientos, la propagación de las ideas
que fortalezcan nuestros principios y tradiciones; el estímulo a nuestra capacidad para el progreso; a la facultad
creadora del mexicano para las artes, y el análisis de los asuntos del país desde un punto de vista objetivo, a través
de orientaciones adecuadas que afirmen la unidad nacional".