La TV y la radio no habían adquirido el poder que ahora tienen y su programación era de lo más convencional y aburrida para nosotros. Las excepciones eran algunos programas de Radio UNAM, como el Cine y la crítica de Monsiváis y Rock en Radio UNAM; Vibraciones en Radio Capital y algunas rolas de Radio éxitos, 620 y 590 AM. De la telera nada, era verdaderamente infumable: telenovelas cursis, teleteatros solemnes y acartonados, programas cómicos y musicales; noticieros planos, sin asomo de crítica o disenso que buscaban uniformar todas las voces y que siempre eran un eco de los boletines oficiales y del quehacer gubernamental, llenos de loas al Señor Presidente y su infalible gabinete.
La prensa escrita era llamada eufemísticamente el cuarto poder y en efecto tenía una gran influencia en la formación de opinión, pero no escapaba al control gubernamental, a la censura y a la autocensura. Los principales diarios Excélsior,
Novedades y El Heraldo para nosotros eran el Estiércol, Noverdades y el Taraldo, respectivamente. Completaban el cuadro El Universal, Ovaciones y La Prensa, éste último un diario amarillista que tenía una gran aceptación entre amplios sectores populares. El Día, a pesar de no escapar de la clasificación general, tenía una
buena sección de información internacional y de vez en vez algún artículo interesante. Entre las revistas, semanales
y quincenales, dos habían logrado prestigio: Política, dirigida por Marcué Pardiñas y Siempre!, de Pagés Llergo, particularmente su suplemento "México en la cultura". En ambas estaban las mejores plumas del país y las informaciones más relevantes del momento, imposibles de encontrar en otros medios. Circulaba además un par de revistas: Los Agachados, antes Los Supermachos, de Rius, y La Garrapata (El azote de los bueyes) que en la mejor tradición de la caricatura mexicana eran un espacio de crítica y buen humor.
Unos meses más tarde antes del 2 de octubre, en las manifestaciones multitudinarias, miles de gargantas coreaban el grito de "prensa vendida", como un reclamo a todos los años que mantuvieron una línea editorial conservadora y acomodaticia con el poder; de verdades a medias o mentiras completas, de prácticas corruptas, cochupos y del simbólico chayote.