José Luis Durán King
Días antes de que Caryl Chessman fuera ejecutado en la cámara de gas de la prisión de San Quentin recibió la visita de una vieja amiga, la reportera Bernice Freeman del diario San Francisco Chronicle. La reunión en el cuarto de visitas parecía ser una más de las muchas que Chessman había tenido en los últimos 12 años, desde que fue ubicado en la
celda 2455 del corredor de la muerte acusado por los delitos de asalto, secuestro y violación, crímenes por los que un jurado lo condenó a la pena capital.
Para la reportera, al igual que para muchas personas que habían seguido con atención el caso, la conmutación del castigo por uno menos severo era cuestión de tiempo. La plática entre ambos parecía la de dos ex compañeros de secundaria que después de verse cada semana durante un lustro conversan con afectuoso desgano.
"Hola, Berni", dijo él a manera de saludo. "Te ves muy bien". Bernice y Chessman habían construido una sólida amistad en los últimos cinco años. A raíz de que la ejecución se postergara en varias ocasiones, la reportera Freeman había optado por olvidarse de la noticia que nunca llegaba y continuar su amistad con el convicto quien, como sea,
había aprovechado el tiempo de encierro para estudiar leyes y escribir unos libros.
"¿Cómo están tus hijas?", inquirió él. La mujer se sorprendió con la pregunta y respondió un tanto intrigada: "Muy bien, ¿por qué". En realidad, Chessman se refería a la mayor de las cuatro hijas de la reportera, a Patsy, quien había perdido casi por completo la visión de uno de sus ojos. Todo parece indicar que Caryl Chessman sabía que su actual emplazamiento a morir ejecutado ahora sí era el definitivo. Las palabras siguientes así lo sugieren: "Mira, Berni, si alguno de mis ojos le hace bien a Patsy haré los arreglos para que así sea. Puedo continuar mi batalla en el corredor de la muerte con un ojo tan bien como lo haría con los dos. Pero quiero que me prometas que no harás público nada de esto" (www.crimelibrary.com). Bernice Freeman rechazó amablemente el ofrecimiento, pues los médicos le habían dicho que un transplante no solucionaría nada. Fue la última plática que sostuvieron.
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El 2 de mayo de 1960, Chessman fue ejecutado pese a las protestas que se expresaron dentro y fuera de Estados Unidos. Aquel día, domingo, el gobernador Brown estaba en su oficina, donde recibió un par de telegramas, uno de ellos de Albert Schweitzer, Premio Nobel de la Paz, y otro de la actriz Brigitte Bardot, símbolo sexual del cine francés. Se oponían a la ejecución. Mensajes similares fueron enviados con anterioridad por personajes como el literato galo François
Mauriac, Marlon Brando y Steve Allen, además de que la controversia había causado una revuelta de estudiantes en la capital de Portugal.
Caryl Chessman es conocido como "el bandido de la linterna roja" y el mayor crimen que cometió no fue mencionado durante su juicio: haber nacido en el seno de una familia de inmigrantes en Estados Unidos. Hasta la fecha ningún prisionero ha recibido un castigo más severo por delitos que no incluyeron homicidio. Fue condenado por asaltar parejas de enamorados en lugares solitarios, por forzar pistola en mano a dos mujeres a que le practicaran felaciones. Una de ellas recibió
la eyaculación del asaltante en la boca, la otra en la mano. Ni más ni menos. Chessman no ordenó que se bombardeara cobardemente una nación allende el mar ni fue un gobernador de Texas que autorizó 153 ejecuciones durante su gestión de cuatro años. Humilló sexualmente a dos representantes de la sacrosanta comunidad sajona y ése es un pecado que para los conservadores es causal de muerte