ALAIC valora el pragmatismo utópico
Jose Marques de Melo
Santa Cruz de la Sierra, próspera ciudad del sudeste boliviano, reunió a principios de junio a aproximadamente
mil estudiosos de la comunicación latinoamericana.
Ese continente fue constituido por 800 jóvenes pertenecientes a dos docenas de facultades de comunicación de
Bolivia y por 200 investigadores, representando a las universidades que se dedican a la enseñanza e investigación de
los fenómenos mediáticos en América Latina.
Al mismo tiempo, hubo dos encuentros donde se discutieron temas relacionados con los procesos
comunicacionales que suscitan polémica en este principio de siglo: el III Encuentro Nacional de la ABOIC (Asociación Boliviana de
Investigadores de la Comunicación) y el VI Congreso Internacional de la ALAIC (Asociación Latinoamericana de Investigadores de
la Comunicación). La joven comunidad boliviana enfocó sus preocupaciones a la relación absorbente entre
comunicación y globalización, mientras la vanguardia de investigación latinoamericana contemplaba más las interrogantes de
las ciencias de la comunicación en el desarrollo impetuoso de la sociedad digital.
Resultó fructífero y esperanzador el resultado de esos coloquios académicos que promovieron, incluso,
intercambios con ilustres latinoamericanistas procedentes de Estados Unidos y de la Europa ibérica. Dos señales quedaron evidenciadas.
En el plano académico, la superación del teoricismo ingenuo, típico del comportamiento de algunos de los
liderazgos que encauzaron la comunicología sudamericana en las últimas dos décadas. En el plano político, el fortalecimiento
de la autoestima intelectual de las nuevas generaciones de investigadores, que rescatan la tradición del
pensamiento comunicacional latinoamericano para dialogar en igualdad de condiciones con sus colegas de otros países y regiones.
La bandera conscientemente enarbolada fue el pragmatismo utópico, retomando el camino abierto por los pioneros
que sembraron en nuestro campo de estudios mediáticos hacia la mitad del siglo pasado.
Políticas de comunicación
El congreso de la ALAIC fue abierto con muy buenos augurios. Dos figuras paradigmáticas polarizaron el debate.
El venezolano Antonio Pasquali, introductor de la teoría crítica en la reflexión comunicacional latinoamericana
e inspirador de la corriente autodenominada investigacióndenuncia, hizo un punzante análisis de las perspectivas
delineadas en el escenario mediático globalizado. Vislumbrando un futuro inquietante, su tesis sostiene que los tentáculos de
las corporaciones estadounidenses se proyectan velozmente sobre el mundo, amenazando la soberanía política,
eliminando la autonomía económica y erosionando la identidad cultural de pueblos y naciones.
El chileno Fernando Reyes Matas, estratega del nuevo orden mundial de información y de comunicación, y artífice
del flujo noticioso surnorte, trazó un panorama menos catastrófico. Su punto de vista sostiene que, a pesar de la
tendencia monopolizadora de los grandes medios, se observa una creciente movilización de las comunidades periféricas,
configurando una alentadora sociedad civil internacional. A través de los espacios propiciados por las redes digitales ha sido
posible resistir al control ambicionado por las potencias hegemónicas, conformándose un cuadro susceptible a la
sedimentación del pluralismo político y al fortalecimiento multicultural. Se trata de una vía alternativa que depende, en gran
medida, de la capacidad de los productores de contenidos para acceder a mensajes mediáticos capaces de forjar nuevos
liderazgos nacionales, movilizando a la ciudadanía que, en los suburbios metropolitanos y en los poblados del interior, se
globaliza combativamente.
Agenda de investigación
La contribución de los liderazgos que forjaran a la comunidad latinoamericana de las ciencias de la comunicación
en la década de los 90, fue simbolizada por las intervenciones oportunas y específicas del peruano Luis Peirano o
del mexicano Enrique Sánchez Ruiz.
El primero reivindica la interacción de los estudios de comunicación masiva y comunicación grupal, argumentando
que la gran conquista de los medios digitales radica justamente en la potencialización de las oportunidades de
expresión cultural de los grupos y comunidades que parecían sofocados por los grandes medios impresos o electrónicos.
Defendió la revaloración de los procesos comunicacionales enraizados en el mestizaje latinoamericano, rescatando
paradigmas heredados del folclor precolombino o de los prototipos eruditos que los colonizadores europeos popularizaron hábilmente.
Respecto de ello, el segundo propugnaba el hibridismo del pensamiento crítico de la academia con la acción
pragmática inherente a los sistemas mediáticos, donde intervendrán profesionalmente los recursos humanos formados
por las facultades de comunicación social. Esa conjunción de procedimientos puede accionar la palanca destinada a
producir contenidos culturalmente anclados en las demandas populares y éticamente sintonizados con las responsabilidades
de las vanguardias sociales.
La agenda de investigación propuesta a la comunidad latinoamericana para la próxima década halló respaldo
teórico en las participaciones de dos de los principales conferencistas del Congreso de Santa Cruz de la Sierra.
Lorenzo Viles, chileno naturalizado catalán, delineó un cuadro de los avances conquistados por las industrias
mediáticas europeas, produciendo formatos, estilos y contenidos que prestan atención a las expectativas de las nuevas
generaciones, sin renunciar a las particularidades culturales de los países o comunidades a que pertenecen. A su vez, el mexicano
Raúl Trejo Delarbre enfatizó la riqueza del pensamiento comunicacional que América Latina está elaborando y robusteciendo.
Asimismo, sugirió ese referencial a las nuevas generaciones de productores e investigadores, como punto de partida
para enfrentar las demandas fascinantes de la sociedad digital.
Vanguardia
Si en los páneles y mesas redondas pontificaron iconos intelectuales legitimados por la comunidad
latinoamericana fue realmente en los grupos de estudios de la ALAIC donde quedaron delineadas las nuevas tendencias de
investigación practicadas por las nuevas generaciones de comunicólogos.
En los 21 grupos de trabajo reunidos en Bolivia y en las 300 ponencias científicas inscritas se mostró claramente
la opción de los jóvenes investigadores en favor del pragmatismo utópico. Esa confirmación está contenida en la
base empírica de la mayoría de los estudios seleccionados, en la naturaleza aplicada de las estrategias de investigación y
en el equilibrio metodológico entre procedimientos cuantitativos y cualitativos.
Hubo una sensible reducción de los trabajos elaborados básicamente a partir de los argumentos de autoridad,
haciendo exégesis de reflexiones extraídas de los textos de autores reconocidos. Comienza a morir el teoricismo ingenuo,
com prometido con la divulgación de tesis o puntos de vista defendidos por autores europeos o estadounidenses, pese a
que continúan actuando sin reserva algunos discípulos deslumbrados por los maestros de más allá del mar (más famosos
aquí que en su tierra natal).
Los grupos de trabajo "Comunicación, tecnología y desarrollo", "Economía política de las
comunicaciones", "Comunicación organizacional y relaciones públicas", "Comunicación publicitaria", "Periodismo", "Medios
comunitarios y ciudadanía", "Internet y comunicaciones mediadas por las computadoras" y "Telenovela y ficción seriada"
demostraron gran potencial de innovación metodológica, creatividad temática y osadía teórica. Es ahí donde se perfila la
vanguardia de las ciencias de comunicación en Sudamérica, despuntando como herederos legítimos de las utopías forjadas por
los pioneros de la Escuela Latinoamericana de Comunicación (ELACOM) en este nuevo milenio.