Televisión, prensa y radio
fueron reflejo de la confusión
Marco Levario Turcott
A veces ocurre que cuando la televisión dice que algo es cierto, entonces es cierto aunque no sea verdad, pero la mañana del 11 de septiembre pasó exactamente lo contrario: la imagen estaba ahí, si bien no parecía ser cierta.
Era espectacular, conmovedora y brutal, como salida de una escena de ciencia ficción y por ello inverosímil. Difundida en todo el orbe, estaba registrando el ataque terrorista más atroz y cruento que hasta entonces hubiera padecido la historia estadounidense y mundial.
Infierno en las torres
Ver, para creer. Pero eso no le bastaba ni a los conductores ni a la teleaudiencia que asistía impávida a
la conmoción de la torre norte del World Trade Center, impactada por un Boeing 767 de American Airlines.
El fuego y el humo que salían del edificio de 110 pisos fueron directamente proporcionales a la
confusión informativa que sobrevendría. "Fue un accidente", reportó Ramón Fregoso al citar sin mayor precisión a fuentes
de medios estadounidenses, aunque enseguida, con cautela y sin quedarse con esa primera versión, el conductor
de Hechos AM de TV Azteca recordó el ataque terrorista que la torre había sufrido el 21 de diciembre de 1988,
cuando estalló un coche-bomba en el estacionamiento de uno de los edificios del WTC.
Mientras, los conductores de
Primero noticias de Televisa se convertían en corresponsales de su corresponsal
en Nueva York: Jorge Berry y Lourdes Ramos le estaban informando a Philip Klint del impacto del primer avión
cuando frente a sus ojos, y sin que ellos se dieran cuenta, chocó otra aeronave en la segunda torre, era un Boeing
767-200 con destino a Los Angeles. Cuando los periodistas se percataron de esto, inmediatamente lo hicieron saber a
su corresponsal en Nueva York: "¡Míralo, míralo, se trata de otro avión, se trata de otro avión!", gritaban. (Más
tarde se incorporarían a las emisiones Leonardo Kourchenko y Joaquín López-Dóriga.)
Ya no había duda, el presidente George W. Bush lo estaba confirmando: es un ataque terrorista y los
periodistas así lo dijeron minutos después. Dice Gutiérrez Vivó que, a través de la radio,
Monitor fue el primero en dar la
noticia. Imposible saberlo e inútil averiguarlo: con diferencia de minutos, en todos lados, la nota daba la vuelta al
mundo y el principal medio para que eso ocurriera fue el televisor. Estaba comenzando una larga, ininterrumpida y
extenuante jornada que, en televisión sin cortes comerciales, tanto en Televisa como en Azteca duraría más de
quince horas desde el primer atentado.
Quince minutos antes de las nueve de la mañana, tiempo de México, otro Boeing 757-200 se estrellaba en
el edificio del Pentágono, en Washington, y diez minutos después cae estrepitosamente la torre sur del WTC. Con
una inverosímil efectividad, los atentados se habían dirigido a los símbolos más conspicuos del poderío económico
y militar estadounidense y parecían haber sido preparados con una sanguinaria precisión para que fueran
conocidos en todo el mundo.
Cuando la torre sur se desploma, en Televisa, Adela Micha dijo que el gobierno estadounidense había resuelto derruirla ante la imposibilidad de sofocar el incendio, mientras en
Hechos AM Ana María Lomelí pregunta
insistentemente por la suerte de los pasajeros de los aviones estrellados hasta que su compañero Fregoso le aclara que, "obviamente esas personas han fallecido". Minutos después, entraron al relevo los conductores Javier Alatorre
y Sergio Sarmiento.
El mañanero un programa de Canal 40 conducido por Víctor Trujillo, quien personifica a Brozo comienza
a transmitir las imágenes de CNN. El señor Trujillo hizo un grosero comentario: "A más de uno se le habrá
aflojado el mastique", señaló. Horas después, cerca del mediodía, en Canal 40, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker y
Pilar Alvarez, titulares de CNI Noticias, comenzaron a trasmitir. Hicieron un esfuerzo por comprender lo que
estaba pasando, pero al igual que todos periodistas y consumidores de medios carecían de elementos para poder
asimilar y explicar lo que estaba pasando. El Canal 22 suspendió dos horas su transmisión habitual para ceder espacio
a imágenes de la televisión de EU y cerca del mediodía, Canal Once organizó una mesa redonda conducida por
Adriana Pérez Cañedo para tratar de entender los acontecimientos. Canal Once hizo varios cortes informativos hasta
que, en el noticiero nocturno, ofreció un recuento de lo ocurrido.
En la torre de Babel
Desde el principio, CNN es la principal proveedora de imágenes a las cadenas de nuestro país y varias
partes delmundo. Son brutales y conmovedoras, pero hubo el cuidado de no transmitir escenas de los cuerpos
ensangrentados, mutilados o derretidos y fundidos con los lingotes de acero.
Los conductores de las televisoras y las radiodifusoras mexicanas se esforzaron en mantener la mesura;
Pearl Harbor era la referencia histórica más socorrida. En general, los medios advirtieron cuando difundían cables
de diversas agencias noticiosas y cuando se trataba de rumores (esto ocurrió, por ejemplo, con la versión de que
habían sido ocho los aviones secuestrados).
No deja de haber errores, y buena parte de éstos son entendibles dado lo inusitado de los acontecimientos.
Sin embargo, resalta la difusión de una especie sin confirmar como si en realidad hubiera ocurrido. José Gutiérrez Vivó dio credibilidad a un cable de CBS y aseguró que otro avión se había estrellado en Campo David, la casa de
descanso presidencial estadounidense. El conductor de
Monitor consultó con su corresponsal en Washington, Dolia
Estévez, la periodista respondió que no tenía datos al respecto, pues las cadenas locales de televisión no registraban
ni informaban nada del asunto. Molesto, Gutiérrez Vivó afirmó que con la infraestructura de Infored recibían
información más puntual y amplia. Como se sabe, en realidad no se dio el ataque que Gutiérrez Vivó aseguró.
Hubo otros dislates aunque sólo llamativos al registro de la anécdota. En el programa
Imagen Informativa, que se transmite tanto en radio como en televisión de sistema cerrado, Pedro Ferriz de Con afirmó que
estábamos asistiendo al comienzo de la Tercera Guerra Mundial y, para demostrarlo, citó un pasaje de las profecías de la
Virgen de Fátima. O sea, que aún no digeríamos los hechos cuando el conductor ya estaba previendo lo que
sobrevendría, amparado en creencias esotéricas que, por cierto, citó mal. El pasaje leído por Ferriz de Con corresponde a
las profecías de Nostradamus. Después, ese conductor sugirió que Iraq estaba "detrás de los atentados".
Los profesionales de la noticia apenas tenían tiempo para advertir y, en lo posible, evitar equivocaciones
cuando, cerca de las diez y cuartode la mañana, los medios informan que el vuelo 93 de United Alrlines, que iba con
destino a San Francisco, se precipita en Somerset, una región ubicada al sureste de Pittsburgh, en el estado de
Pennsilvania. Veinticinco minutos después se derrumba la torre norte del WTC. En Acir, el periodista Guillermo Ochoa
afirmaba que los terroristas habían puesto cargas explosivas en la base de los edificios.
Mientras tanto, la red de redes estaba saturada y, al menos hasta después del mediodía, era muy difícil
acceder a las páginas de las principales agencias informativas, las televisoras y los diarios estadounidenses.
Entre el humo, especulaciones
La mayor parte de las personas, tanto en México como en el mundo, se enteró de todo esto por medio de
la televisión y, particularmente, a través de imágenes difundidas por CNN. En la radio había un esfuerzo
constatable, pero iba a contracorriente del video. Tanto, que algunos periodistas como Leonardo Curzio, titular del noticiero
de radio Enfoque, transmitían haciendo la reseña de lo que observaban en CNN y de lo que esa cadena
informaba. Entrevistado por etcétera, Curzio asegura que, en esos momentos, la prioridad era informar con mesura
aunque él mismo no creyera lo que estaba viendo y relatando en los micrófonos: "Resulta increíble que un grupo
de individuos hubiera atacado un edificio con civiles dentro", dijo. También consultado por
etcétera, José
Cárdenas, conductor de MVS Noticias, sostuvo lo siguiente:
"Como seres humanos más aún que como comunicadores, contemplamos atónitos una y otra vez las
imágenes en televisión de lo que seguramente fue un plan orquestado en parte con ese fin, lograr un impacto increíble
en los medios, una difusión nunca antes vista, hacer ver al mundo en vivo y en directo la vulnerabilidad del
gigante invencible". El periodista agrega: "En radio, para subsanar la carencia de imagen tuvimos que ser muy
descriptivos, muy analíticos, añadir entrevistas, reacciones, opiniones de especialistas que nos ayudaran a descifrar o, al
menos, a comprender un poco lo que estaba pasando".
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Lo que veíamos era doloroso, contundente y dramático (a la incertidumbre sobre la cantidad de muertos
que hubo, varios medios señalaban que en cada edificio derruido laboraban cerca de 26 mil personas). Más
que promover la confusión, los medios eran un espejo de ésta. Junto con las entendibles emociones de los
profesionales de la información hubo un esfuerzo serio por tratar los hechos con mesura: no ofrecieron cálculos sobre el
posible número de muertos ni, como hemos dicho, transmitieron escenas sangrientas o los cuerpos mutilados que
yacían alrededor del lugar que durante casi 30 años ocuparon las torres de Manhattan. Una y otra vez observábamos
cómo se precipitó el primer avión y luego el segundo y luego el derrumbe de una torre y luego el colapso de la otra
y luego... ¿Qué seguiría luego? A través de los medios, los actos terroristas provocaron una incertidumbre mundial.
En la estación de radio La 69, Jacobo Zabludovsky y Nino Canún dan cuenta de los sucesos. Sus notas se
atienen, como la mayor parte de éstas, a CNN TV. Luego de transmitir el mensaje de condolencias del Presidente de
México, como lo hicieron los demás medios, Zabludovsky y Canún continuaron con la cobertura y también
especularon: Jacobo Zabludovsky recordó cuando en 1993 Moamar Kaddafi advirtió que Libia se vengaría de Estados
Unidos mediante un ataque que, "tarde o temprano" haría en contra de ese país. Sin embargo, la más extendida
versión sobre el posible responsable era la que se refería a Osama Bin Laden, el terrorista millonario saudí que, otrora,
al finalizar los años 70, había sido aliado de Estados Unidos en la guerra de Afganistán contra la entonces URSS.
Entre las enormes columnas de humo y polvo levantadas alrededor de los siniestros, había otra cortina
inquietante, que azuzó las especulaciones: ¿dónde está el Presidente estadounidense? Tanto en radio como en
televisión, pero sobre todo en la radio, se afirmaba que George Bush sobrevuela el país resguardado por varios
aviones seis, ocho y hasta diez, se dijo. El mandatario fue trasladado a la base militar de Louisiana, desde donde
grabó un breve mensaje que más tarde sería transmitido a todo el mundo. Visiblemente consternado, Bush condenó
los ataques terroristas y estableció "el compromiso de hacer justicia al pueblo estadounidense". Además, convocó
a los demás países del mundo a declarar la guerra al terrorismo.
¿Ataca Estados Unidos?
Varios minutos antes de las cinco de la tarde, de nuevo, otras imágenes de CNN conmueven al mundo:
Kabul estaba siendo bombardeada y no sabíamos si era por las fuerzas militares estadounidenses. "Al parecer", sí. Ese
fue el término empleado en radio y televisión hasta que, cerca de las seis de la tarde, durante una conferencia de prensa el secretario de la Defensa de EU, Donald Rumsfel, afirma que Estados Unidos no atacaba a Afganistán;
minutos después sabríamos que disidentes del Talibán eran quienes lo estaban haciendo. Inmediatamente después de
dar a conocer la postura estadounidense, el conductor de TV Azteca, Jorge Zarza, vuelve a señalar la posibilidad de
que Estados Unidos estuviera atacando a la capital afgana sin aludir a la declaración de Rumsfel.
La tarde y la noche de ese día terrible transcurrieron con millones de personas frente al televisor o
escuchando la radio. Las cadenas televisivas, sobre todo CNN, consiguieron diversos videos caseros que permitían ver
desde distintos ángulos cuando los aviones se estrellaban en las torres de Nueva York. Una y otra vez, presentadas
como "toma uno, toma dos" hasta la ocho, Televisa transmitió las indescriptibles imágenes. Hicieron lo mismo TV
Azteca, Canal Once y Canal 40; Azteca y Televisa incorporan en sus informativos el testimonio de algunas personas
que estuvieron en los lugares de los atentados. Televisa y Canal 40 aluden sistemáticamente a distintas
producciones cinematográficas donde las torres de Manhattan forman parte de la trama.
Pocos son los espacios que se dedican al análisis, aunque vale decir que para cualquier medio era muy
difícil comprender lo sucedido: el analista Jorge Shabat afirmó en Televisa que "en estos momentos cualquier
hipótesis es posible"; el historiador Lorenzo Meyer vio cómo, pero entronizó los hechos con las gestas protagonizadas
por Francisco Villa en el periodo revolucionario mexicano, y hubo otro analista que deslizó la posibilidad de que
fueran los propios estadounidenses quienes llevaron a cabo los atentados. En radio, Isabel Turrent afirmaba, como lo
hizo también la conductora Rosamaría de Castro en TV Azteca, que todo esto era el inicio de la Tercera Guerra Mundial.
A las diez de la noche, el Canal 7 de Azteca suspende su programación a causa de los sucesos terroristas,
pero con una clara pretensión de lucrar con la tragedia: transmite una cinta que aborda un atentado contra las
Torres Gemelas de Nueva York.
El horror en cuadratines
La conmoción fue de tal magnitud que, aun existiendo más tiempo para el trabajo de la prensa escrita, en
las páginas de los diarios encontramos múltiples errores y distorsiones, cuando no constatamos el afán por darle un sesgo todavía más desolador al ya de por sí contundentemente triste panorama de aquel día.
Todos los periódicos de la tarde y los del día siguiente dedicaron al tema sus ocho columnas y en portada
colocaron una u otra imagen de las torres colapsadas. Sin duda, los diarios reflejaron la sorpresa y la confusión de cada
mesa de redacción. El 11 de septiembre en la tarde,
Ultimas Noticias de Excélsior desplegó:
EU, blanco de guerra y enseguida afirmó: "Arden Nueva York y Washington; Amenazan con estrellar más aviones"; "Ataques al
Pentágono y Campo David". De este modo relata a
etcétera la forma cómo tomó las decisiones el coordinador
editorial de Excélsior y Ultimas
Noticias, Manuel Noguez:
"Entre 9 y 10 de la mañana sostuvimos una reunión editorial; ahí, se evaluó la información, se reflexionó
sobre la gravedad del caso y se tomó la decisión de editar una extra de la extra. Nuestra edición ya estaba en las
rotativas, cuando nos dimos cuenta que un meridiano que acababa de salir
(El Sol de México) nos había ganado la cabeza
de ocho columnas ("Terror").
"Normalmente salimos a las 14 horas, pero en esta ocasión sacamos nuestra extra a las 12:20 y nuestra
edición vespertina normal a las 16 horas. Dejamos un poco de margen para no hacernos la competencia nosotros
mismos. En nuestra edición extraordinaria cometimos algunas imprecisiones, pues la información que nos llegaba de
las agencias era incompleta, contradictoria, había muchas versiones encontradas. Nuestra edición de las 16 horas
nos permitió hacer muchas precisiones."
La Segunda de Ovaciones distorsionó los hechos y cabeceó con una clara connotación sensacionalista:
Ataque terrorista y, en letras rojas,
Arde EU. El rotativo afirma: "Bombardeos a la casa de descanso presidencial; la
Casa Blanca; las torres gemelas; el Pentágono; secuestran aviones; hay cientos de víctimas". En contraportada
difundió: EU en escombros. Así respondió Ubaldo
Díaz, director de las dos ediciones de
Ovaciones, cuando fue consultado al respecto por
etcétera: "Pusimos la palabra 'bombardeos' como una metáfora, como un equivalente, al
ataque al centro financiero, económico, político y militar de Estados Unidos. Además, el hecho nos sorprendió,
pues recibimos un bombardeo de información que nos abrumó".
También en El Universal Gráfico
hubo imprecisiones. Abajo de la cabeza
Terrorismo se lee en los sumarios: "Pánico en EU por ataques de dos aviones contra las Torres Gemelas en Nueva York; uno al edificio del
Pentágono; otro más cerca del aeropuerto de Pittsburgh, y un quinto en Pennsylvania; estallaron carros bombas y por un
incendio fue evacuada la Casa Blanca; se habla de más de 500 muertos y unos dos mil lesionados; el presidente Bush
controla al país desde el Avión Fuerza Aérea Uno; la nación fue declarada en alerta".
Entre los matutinos,
Crónica
fue el único diario que dedicó al asunto una edición extra de 16 páginas. Es la
oferta escrita más mesurada y precisa hasta entonces, aunque no podía dejar de ser el reflejo de la incontable
cantidad de partes informativos tan contradictorios unos de otros.
¿Golpes diabólicos?
El detalle de la prensa escrita lo hace en las siguientes páginas el editor de
etcétera, Julio Chávez. En este
recuento sólo mencionamos algunos aspectos significativos en los diarios del 12 de septiembre. La contraportada de
El Sol de México, por ejemplo, donde el diario publicó una frase de las profecías de Nostradamus:
"En la ciudad de Dios se producirá un gran trueno. Dos hermanos serán destruidos por el caos, y mientras
la fortaleza permanece, el gran líder sucumbirá. La Tercera Gran Guerra comenzará mientras la gran ciudad arde."
El jefe de redacción de ese diario, Mario León Leyva, dice a esta revista que la decisión se tomó "por el
respeto que le tenemos a un compañero de la mesa, que sabe mucho sobre estas cosas, y también porque no teníamos
textos para colocar en las fotografías. Fue un recurso de imagen".
Ese cariz entre esotérico y religioso también lo tuvieron los editores del
Diario de México. "Fueron
golpes diabólicos: Bush", fue el título de una nota de portada de ese periódico. Consultado sobre las razones de
esta cabeza, el subdirector Enrique Novelo Galindo respondió:
"Porque son unos tipos diabólicos quienes realizaron los atentados". Y luego comentó: "Especulamos, pero
creo que es justa la cabeza, se lo merecen, y fue barata. Son unos diabólicos".
Milenio Diario, por su parte, colocó el titular principal
El gran desafío y enseguida publicó el cintillo "Guerra
y crisis mundial". No queda claro a quién o a quiénes y dirigido por quién o quiénes es "El gran desafío", pero
sobre todo, al menos ese día, no había ni guerra ni crisis mundial. El director de ese rotativo sostuvo otra opinión.
Federico Arreola dijo a etcétera que "el desafío es para todos y la guerra y la crisis mundial son evidentes".
La vorágine
Los hechos del 11 de septiembre se sucedieron unos a otros con particular, intenso y conmovedor
dramatismo. Y los medios fueron eso precisamente, el medio para que los terroristas vieran propagadas por el mundo
su incalificable acción, su reto de guerra. No podía ser de otro modo con una de las noticias más conmovedoras
e impactantes de los últimos años. Frente a eso, los profesionales de la información intentaron actuar con
responsabilidad y al menos durante ese día, la mayor de las veces lo consiguieron.
No podía esperarse que del televisor surgieran análisis para comprender la situación, en primer lugar,
porque nadie a través de ese aparato o en la radio, Internet o la prensa podía hacerlo. En cambio, el aparato receptor
fue útil para ver y luego intentar comprender la magnitud de los daños. En segundo lugar, porque era y sigue
siendo imposible abstraerse de las imágenes de los desastres.
El video es el principal atributo del televisor y la conversión de casi cualquier cosa en espectáculo una de sus
más destacadas debilidades, pero en esta ocasión no se requirió de montaje o exageración alguna; las imágenes,
como suele decirse en otras ocasiones, aunque nunca como ahora con mayor sustento, hablaron, hablan por sí solas.
No hubo un solo diario que, en la tarde de ese día o en las horas siguientes, dejara de publicar esas imágenes.
Tampoco hubo un solo conductor de radio que no quisiera describirlas.
Ahí seguirán aquellas conmovedoras e indignantes escenas. Son el registro de uno de los peores momentos
de la historia mundial y como el hecho más inesperado al que hubieran enfrentado los medios de comunicación en
los últimos años. Sus alcances todavía no los podemos divisar siquiera, pero en relación con los medios sí
podemos afianzar la idea de que están para transmitir ésta o cualquier otra tempestad con la mayor calma posible. En
general, en esta ocasión, no mostraron el rostro inquietante del sensacionalismo.