Ealy, el Padrino
Hubo una vez, hace casi diez años, que el dueño de un diario encabezó la más fuerte cruzada de fin de siglo
en favor de la libertad de expresión y contra el terrorismo fiscal. Y lo hacía en defensa de sí mismo, pero también de
los otros "porque mañana puede ser cualquier otro periódico". La epopeya inició la noche del jueves 12 de
septiembre de 1996, cuando la PGR encarceló a Juan Francisco Ealy Ortiz por evasión y defraudación de impuestos.
En aquel entonces, el propietario de
El Universal denunció al gobierno porque, según él, éste urdió la
acusación en su contra con el objeto de censurar la línea crítica del rotativo que, por cierto, nunca en su historia se ha
caracterizado por enfrentarse con la administración presidencial en turno, al contrario.
El caso es que Ealy Ortiz pagó la fianza de 14 millones y medio de pesos y salió de la cárcel entre vítores de
sus empleados que así daban la bienvenida al nuevo centinela de la libertad de expresión. Más tarde reconoció su
adeudo, no así el haber defraudado al fisco, y gracias a los cuantiosos anuncios de publicidad de la Secretaría de
Hacienda sus gastos fueron menores a lo esperado. Además, poco a poco fue prescindiendo de los colaboradores que
había contratado en la estratagema de su denuncia contra el gobierno federal.
Un par de años después, y como parte de la novedosa causa en favor de la libertad de expresión,
El Universal se opuso férreamente a la iniciativa que, para reformar la ley de medios, promovían, entre otros, los diputados
Javier Corral y Porfirio Muñoz Ledo. Es, sustancialmente, el mismo esfuerzo legislativo que seis años después ese
diario apoyaría con la misma intensidad. Pero entonces, octubre de 1998,
El Universal denostó al proyecto -le llamó
"Ley Mordaza"- y también a sus promotores a quienes una y otra vez insultó. El 26 de octubre festejó el fracaso de
esos diputados: "Desechan diputados iniciativa de 'ley mordaza'", desplegó con la victoria en todo lo alto, o sea, en
ocho columnas.
Años después, sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar y la memoria a languidecer en el mundo
del pragmatismo y de los intereses que justifican las luchas renovadas y a los aliados insospechados. Juan
Francisco Ealy Ortiz quiere concesiones de radio y no está dispuesto a dejar pasar la afrenta de los más poderosos
empresarios del ramo que se oponen a la competencia y que buscan perpetuar la concentración de medios y por eso su
diario apoyó la intentona de reforma que un grupo de senadores impulsó desde mediados de 2004 hasta los primeros
meses del año pasado, entre otros, su articulista Javier Corral.
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Foto: Nelly Salas/Cuartoscuro |
Ahora
El Universal es el padrino de la causa, y para defenderla también emplea recursos periodísticos
muy cuestionables, como lo hemos visto aquí y como lo veremos en las siguientes ediciones. Más allá de sus
insumos éticos, la fuerza del medio ha sido fundamental para contener la ley promovida por Televisa y es, aceptamos,
un activo político central y un foro decisivo para los principales promotores de una ley integral que ponga en el
centro la función social de los medios. Pero ello no implica recordar y subrayar quién es el ciudadano Ealy.
La aspiración empresarial del dueño de
El Universal es legítima y debiera corresponder con una ley moderna
de radiodifusión, pero se trata de eso, intereses económicos y no convicciones políticas los que determinan la
línea editorial del diario. Ya veremos hasta dónde llega, en relación con sus recursos periodísticos, para defender la causa.
etcetera