Las filtraciones son parte del ejercicio periodístico.
Lo son como recurso muy cuestionable que niega al público el derecho a conocer la fuente desde la cual se da la información y también porque, al emplearse
sin parámetros éticos y profesionales, "la fuente anónima" llega a ser muletilla para justificar lo que en realidad es una exposición de juicios propios (y
entonces método de chantaje de diversa índole).
Pero las filtraciones también son parte del periodismo porque la transparencia pública no es común en sociedades como la nuestra (aquí al lado hay un
pormenorizado ejemplo) y porque los intersticios de la disputa por el poder no siempre son claros (eso explica cómo fueron difundidos los permisos de operación de casinos y
casas de apuesta).
Ante eso, en vez de admoniciones debemos partir de que no hay fuente desinteresada. Y entonces plantear lindes éticos -que expresen cuando se trata
de información obtenida de manera anónima o cuando el periodista acordó confidencialidad por razones que también debe exponer- y profesionales -valorar
la utilidad pública de la noticia, verificarla y difundir el punto de vista de los actores involucrados-.
El grito en el cielo
En junio y julio hubo algunas posturas al respecto. Coincidimos con ésta de Jorge Fernández Menéndez:
"Muchos, en los últimos tiempos, aquí y en todo el mundo, han renegado de la utilización de fuentes confidenciales y de las filtraciones a la prensa. Éstas son
una realidad y sin aquéllas, sin buenas fuentes confidenciales, y públicas, nadie puede hacer periodismo serio, de fondo, de investigación. La diferencia está en
cómo utilizarlas (...) y de la tarea (...) de confirmar la información por otros medios. Eso es lo que en muchos casos no se hace hoy, y se confunde la investigación con
la simple filtración (...) y por eso se cometen tantos errores"
(Milenio, 6/VI/05).
En cambio, Héctor Aguilar Camín sostiene en un artículo publicado en algunos medios internacionales y luego en
nexos (julio, 2005):
"Lo cierto es que en la relación de Felt y el
Post no hay grandes lecciones de transparencia pública. Sin embargo, los efectos duraderos del
affaire fueron transparentar la vida pública estadounidense (...) La paradoja es ésta: medios deleznables pueden conseguir fines admirables; procedimientos turbios, como
la filtración políticamente interesada, o la complicidad de periodistas ambiciosos con informantes secretos pueden conducir a revelaciones claves, a cierto
control público sobre los daños inherentes a la continua conspiración de grupos que es la materia misma de la política."
La palabra deleznable, según el diccionario de la Real Academia, es algo 1) "que se rompe, disgrega o deshace fácilmente"; 2) "que se desliza o resbala
con mucha facilidad", y 3) "poco durable, inconsistente, de poca resistencia". Si algo se ha demostrado es que la filtración a la que alude Aguilar Camín no se
deshizo ni fue fugaz. Pero si lo que quiso el historiador fue emplear un término peyorativo al acto de filtrar, le faltó análisis: como sabemos, no hay fuente filantrópica,
como no lo fue aquella que -con "procedimientos turbios" y contando con "periodistas ambiciosos", dentro de "la continua conspiración de grupos que es la
materia misma de la política"- hizo difundir una conversación telefónica entre los hermanos Adriana y Raúl Salinas, por lo que Aguilar Camín señaló a Carlos Salinas
como delincuente.
Semanas después, José Woldenberg fijó su postura:
"Cuando no se dice la fuente de información, algo muy importante se le está escamoteando al lector, al radioescucha o al televidente. (...) reservarse la fuente
es un acto antinatural del periodista serio y profesional"
(Reforma, 14/VII/05). El carácter concluyente de Woldenberg evita el matiz que permite
comprender circunstancias. A mediados de julio, por ejemplo, la Secretaría de Gobernación entregó a la Cámara de Diputados información sobre la expedición de permisos
para casas de apuesta y, sin decir por qué, la dependencia dijo que había datos confidenciales. Repetimos, no se expusieron las razones de reserva. Días después,
los medios difundieron algunos de esos datos y la vía fue la odiosa pero imprescindible filtración en este caso. Como aquí en
etcétera señala Miguel Ángel
Granados Chapa: las filtraciones son "comprensibles en determinadas circunstancias".
Usted disculpe
El 24 de junio en
Milenio, Ciro Gómez Leyva coincide con el texto de Aguilar Camín; lo considera "de lectura obligada en redacciones y universidades". Dice
que "es un artículo que motiva la construcción mental de un texto complementario que, en mi caso, abriría con la pregunta de por qué en México nos resistimos a
debatir sobre las filtraciones".
(etcétera lo convocó a ese debate pero él lo eludió.) Igual que Aguilar Camín, Gómez Leyva considera a las filtraciones como
"deleznables", a pesar de que muchas veces él mismo se ha apoyado en ellas. Veamos un caso que podría estar en las redacciones y las universidades como un ejemplo de lo
que no debe hacerse.
El 20 de junio el articulista da por hecho una encuesta (no la identifica, sólo dice que es interna, del PAN) en la cual destaca el crecimiento en las
preferencias electorales de Alberto Cárdenas. Pero tres semanas después, reconoce que tal cosa surgió de una filtración: "Funcionarios de primer nivel en el gobierno federal
nos dijeron por separado a algunos periodistas que...". La pregunta es por qué no lo citó así en su primer artículo.
Luego dice: "Di por válida la información (...) Después supe que la encuesta 'muy sólida' estaba siendo atribuida a GEA/ISA". También dice que buscó a
GEA/ISA y Arcop, "la otra empresa a la que se le atribuía la paternidad de la medición" y le dijeron que no era cierto el "gran salto" de Cárdenas. Es decir, Gómez
Leyva verificó después lo que debió haber hecho antes de escribir para no equivocarse y luego tener que ofrecer "una disculpa por mi ingenuidad"
JChS y MLT