Francisco Báez Rodríguez
Siempre son interesantes los duelos directos entre las principales televisoras. Trátese de una telenovela,
un noticiero, un programa de concursos, un reality
show o una emisión deportiva.
En ocasiones, la rivalidad llega a ser tan grande, que importa más el
share relativo de la emisión que su
audiencia bruta o sus niveles de comercialización.
Dichos duelos son una extraña fuente de adrenalina para los involucrados, desde el más alto directivo hasta
el más humilde ayudante de producción. Consciente o inconscientemente, los jefes buscan oportunidades para
esas confrontaciones.
Un caso reciente fue la emisión
Big Brother VIP III, capítulo 2, cuyo principal objetivo no fue, como algunos
creen, la exposición pública del diputado Kawaghi, sino robarle algo de
share a la tercera generación de
La Academia.
Big Brother VIP era una emisión que iba a la baja, pero los ejecutivos de Televisa consideraron que era lo
mejor que podían ofrecer para enfrentar a la emisora del Ajusco. Al parecer, prefirieron, jugando "a la griega",
absorber una pérdida paulatina, pero esperada, de rating, que arriesgarse a intentar algo nuevo y terminar de perder
una ventaja que disminuía a ojos vistas. Si de eso se trataba, les salió bien.
La Academia, a la alza, nunca pudo alcanzar a
Big Brother, a la baja.
El agarrón que viene es el de los Juegos Olímpicos de Atenas. Las Olimpiadas son sucesos en los que
ambas televisoras echan la casa por la ventana. Como ya Televisión Azteca ha ganado en rating alguna vez, Televisa
adoptó la estrategia de Irán en su guerra contra Irak: enviar ataques masivos de infantería.
El ejército de Televisa incluye a una gran cantidad de ex deportistas (no por ello mejores narradores) y a
pelotones de comediantes. Están, por supuesto, Víctor Trujillo y Eugenio Derbez. Está, inevitablemente, el
Compayito. No contenta, la televisora de Avenida Chapultepec envía a los elencos completos de
La Parodia y La Hora Pico. Fuego graneado que apunta a todos los grupos sociodemográficos. Por si algo faltara, también
llevan reporteros de información general.
Azteca también hará uso de ex deportistas (no por ello mejores narradores), tendrá su carta fuerte en
Andrés Bustamante (que es muy muy chistoso cada dos años) y se acompañará de los peluches y de los irregulares
cortometrajes del grupo que comanda Jesús Ochoa.
A diferencia de lo sucedido en Sydney, el horario de Atenas permite que la transmisión nocturna estelar no
corresponda nunca a un acontecimiento en vivo. Esto dará todavía más espacio a los comediantes. Es posible que
sean ellos, más que la cobertura deportiva en sentido estricto, quienes determinen quién gana el agarrón.
Es una lástima que sea así, al menos para quienes amamos el deporte. De seguro también será una lástima
que, en la búsqueda de la audiencia por los caminos trillados, una parte excesiva de la transmisión deportiva se la
lleve el futbol. No importará que nos hayamos dado una retacada futbolística con las finales de la liga, la Eurocopa y
la Copa América. Y si los equipos mexicanos avanzan, peor.
En cualquier caso estaremos mucho peor que en la vieja Yugoslavia, donde un televidente común puede
ver basquetbol, volibol y waterpolo en la emisora local, handball, tenis y ping pong en la croata, remo en la
eslovena, lucha y boxeo en la macedonia, halterofilia en la búlgara y un montón de deportes más en Eurosport.
Y estaremos mucho mejor que en Estados Unidos. Muchos consideran que la edición de la NBC a sus
imágenes es la peor de todas.
Supongamos que una competidora de Estados Unidos es favorita para los clavados femeninos de plataforma.
Si fuera japonesa, mexicana o italiana, veríamos toda la final en nuestros países, con unas cuantas
interrupciones comerciales.
En Estados Unidos, en cambio, la NBC mostrará los primeros clavados de la gringa y de su rival más
destacada, pausa comercial, luego una historia larguísima acerca de la casa, la familia y el perro de la clavadista (mientras
más cursi, mejor), más comerciales y aparecería el conductor mostrando otra victoria estadounidense en algún
deporte poco espectacular (tiro, por ejemplo), la ceremonia de medallas, un
close-up del tirador con el himno y la
bandera de EU como fondo (si se le salen las lagrimitas al medallista, mejor), luego más comerciales, la última ronda
de clavados y un rápido movimiento a otro deporte, pues la gringa "solamente" obtuvo plata.
Si la competencia constaba de 72 saltos (12 competidoras por ocho clavados), en Japón, México e Italia vimos entre 40 y 60. En Estados Unidos vieron 15, cuando mucho.