Antulio Sánchez
George Orwell expuso en su extraordinaria novela
1984, que el Big Brother era una pesadilla y un método.
Para Orwell, el Gran Hermano era la máxima expresión a la que puede llegar una dictadura, que erosiona la
intimidad y pulveriza la libertad; todo ciudadano queda así, controlado a distancia por una policía secreta que se camufla
en amistades y vecinos, que acaba con cualquier reducto de privacidad. Esa pesadilla orwelliana parece que en
Estados Unidos dejó de ser una ficción.
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Fotocomposición: Alejandro Mascarúa |
Después de varios meses de hablar del ya famoso Total Information Awareness System (TIAS), por fin fue
aprobado en noviembre del año pasado por George Bush. El TIAS está respaldado en una amplia y sofisticada red de
equipos de cómputo, redes electrónicas, bases de datos y equipos biométricos. Dicho sistema de espionaje da amplia
libertad a las fuerzas policiacas para intervenir en la vida privada de los habitantes de Estados Unidos, de quienes visiten
esa geografía y de los que tengan intercambios de mensajes electrónicos o postales con cualquier persona o
empresa de esa nación.
El TIAS tiene sus antecedentes en el triunfo electoral conservador que llevó, en noviembre de 2000, a Bush
a la Presidencia, con el cual se empezaron a gestar las ideas que erosionaron las libertades cívicas de los
ciudadanos estadounidenses; esta situación se recrudeció con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y
anuló cualquier debate democrático, en su lugar quedó un ramplón patriotismo que tiene gran eco en buena parte de
la sociedad de ese país.
La vigilancia del TIAS no se dirige a los sospechosos de estar implicados en actos delictivos, sino a todo
ciudadano de esa nación. La amplia red de bases de datos electrónicas ya previamente establecidas será la que permita,
junto con otras nuevas, llevar un control de los ciudadanos, cubrir una amplia gama de aspectos y movimientos de su
vida diaria. Cada compra efectuada vía tarjetas de crédito, sistemas escolares de todos los niveles, cada sitio que
los usuarios visiten en Internet, todo mensaje electrónico remitido o recibido, venta de boletos y todo acto que
pueda ser registrado electrónicamente servirán para conformar una gran base de datos sobre el comportamiento de
los ciudadanos de EU, algo que ninguna sociedad ha conocido hasta el día de hoy.
Se espera que el TIAS entre en marcha en octubre del presente año, cuando operen de lleno los 170 mil
empleados que laboran en lo que será un megaministerio de seguridad, que contará con un presupuesto de 137 millones
de dólares en fondos estatales para 2003. El TIAS depende de Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación de
Defensa Avanzados www.darpa.mil) a través de la Awareness Office (www.darpa.mil/iao) que es la entidad donde
también están integradas 22 agencias federales como el Servicio Secreto e Inmigración y Aduanas o la Guardia Costera.
Al ser independiente del FBI y CIA, la presencia del TIAS hará que la vigilancia a la ciudadanía sea mucho mayor,
pues habrá tres grandes estructuras que seguirán cada uno de los pasos de 300 millones de estadounidenses.
Por si fuera poco, esta instancia fue desarrollada por el controvertido almirante John Poindexter, que en
su currículum figura ser un ex convicto con cargos que incluyen destrucción de documentos, mentir al Congreso
y obstruir la justicia durante el escándalo Irán-Contras por vender misiles a un Estado considerado terrorista
y financiar ilegalmente a la Contra de Nicaragua.
Por lo pronto ya se aprestan a colaborar las grandes empresas de cómputo en el TIAS, lo cual seguramente
vendrá a renovar al alicaído sector de las nuevas tecnologías. Pero el manejo de esta impresionante cantidad de
información, no asegura que el gobierno estadounidense pueda salir airoso, y el mejor ejemplo de ello es la ineficacia de
sus estructuras de seguridad que, a pesar de toda su infraestructura tecnológica, fueron incapaces de evitar los
ataques terroristas del S-11.
La experiencia ha demostrado la incapacidad de los sistemas de seguridad estadounidenses para procesar
grandes volúmenes de información, que por el exceso pueden terminar por anularse o ser caldo de cultivo para la
práctica hacker. Lo peor está en que eso puede no afectar a los terroristas o delincuentes que se las ingenian para burlar
los controles, y sí perjudicar a inocentes. Lo cierto, pues, es que malos vientos soplan en la ya de por sí
maltrecha privacidad de los ciudadanos estadounidenses y de quienes intercambiamos información con ellos o empresas
de ese país.