Los medios mexicanos tomaron
distancia de los estadounidenses
José Antonio Gurrea C. y
Marco Levario Turcott
El otro atentado
Los bombardeos de Estados Unidos contra Afganistán han sido cubiertos por los medios mexicanos con una
útil distancia respecto de los estadounidenses, los cuales, al menos durante los primeros diez días que siguieron a
los atentados terroristas mostraron un talante ético y profesional que, aun no exento de errores e inexactitudes,
no exageró la ya de por sí brutal agresión.
Como sostiene Raúl Trejo Delarbre páginas adelante, un ejemplo de aquello fue la determinación editorial
de no transmitir imágenes de sangre o dejar de hacerlo cuando el descontrol de las primeras horas generó
descuidos. Dominique Wolton comentó al diario francés
Liberatión que eso "debería dar una lección a los medios
occidentales, que no dudan en enseñar masacres cuando se producen en
Ruanda".1
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Foto: El País |
Entre la supremacía informativa de la CNN y las definiciones editoriales de las cadenas de televisión de
nuestro país, en México recibimos una oferta periodística que intentó, y en buena medida lo consiguió, ser responsable
y mesurada. Esto pasó durante los días siguientes a los atentados hasta el discurso del presidente George W.
Bush ante el Congreso estadounidense, donde éste fija una coordenada que, a la postre, determinaría la actitud de
buena parte de los medios de su país. El que no coincida con los esfuerzos de la Unión Americana en su lucha contra
el terrorismo, dijo el mandatario el 20 de septiembre, está del lado de los terroristas.
Desde entonces a la fecha, los medios resaltan la lucha del "principal exponente de la libertad, que es
Estados Unidos", según afirmó George W. Bush en aquel discurso. "La nueva guerra de América" fue la consigna, más
que un capitular para englobar la información, por la que optó CNN y luego usó "América contra el terror". CBS lo
hizo del siguiente modo: "América contraataca". Y junto con eso, como se documenta en varios textos de esta
edición de etcétera, los medios de ese país han omitido, distorsionado u ocultado información incluso, en aras de
apoyar al presidente Bush.
"En este periodo patriótico, las divergencias se vuelven discretas", afirmó
The New York Times en su editorial del 28 de septiembre. Y sostuvo más: "El sentimiento de orgullo nacional que se ha extendido por el país, tras
los atentados del 11 de septiembre, plantea una vez más el debate sobre el equilibrio entre seguridad del
Estado, libertad de expresión y
patriotismo".2
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Foto: Newsweek |
En ese contexto, tras la transmisión en directo por parte de las cadenas estadounidenses de imágenes
satelitales de su homóloga árabe Al Jazeera, con un mensaje pregrabado de Bin Laden y sus allegados, el 10 de octubre
el gobierno de Washington pidió a los medios electrónicos y un día después a los impresos que no difundieran
en directo los mensajes de Al Qaeda y los examinaran antes de decidir "lo que se debe hacer", pues "podrían
contener mensajes encubiertos sobre nuevos ataques terroristas a Estados Unidos". De esta forma se desanudó la tríada
que menciona
The New York Times: los medios optaron por el patriotismo y aceptaron la censura sustituyendo
muchas veces la información por la propaganda, a la nota sobre las víctimas del 11 de septiembre por el
encumbramiento de los nuevos héroes estadounidenses que, para lograr "justicia infinita", surcaron aire, mar y tierra rumbo
a Afganistán.
La política de George W. Bush y el patriotismo de los estadounidenses perpetraron un atentado de orden
distinto, contra la libertad de expresión. Eso ocurre en el país desde donde generalmente se critican acremente las
cortapisas a la libertad de prensa, sean éstas reales o supuestas, que ocurren en el resto del mundo. Una paradoja:
la recomendación de la Casa Blanca fue fustigada ampliamente por los medios de comunicación mexicanos
que incluso hablaron de una especie "de macartismo del siglo XXI".
El imperio contraataca
El 7 de octubre inició el ataque militar contra Afganistán. Contrario a la nitidez informativa que presenciamos
el 11 de septiembre, los medios estadounidenses muestran la agenda de su Presidente al que apoyan en todo,
y minimizan, cuando no ocultan, la magnitud de una ofensiva que ha dejado varios cientos de civiles muertos en
aquel país asiático.
No en balde la ira que ha desatado Al Jazeera entre los círculos políticos estadounidenses. Esta cadena de
Qatar se ha hecho famosa de la noche a la mañana por ser la única fuente de información que transmite desde
Afganistán y que, por tanto, emitió las únicas imágenes en vivo del comienzo de los ataques de Estados Unidos
contra Afganistán. Esta emisora, contrario a las recomendaciones del gobierno estadounidense "de una cobertura
más mesurada", ha hecho énfasis en los daños infligidos a civiles afganos, así como en las posturas de los talibán y
Al Qaeda, y en las declaraciones de Bin Laden, que esta televisora cobra hasta en 20 mil dólares el minuto a las
redes noticiosas de todo el orbe, ávidas de contar con los comunicados del hombre más buscado. Esto ha puesto
en entredicho la supremacía de los medios estadounidenses en el mundo.
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Foto: El País |
En este contexto, las dos principales cadenas de tv mexicanas dejaron de tener a la CNN como su
principal proveedor de información y en busca del equilibrio también han optado por presentar las imágenes de Al
Jazeera y otras cadenas. Además de que han hecho esfuerzos por ofrecer una versión propia del conflicto con varios corresponsales en la zona de la conflagración. Así, tomaron distancia de la definición editorial de los
medios estadounidenses, particularmente Televisa (en menor medida también CNI Canal 40 y Canal Once) ha sido
muy crítica del gobierno de Washington.
TV Azteca no ha podido (o querido) afianzar una postura clara al respecto: transmite imágenes de Bin Laden
o reseña la postura del talibán, pero al mismo tiempo su corresponsal en Washington, Armando Guzmán, es
una correa transmisora de las posturas del gobierno de Estados Unidos, al que no critica ni contrapone con una
opinión contraria a la de Bush. Cuando ese reportero sale a cuadro, enfatiza que las víctimas de todo esto han sido
nada más los estadounidenses. Incluso, en su primer día de transmisión desde Mazar-i-Sharif (Afganistán), lo
primero que dijo fue "esta guerra es contra el terrorismo" y no mencionó que, por error, las fuerzas estadounidenses
habían bombardeado un asilo en aquel país árabe (23/X/01).
El espejo mexicano
Los medios en el mundo han sido particularmente prolíficos para referirse y denunciar la censura informativa
del talibán, pero no han sido tan enfáticos para abordar la censura o autocensura de los medios
estadounidenses. Aunque en México, en general, se ha observado un sentido de búsqueda periodística y un trabajo ceñido a
parámetros de veracidad y equilibrio informativos, naturalmente con excesos y omisiones en algunos de éstos (los revisaremos más adelante).
El vicepresidente de Información Internacional de Noticieros Televisa, Leonardo Kourchenko, expresa a
etcétera que su empresa busca un equilibrio informativo, no estar cargados hacia ningún lado, pero también denunciar
la doble moral estadounidense. "No hay que olvidar que ellos armaron a los talibán", advierte el periodista.
Kourchenko comenta que en Televisa "no hemos recibido petición alguna para no difundir ciertas imágenes ni estamos
de acuerdo con algún tipo de censura. Nosotros transmitimos íntegro el polémico mensaje donde Bin Laden
advierte a los estadounidenses que no tomen aviones, que no vivan en edificios altos". El directivo de esa televisora
afirma que hasta el 19 de octubre pasado (cuando se le entrevistó), la cobertura informativa le había costado a la
empresa 800 mil dólares. Dice también que Televisa tiene cuatro enviados que trabajan cerca de la región, incluida la
primera reportera que transmitió para un medio mexicano desde Afganistán, Kasia Wyderko. "Entrar a Afganistán fue
muy difícil", enfatiza.
Por su parte, el director de Información de TV Azteca, Sergio Sarmiento, señala que es inaceptable la censura
que el gobierno de Estados Unidos ha emprendido contra los medios de ese país. Dice que Azteca no ha aceptado
ningún tipo de limitaciones. "Cuando ha sido pertinente continúa Sarmiento hemos seguido difundiendo las
imágenes de los atentados contra las Torres Gemelas, así como los mensajes íntegros de Bush o Blair o también los de la
otra parte". Luego comenta que Azteca tiene como fuente de información tanto a CNN como a Al Jazeera, para
lograr mayor equilibrio noticioso. Enseguida, sostiene Sarmiento: "Es falso que hayamos sido alarmistas con el
problema del ántrax. Quienes afirman eso creo que no han visto la información que hemos presentado. Hemos
brindado contextos y hecho énfasis en que se trata de una psicosis en Estados Unidos y que los riesgos son mínimos
en México". Para el periodista las principales dificultades que ha tenido la televisora han sido dos: el problema
para entrar a la zona de Afganistán tiene cerca de la región a tres reporteros y los costos, cuyo monto preciso
dijo desconocer.
La guerra en el papel
Si tomamos la política exterior mexicana como referencia de la actitud de los medios de comunicación
mexicanos, podemos decir que éstos, en general, han cuestionado el planteamiento de apoyo incondicional a Estados
Unidos, encabezado por Jorge G. Castañeda, secretario de Relaciones Exteriores, y hecho énfasis también en la ausencia
de propuestas de la cancillería para ofrecer salidas a la tensa situación mundial. Una de las defensas más
enfáticas, aunque aisladas, que se ha hecho del titular de la SRE, ocurrió en el programa vespertino de Radio
Fórmula, conducido por Eduardo Ruiz Healy. Este dijo que por "conveniencia" México debe apoyar a Estados Unidos
(9/X/01).
Un día después de iniciada la ofensiva de Estados Unidos y Gran Bretaña,
Milenio Diario la caracterizó en su
titular principal como
Venganza, mientras que en varios artículos se criticó la decisión del presidente Bush, lo
mismo ocurrió en
La Jornada, que en su editorial condenó el ataque: "Sin más elementos de prueba que sus
propias afirmaciones, Washington bombardeó y arrasó, ayer, aeropuertos y oficinas de Afganistán y comenzó,
negándose previamente a dialogar con las autoridades del talibán, la fase militar".
Esas posturas contrastan con los medios de comunicación estadounidenses. Tomemos en cuenta un
reciente informe de Reporteros Sin Frontera (RSF), donde se detalla sobre varios despidos de periodistas que no han
coincidido con la política de George W. Bush. RSF destaca:
"El 23 de septiembre de 2001, Les Daughtry Jr., propietario desde hace diecisiete años del
Texas City Sun, tomó la pluma para excusarse ante sus lectores por un artículo publicado por uno de sus redactores jefe, Ron
Gutting, que en un artículo titulado 'Bush no ha estado a la altura para dirigir al país', publicado al día siguiente de
los atentados, criticaba la actitud y las decisiones tomadas por el presidente norteamericano. Entre otras cosas,
había escrito: '(el Presidente) vuela a bordo de su avión a través de todo el país, como un niño amedrentado que
busca refugio en la cama de sus padres después de una pesadilla'. Días después Daughtry escribió en la primera plana de su periódico: 'Presento igualmente mis excusas a todos los líderes de nuestro país, y muy especialmente al
presidente George W. Bush por haber publicado un artículo tan mal inspirado y tan poco apropiado que sólo puede
suscitar cólera y disgusto'. Ron Gutting, reporta RSF, fue despedido, sin más formalidades, del principal diario del
estado de Texas, feudo de la familia Bush."
En el trajín del conflicto
Consultado por esta revista para conocer su opinión sobre el trato informativo que los medios mexicanos
han dado a la crisis mundial desatada luego del 11 de septiembre, el escritor y analista político mexicano, Luis
González de Alba, dice que esto "ha ido de lo abominable, como alguna 'Rayuela', notas, cabezas y opiniones en
La Jornada, en un extremo, o, en el extremo opuesto pero no menos abominable, los primeros comentarios del Canal 13,
más editoriales que informativos y llenos de tonterías indignadas (las bombas en el sótano, por ejemplo), hasta
el tratamiento con cabeza un poco más fría (que mucho no se puede), pero con más datos y menos adrenalina,
de Reforma o La
Crónica".3
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Foto: Newsweek |
En el amplio y variado mosaico informativo mexicano, insistimos, hay disposición por cubrir los
acontecimientos con distancia, mesura y equilibrio periodístico. En ese esfuerzo por tener una visión propia destaca
La Crónica de Hoy,
diario que desde mediados de septiembre envió a dos reporteros a la región del conflicto (Rubén Cortés
y Hermenegildo Castro). A finales de ese mes,
El Universal
hizo lo propio con un integrante de su redacción
(Jaime Hernández), y desde mediados de octubre
Milenio Diario cuenta con los servicios de Eduardo Febbro, reportero
del diario argentino
Página 12, y
La Jornada, a su vez, con los de su corresponsal en Moscú, Juan Pablo Duch,
quien envía sus despachos desde la zona del conflicto a partir del 22 de octubre. Por su parte, Infored tiene a dos
enviados en la zona (hasta mediados de octubre eran tres), mientras Radio Fórmula y el programa noticioso
De una a tres, de Radio Centro, cuentan cada uno con los servicios de un enviado. El resto de los medios trabajan, en algunos
casos, con corresponsales y, en su mayoría, tienen como referencia a las agencias informativas internacionales, junto
con opiniones que, en general, equilibran la información, exceptuando los programas conducidos por Gutiérrez Vivó
y Eduardo Ruiz Healy, que apoyan (casi) por completo las acciones estadounidenses y la postura del
gobierno mexicano al respecto. (En el programa radiofónico de Joaquín López-Dóriga, transmitido por Radio Fórmula, hay
una definición editorial muy crítica acerca del presidente George W. Bush.)
Dos botones de guerra
Entre los medios mexicanos destaca, insistimos, la cobertura informativa de
Crónica, debido al trabajo
realizado por Rubén Cortés y Hermenegildo Castro, sus enviados a la región del conflicto (sobre todo, creemos, el
primero). El 2 de octubre, por ejemplo, Cortés obtuvo una entrevista con Hamid Mir, el biógrafo de Osama bin Laden,
quien dijo al reportero que el líder de Al Qaeda le aseguró que él no había sido el que perpetró los atentados en
Estados Unidos. Luego, Cortés reseñó documentos de inteligencia de Pakistán, donde se asegura que Bin Laden se
oculta en una cueva antinuclear.
Adicionalmente, el diario que dirige Pablo Hiriart ha ofrecido diversas crónicas sobre los ataques
perpetrados contra Afganistán, haciendo énfasis en las condiciones de vida de la población y, sobre todo, exponiendo el
drama de la guerra que, en general, los medios cubren con el manto negro y unas luces entre azul y moradas para
informar que Kabul está siendo agredida. De esta forma nos hemos enterado de asuntos tan indignantes como lo son
los errores militares que han provocado la muerte de cientos de personas inocentes o cómo la comida lanzada
desde los portaviones estadounidenses no puede ser aprovechada por los afganos en virtud, primero, de que no saben
leer inglés y, segundo, de que tienen miedo de que esté envenenada. Los trabajos de los diarios
Reforma y El Universal, y en fechas más recientes de los enviados de
Milenio y La Jornada, también han apuntado en esa dirección e
incluso destacado los errores militares multimencionados. (Aunque es significativo que un periódico con tantos
recursos como los que tiene Reforma no tenga, no al menos hasta el 23 de octubre, un reportero enviado a la región.)
En los seres de carne y hueso, en su sufrimiento y desesperación cuando no su muerte, es donde puede y
debe desarrollarse un trabajo periodístico que no sólo no cuente con la prevalencia de sentimientos patrióticos o
ideológicos de otras vertientes, políticas o religiosas.
La Jornada, sin embargo, es el ejemplo mismo de cuando
la definición ideológica pervierte a la información, al grado tal de que, más allá o junto con su
sentimiento antiestadounidense, ha distorsionado las noticias. Tomemos como ejemplo la edición correspondiente al 12
de octubre.
El periódico dirigido por Carmen Lira Saade colocó en su titular principal:
Asombra a George Bush el odio hacia Estados Unidos en el
mundo. Abajo están los subtítulos: "Calcula que la nueva guerra durará, por lo menos,
toda su presidencia"; "Afirma que si el Talibán entrega a Bin Laden evitaría más ataques"; "Convoca a estar alerta
pero invita a 'regresar a la vida normal'".
Sin embargo, en el despliegue de la información se lee algo distinto a lo que sugiere la cabeza de la nota.
George W. Bush declaró estar "asombrado" de que "algunos en este mundo odien tanto a Estados Unidos"; eso no es
lo mismo que intentar resaltar, como lo hicieron los editores de ese periódico, que el mundo odia a Estados
Unidos. Pero la distorsión informativa más señalada es que el presidente de Estados Unidos no dijo que "la guerra
durará, por lo menos, toda su presidencia". Tomando como base la información que dieron tanto los medios electrónicos como los impresos, Bush dijo que la guerra contra el terrorismo "podría llevar meses o hasta un año o dos".
Estas fueron las ocho columnas de
Crónica: La guerra puede durar uno o dos años:
Bush.
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Cuadro elaborado por Ruth Esparza Carvajal |
"La guerra durará, por lo menos, toda su presidencia", además de ser una distorsión informativa, tiene la
clara intención de advertir que el mandatario estadounidense pretende continuar con los bombardeos durante
mucho tiempo y minimiza la postura de Bush, quien ese mismo día afirmó que "si el talibán entrega a Bin Laden
evitaría más ataques". En una edición anterior, el caricaturista Rocha dijo que tanto el líder de Al Qaeda como el
mandatario estadounidense son "almas gemelas". Esa ha sido la definición editorial de
La Jornada, aunque subrayando más en las críticas a George Bush (recordemos que en el editorial del 12 de septiembre, ese diario deslizó la posibilidad
de que los ataques hubieran sido perpetrados por extremistas estadounidenses y también cuando ese periódico
pretendió justificar los actos terroristas como algo provocado por la política internacional estadounidense. (Ver
etcétera, número 12.)
Preliminar corte de caja
Quizá el patriotismo estadounidense ciertamente, no como único factor ha definido la oferta de los medios
de aquel país. Quizá los medios mexicanos, ajenos a ese sentimiento, han tenido la motivación de ir más allá del
cerco informativo o de la censura o la autocensura en ese país, e incluso pronunciarse contra la política de George W.
Bush y el apoyo que éste ha recibido del gobierno de México. Lo que hasta ahora constatamos es que salvo algunos
casos no hay una escalada de amarillismo ni aun cuando desde el 10 de octubre comenzaron a conocerse los casos
de contagio por ántrax en Estados Unidos. Falta el empleo de más recursos financieros y periodísticos, sobre todo
en los medios que cuentan con éstos y que en otras ocasiones han destacado por la información que ofrecen. Son
los casos de Monitor o Radio Fórmula, en el cuadrante, y de
El Universal y Reforma en la letra impresa. Televisa
ha incurrido en algunos errores señalados, como la asociación directa entre el mundo musulmán y los terroristas
o cualquier delincuente, incluso mexicano (ver la página 16 de esta edición). En tanto, la mayor parte de los
reportes de TV Azteca, a pesar de tener varios enviados en la región, reseñan los boletines de las agencias
internacionales a los que podemos tener acceso sin necesidad de viajar tantos kilómetros.
* * *
Noticias abundantes y variadas
Jorge Carpizo
Los medios de comunicación mexicanos han proporcionado información muy amplia sobre los hechos
ocurridos en Nueva York el 11 de septiembre. A través de la televisión pudimos contemplar gran parte de los mismos en
los momentos cuando estaban aconteciendo. Varios medios han enviado reporteros a los lugares donde las
acciones están sucediendo. El mexicano ha tenido y tiene acceso a información abundante y variada.
En mi criterio, los elogios y las críticas que se pueden realizar a la manera como la información se ha
difundido por diversos medios, no varía en esencia de la forma cotidiana en que cada uno de ellos acostumbra enfocar
la noticia. No contemplo más amarillismo ni sensacionalismo en aquéllos cuya línea informativa se basa en éstos.
No contemplo más superficialidad ni frivolidad en los medios que suelen serlo. No contemplo más "ideologización"
de la noticia que aquélla con la cual algunos medios suelen comprometerse.
En estas semanas he escuchado, contemplado y leído reportajes serios, artículos reflexivos, programas con
ideas y debates que incitan a meditar con cuidado los problemas que se han agravado desde el 11 de septiembre.
Estos se encuentran en los medios que generalmente actúan con profesionalismo y principios; los que cuentan
con colaboradores que poseen categoría intelectual y ética.
Hasta ahora en nuestro país casi no existe un debate entre libertad de expresión y seguridad nacional,
entre censura y autocensura. Hasta donde conozco cada medio ha actuado e informado con plena libertad. El
gobierno, cuando menos públicamente, no ha solicitado matiz alguno de autocensura. No obstante, el debate puede y va
a presentarse, ya se encuentra en varios países, especialmente en Estados Unidos.
En México, nuestro marco constitucional al respecto es preciso y está contenido en los artículos 6 y 7 de la
ley suprema, los cuales señalan la extensión de las libertades de expresión y de prensa y las únicas limitantes
que pueden sufrir. La censura previa no existe. Estas libertades no pueden ser restringidas ni vulneradas por el
poder público. En caso de que aconteciera una emergencia nacional en los términos del artículo 29 de la propia
Constitución, la misma tendría que ser calificada por el Congreso de la Unión, el cual establecería las modalidades
para superarla. Es evidente que los hechos del 11 de septiembre afectan muy gravemente a México desde diversos
ángulos. No obstante, se está lejos, y espero que así continúe, de la necesidad de la aplicación del mencionado
artículo 29.
De esta manera, las libertades de expresión y de prensa operan y deben operar en nuestro país de la misma
forma que antes de los trágicos sucesos de aquel día. No más, ni menos.
Desde luego, es saludable que entre nosotros se impulse el debate serio respecto del derecho a la
información y los acontecimientos mundiales actuales como en el caso de la guerra contra el terrorismo.
Jorge Carpizo es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
* * *
Información "aliada" con los medios
Bernardo Díaz Nosty
El 11 de septiembre creímos sentir un extraño espejismo de la realidad, no querer creer el espectáculo
televisivo y buscar refugio en la ficción con la que, tantas veces, los medios construyen los acontecimientos. La insistencia
con la cual los noticieros repitieron la información nos fue sacando de dudas.
Los medios acostumbrados a ser correa de transmisión de instituciones y núcleos de poder no supieron, en
la mayoría de los casos, reaccionar con criterio propio ni tampoco osaron reclamar el derecho a la información
más allá del cerco de controles, prevenciones, cautelas y advertencias de Estados Unidos. Fue el triunfo de los
voceros oficiales, de los comunicados institucionales, de un coro de opiniones clónicas que redujo el alcance de la
información a un discurso monocorde.
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Osama Bin Laden |
Durante el periodo del primer impacto y a lo largo de los días de búsqueda de vida bajo el infierno de
Manhattan sur, la CNN administró la información, calificó los acontecimientos, se convirtió en la referencia casi única de
los medios, participó ante la opinión mundial en la articulación estratégica de los "aliados". Y, como referencia,
hubo poco más que la CNN.
En una segunda fase, cuando los bombardeos sobre Kabul estaban llamados a repetir las noches de Bagdad y
la pirotecnia de la Guerra del Golfo, la CNN perdió la proximidad proverbial de sus objetivos y entró en escena
Al Jazeera, la emisora de Qatar, por la que se asomó al mundo Bin Laden. Washington entendió que apariciones
de esta naturaleza, cuando se recrudecía la dialéctica de confrontación en Medio Oriente, daban poder mediático,
de interlocución, a quien se había convertido en el enemigo número uno de Estados Unidos, hasta el extremo de
poder erigirlo en una especie de Che Guevara del mundo islámico.
La información ha jugado un papel determinante en la evolución de la crisis. Cuando se anunció el comienzo
de las operaciones, se advirtió también del carácter limitado del espectáculo, de la escasa visualización de la
guerra. Más tarde, se entendió que era necesario levantar el telón de la escena y convertir la marcha de las tropas en
un instrumento de gratificación de una opinión pública con necesidad de estímulos. Y empezaron a
"liberarse" imágenes placebo, noticias otorgadas, ajenas a la cultura del periodismo democrático.
La información, muy controlada, escasamente gestionada por los medios, adquiere un nuevo papel cuando
se abre la crisis del ántrax. Aquí, esa información ya no contribuye a eliminar incertidumbres sino que desata la
psicosis de la inseguridad, de la amenaza permanente, del terror. La sorpresa se viste de miedo y la incertidumbre
provoca pavor. En el choque del "futuro" con la "edad media" se descubren otras contradicciones que se escapan a la
visión más confortable del espectador de esta orilla.
No es fácil imaginar las carencias informativas de la población afgana, antes y después del conflicto. Sus
incertidumbres, sus miedos, su marcha por los caminos de la huida y del exilio. Puede suponerse que muchos
afganos hayan sabido de la guerra por el estruendo de los bombardeos y no por los medios, cuando desde esta orilla
se avanzaban los horarios del espectáculo. En Afganistán no sólo se prohibió la televisión "pagana" por los
talibán, sino que las condiciones orográficas definían amplias sombras a los escasos recursos radiofónicos. Esta es la
otra cara de la realidad: la cara más cruel de la miseria.
Bernardo Díaz Nosty es director del Departamento de Periodismo de la Universidad de Málaga, España.
* * *
Gimnasia y magnesia
La agencia Reuters prohibió a sus editores y reporteros usar la palabra "terrorista" para referirse a los
responsables de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Steven Jukes, directivo de esa agencia, envió un memorándum a su equipo de comunicadores donde justifica
que tal medida es necesaria "para evitar prejuicios o dar un sesgo a la información". Jukes señala en ese oficio
interno (hecho público en The Washington
Post por Howard Kurtz, analista de medios) que "un individuo calificado
por algunos como terrorista puede ser en realidad un luchador por la libertad, por lo que Reuters sostiene el
principio de que no utilizará la palabra terrorista". Aduce también que "no desea arriesgar la seguridad de su equipo
de trabajo en Gaza, Medio Oriente y Afganistán". Vaya un ejemplo de esa política editorial: un reciente despacho
de Reuters describe los atentados como "sucesos que ocurrieron después de que aviones civiles se impactaron
contra los rascacielos". Como si las aeronaves se pilotearan solas.
En un artículo aparecido en
National Review, John O'Sullivan, editor en jefe de UPI, hace una fuerte objeción
a la política de Reuters: "Las causas de los terroristas se confunden con sus métodos. Un terrorista es un hombre
que mata indiscriminadamente, que no distingue entre inocentes y culpables ni entre soldados y civiles. El (Jukes)
debe emplear el término terrorismo poner bombas en restaurantes o secuestrar aviones y estrellarlos contra edificios
de oficinas se trate de una mala o de una buena causa. Por sus métodos un terrorista debe ser siempre
condenado, aun si por su causa es genuinamente un luchador por la libertad con la cual simpatizamos".