Comentarios a al pie de la letra
Estimable señor Gurrea:
Este lector disfrutó mucho su artículo "A todos los que quieren y aman la lengua" en
etcétera de abril. Me pareció muy necesaria su intervención para exhibir la lamentable pobreza en el uso del lenguaje que se sufre en casi
todos los medios, especialmente electrónicos.
Ya entrados en deportes y como estamos en plena temporada de beisbol, lo invito a sufrir con los
increíbles estacazos que a nuestro lenguaje le propinan los cronistas de Televisa (Pepe Segarra, Antonio de Valdés y
Enrique Burak) durante las transmisiones de juegos de los sábados desde las 12 horas en Canal 9.
Un saludo cordial de Juan Acevedo Magdaleno.
Sr. Gurrea:
Gracias por su artículo sobre barbarismos (y demás), en este caso en
Reforma.
Le cuento: hace muchos años trabajaba con don Silvio Zavala, el gran historiador. Me encargó un texto y le
colé un "evento". Pero antes consulté el diccionario y el diccionario aprobaba "mi" acepción.
Cuando don Silvio vio mi engendro, me dijo que no era correcto y yo, con todo respeto, le mostré el
diccionario. Su reacción: "Sí, pero a don Alfonso no le gustaba esta palabra". Excuso decirle que la lección me ha durado
toda la vida. Y la alergia a los "eventos" también. (Evidentemente que su don Alfonso era Reyes.)
O sea: tiene usted razón. A veces el uso que se hace de algún término puede "ser correcto", pero queda la
cuestión del buen gusto... y varias otras.
Cordialmente,
Fernando Macotela, director de la Feria del Libro del Palacio de Minería.
Sr. Gurrea:
Disfruté mucho su artículo sobre
Gran Hermano, otro mal endémico que sufrimos en la Argentina. Y sabe
una cosa: en relación con el empobrecimiento del vocabulario una tendencia mundial, supongo en mi país se da
un fenómeno curioso, que es la connotación de una misma grosería con decenas de significados según el contexto.
Por ejemplo, boludo puede significar "no te puedo creer", "imbécil", una forma amistosa de llamar al otro, etcétera.
Un abrazo porteño,
Emilio Fernández Cicco (revista
Noticias Argentina).
José Antonio:
Si bien es cierto que muchos narradores de futbol deshacen el lenguaje, estoy en desacuerdo con la mayoría
de tus observaciones, que me parecen demasiado puntillosas. Casi todas son realmente ejemplos del español
hablado cotidiano. Para mí, los únicos gazapos notables son los de Bermúdez (conservaciones) y Alonso (el terrible mal
uso de "adolecen").
Francisco Báez Rodríguez.
De José Antonio Gurrea
Dice Francisco Báez que la mayoría de mis observaciones en el texto sobre futbol y narradores son
demasiado puntillosas. De acuerdo con la Real Academia, una de los significados de puntilloso es el de una persona que es
muy minuciosa..., "a veces hasta la exageración, en lo que hace". Considero, sin embargo, que en el escrito aludido
no hay exageraciones sino casos concretos del mal uso del lenguaje.
No creo y aquí van sólo algunos ejemplos precisos de lo que digo que se trate de una exageración advertir
del mal uso cotidiano de la palabra "serio", vocablo que por influencia del inglés
(serious) se utiliza, desde hace
algún tiempo, para hacer alusión al estado de una enfermedad o dolencia, cuando en español se refiere más bien
al cáracter de una persona. Tampoco creo que esté de más señalar que "americano" no es, aunque también sea
muy utilizado, gentilicio de una persona nacida en EU; ni que "con base a" sea lo correcto, puesto que todas las
cosas se llevan a cabo con fundamento en algo, no
a algo.
No hay duda de que esa laxitud en la que muchos incurren, so pretexto de que se trata del "español
hablado cotidiano", ha contribuido al deterioro de nuestro idioma.
José Antonio Gurrea C.
Estimados editores de
etcétera:
Por un momento creí que iba a perder la oportunidad de suscribirme a
etcétera con el descuento de 50%
ofrecido por ustedes en su edición de junio.
Lo primero que encontré fue la mención de la palabra Presidente con mayúscula en el segundo párrafo de
la página 2 ("Sí, crisis en La
Jornada"), pero ya sé que me iban a alegar que así se escribe cuando se refiere a
alguien en concreto cuyo nombre se omite. No estoy de acuerdo con ello si fuera el caso, y menos cuando en el artículo de José Antonio Gurrera (sic) hay un comentario sobre el anacrónico uso de las mayúsculas en el diario
Reforma, pero preferí ahorrarme esta vez la polémica y me olvidé de la suscripción.
Pero donde ya no tengo duda de que me van a buscar para tomar mi suscripción a mitad de precio, es en el
texto del citado autor Gurrera (sic), quien incurre en un error ortográfico al omitir el necesario signo de interrogación
al final del penúltimo párrafo de la página 29.
Por lo demás, en el ejemplo que está al principio de la página 31, sí queda claro que se trata del actual
entrenador. En caso contrario tendría que decir el ex entrenador. Pero en cambio no tiene lógica suponer que todos
sabemos quién es ese señor La Volpe. La sola construcción del párrafo del ejemplo, sin mayor contexto, no basta
para relacionar entre sí más que por un dudoso sentido común los elementos manejados en él.
Los felicito por el contenido (desde siempre) de la revista
etcétera, de la que seguiré siendo fiel lector; en
lo sucesivo, supongo, a mitad de precio.
José Antonio Aspiros Villagómez (revistófilo).
Respuesta de la Redacción
Cierto, en
etcétera utilizamos la palabra Presidente en mayúsculas cuando nos referimos al jefe del
Ejecutivo federal, pero omitimos su nombre. No se trata, como supone el lector, para indicar respeto o reverencia. Como
se consignó en al pie de la letra de mayo (cuyo autor, por cierto, es José Antonio Gurrea, no Gurrera), las altas
tienen, entre otros usos, una función diacrítica; es decir sirven para dar a una palabra un valor distintivo que al lector
le permita distinguir, aun sin contexto, que se está hablando del Presidente de la República, no del presidente de
la Canacintra o el presidente de la CIRT.
En relación con la aposición equivalente o explicativa "el entrenador de la selección de futbol, Ricardo La
Volpe, aseguró que México ganará el Mundial..." la regla es así de simple: "el entrenador de la selección de
futbol"; equivale a "Ricardo La Volpe". Es decir, La Volpe se escribe entre comas, pues es el único entrenador de la
selección mexicana de futbol; si hubiera varios no habría aposición e iría sin comas, como podría ser el caso de un
integrante de ese mismo representativo nacional: "El jugador de la selección de futbol Rafael Márquez fue llamado a
la concentración que iniciará mañana". Aquí no hay equivalencia, pues Márquez es un jugador más de la
selección y no podemos establecer el acuerdo tácito de que nos referimos precisamente a él.
Respecto del signo de interrogación, el lector está en lo correcto: es un error.
N. de la R.: cartas resumidas.