Ernesto Villanueva
El debate sobre la reforma a las leyes federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones que sigue vivo
en el país, a pesar del proceso electoral, es un caso que merece una reflexión a la distancia. Y, por ello mismo, ubicar las cosas en su justa dimensión. Más allá de maniqueísmos efectistas que pretenden ver las cosas blancas o negras, no
con diversas tonalidades de gris, como la política y la vida misma han estado, están y estarán construidas.
Primero. A los miembros del área jurídica y de relaciones públicas o personas cercanas al entorno de la principal empresa de medios electrónicos, Televisa o de algunas empresas de telecomunicaciones, se les acusa de responsabilidad en esta iniciativa y hasta su presunta confección. Aquí valdría la pena preguntarse: ¿debían los cabilderos y abogados de Televisa hacer otra cosa? Quizá, en atención a los cánones de la ética pública pudieron hacer algo más, pero, ¡bienvenidos a la realidad!, su primer interés no es el espacio público, sino las mejores condiciones para bien de la empresa privada para la que trabajan. En esa misma línea: ¿hay responsabilidad porque los representantes de Televisa hayan cumplido su cometido? Ninguna desde el punto de vista legal, aunque moralmente pueda fincárseles todo tipo de faltas si se desea. Recuérdese que en México no existen leyes que regulen el cabildeo o lobby. Desde otra perspectiva: ¿debía Televisa cuidar el interés público? No jurídicamente. Si bien alguien podría decir que el artículo 5o de la hoy reformada Ley Federal de Radio y Televisión dispone que los medios electrónicos "procurarán" cumplir cuatro funciones sociales, también habría que decir que se trata de una norma imperfecta, retórica y sólo aspiracional. En consecuencia, no hay sanción civil, administrativa o penal alguna para que Televisa sólo cuide y nada más sus intereses de dominancia comercial por más mezquindad, inequidad, injusticia y falta de solidaridad con los mejores intereses de México que cualquiera pueda ver, incluido el autor de estas líneas.
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Ilustración: Kim Stratford |
Segundo. En los proyectos de vida, así como en la construcción de políticas públicas y nuevas normas jurídicas, las cosas se miden por resultados. Si las cosas se hicieron en cinco minutos sin ningún esfuerzo o con mucho trabajo y horas de cansancio, sacrificio y convicción es exactamente lo mismo. Los resultados son el único referente objetivable que separa la meta del fracaso en los propósitos buscados. En esta pugna por la reforma de las leyes de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones hay, por supuesto, ganadores y perdedores. En la batalla legislativa, Televisa ganó con la ley en la mano, con los vacíos que el régimen normativo no prevé, y su falta de interés por todo aquello que no se traduzca en pesos y centavos para su bien.
Tercero. Los responsables no son los representantes de Televisa. Hicieron su trabajo, cumplieron supropósito para el cual fueron enviados a la arena pública. El problema está en otro lado, en el Congreso de la Unión. Aquí sí no hay opción que valga. Los senadores y diputados formalmente representan la voluntad popular y esa voluntad nunca se expresó para que se aprobara una reforma en los términos en que fue hecha. Los legisladores por esa razón perdieron ante la opinión pública. Dicho sea de paso, esta experiencia debería ser aprovechada por quienes creen que es necesario que el actuar de los representantes y el sentir de los representados vayan por un mismo sendero para formar un movimiento social de recepción crítica de medios, que por el método de aproximaciones sucesivas acote los amplísimos márgenes de actuación de los medios electrónicos ante la ausencia de la conciencia crítica de la sociedad en movimiento que tanta falta hace al país.
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Ilustración: Alp Capa |
Ayunos de argumentos, los legisladores aceptaron pagar el escarnio público. Sin duda, debieron haber orientado su voto por el interés de la sociedad y hacer las reformas de la minuta que la razón y la revisión de la legislación comparada aconsejaban. ¿Por qué actuaron como actuaron los legisladores? Acaso por pragmatismo electoral, por cuentas vencidas personales o partidistas y/o por ilusas cuentas por cobrar a Televisa, con la esperanza que al último muere la esperanza de no estar fuera del erario, ahora que la actual legislatura llega al final de su ciclo.
Cuarto. Los escasos legisladores que se opusieron a los designios del nuevo censor y diseñador central de
la agenda pública, los medios electrónicos, principalmente Televisa, convencieron, pero no vencieron. Dieron
lecciones de moral pública y personal, pero la aritmética les fue adversa. El recurso constitucional presentado por un
número legal y suficiente de senadores para evitar que se consume la reforma socialmente reprobable será la última
batalla, por ahora. No se trata, sin embargo, de una disputa sólo jurídica, sino política. Se pondrá en juego la capacidad
de independencia y de sentido de pertinencia y oportunidad de la Suprema Corte de Justicia para actuar frente a
los nuevos actores políticos: el Presidente electo, el Congreso de la Unión y, por supuesto, la habilidad para negociar y presionar de Televisa, que de "cuarto" poder, la realidad indica que es el primero, salvo prueba en contrario. Es de esperarse que en esta batalla no prime la razón de la sinrazón de la política real y que el interés público tenga cabida, aunque sólo sea caso de excepción. ¿Será posible?