En los medios, casi todos fueron Marcos
Marco Levario Turcott
El 25 de febrero inició la caravana zapatista la cual, luego de visitar varios estados, arribó a la ciudad de México el
11 de marzo. Esa acción política definió los tiempos y determinó los discursos de otros actores. Hacemos un corte hasta
el 22 de marzo, que es cuando la Cámara de Diputados, con la oposición del PAN, resolvió que un integrante del
EZLN ocupara la tribuna del salón de plenos de los legisladores.
El profeta desarmado
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Foto: Fernando Santos Rosas |
Desde el anuncio de la marcha rebelde comenzó a generarse un contexto favorable a la causa zapatista y a su
principal figura emblemática. Por primera vez en siete años, por ejemplo, las dos principales televisoras del país
contraviniendo a lo que habían informado durante estos años promovieron un acto por la paz en Chiapas y con esto aceptaron que
había guerra. Es decir, se hicieron eco de los señalamientos y los amagues del líder principal de los rebeldes.
El concierto fue una oportunidad para que aquellas empresas se presentaran aliadas contra la pretensión
gubernamental de reformar la ley de medios, mandando una señal al Presidente: es mejor estar juntos frente a las vicisitudes
nacionales que acabar confrontados. La otra cara de la misma moneda fue cuando ambas televisoras decidieron no transmitir
la caravana al Zócalo de la ciudad de México, porque en su silencio se mostró un desplante de poder, aunque también
se hizo patente la inconsistencia de su supuesta convicción pacifista y su anunciada preocupación por los indígenas
de Chiapas.
Cuando los rebeldes llegaron al Distrito Federal, Televisa y el semanario
Proceso convinieron que Julio Scherer
García entrevistara al subcomandante.
Más allá de la señalada contradicción del mítico periodista quien durante varias
décadas fustigó incansable a la empresa de Chapultepec y ahora se presentó frente a sus cámaras pudimos observar a un
hombre atrapado en las redes del carismático líder rebelde. Scherer no ocultó su simpatía por Marcos, como no lo hicieron
varios intelectuales y periodistas del país que celebraron (casi) cualquier ocurrencia del
subcomandante y hasta aconsejaron, como lo hizo José Saramago, que éste no tuviera confianza en el Presidente.
En el rejuego mediático abundaron los aplausos y faltaron las reflexiones.
Fox, aliado de Marcos
La estrategia gubernamental buscó tender puentes de comunicación y varias veces hizo planteamientos
coincidentes con el EZLN (el único barrunto más o menos señalado fue cuando la Cruz Roja Internacional no aceptó la invitación
de los zapatistas para protegerlos en su larga caminata. Como se sabe, Marcos afirmó que el gobierno mexicano influyó
en aquella negativa mientras que el Presidente desmintió aquella presunción).
El 7 febrero, el Presidente dijo que estábamos a unas semanas de resolver el conflicto chiapaneco y, aunque no
precisó en qué afianzaba la certeza (sólo dijo que él sabía las cosas por adelantado), llevó a cabo una política donde
incluso determinó que entre él y Marcos había una alianza. El gobierno hizo lo posible para llegar a un acuerdo con los
zapatistas, incluso a costa de contravenir la visión que el PAN planteó al respecto, como ocurrió con la aceptación presidencial
de promover tanto la iniciativa de ley de la Cocopa como la presencia de un representante del EZLN en la tribuna
del Congreso.
Todos por la paz
Los diarios no sólo no fueron ajenos al contexto político que aludimos. Al contrario, se hicieron partícipes de
la obcecación mediática tanto del Presidente como de Marcos.
La Jornada continuó con la definición editorial
mostrada casi desde que comenzó el conflicto, mientras que otros rotativos dieron un vuelco, como es el caso de
El Heraldo, que siempre apoyó la definición presidencial de administraciones anteriores y que incluso promovió el uso de la fuerza
como método para dirimir la situación en Chiapas.
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Foto: Mario Aldana |
Ahora, el rotativo fue aquiescente con los zapatistas, aunque siempre defensor del Presidente, como se mostró en
su editorial del 20 de marzo (y días antes, cuando defendió las propuestas de Vicente Fox). Una vez conocido el
planteamiento del EZLN de regresar a Chiapas porque los legisladores no aceptaban que ocupara la tribuna del Congreso,
El Heraldo sostuvo que esa era expresión más de intransigencia de los zapatistas: "Lo que parece olvidar Rafael Sebastián Guillén Vicente o quien quiera que sea el 'subcomandante' es que, ciertamente, la Cámara de Diputados no
es un club, pero el acceso a su tribuna sí es exclusivo y está restringido". Días después, con la oposición del PAN,
los diputados votaron en favor de que un integrante zapatista ocupara la tribuna en el salón de plenos.
El Heraldo de México no dedicó editorial al respecto (20/III/01).
Excélsior intentó tener distancia respecto del gobierno, aunque en todo momento reconoció el esfuerzo de
Vicente Fox para dirimir la tensión generada por la visita del EZLN a la ciudad. Este publicó en su editorial del 20 de
marzo: "Promesa tal vez a la ligera, la hecha en campaña por Fox no ha encontrado la interlocución esperada". Por su parte,
El Universal respaldó completamente al gobierno en la definición política que tuvo al respecto, aunque junto con
unomásuno y Reforma, fue el único en resaltar la tensión que hay entre el Presidente y el PAN, debido a las diferencias antes dichas en este artículo.
Ejemplos más o menos, cada uno fue parte de un entorno mediático proclive al acuerdo con el EZLN. El jueves 22
de marzo, poco antes de que se conociera la resolución de los diputados en relación con que un representante de los rebeldes tuviera acceso a la tribuna, el coordinador parlamentario del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, advirtió irritado: "Ni
Marcos ni Fox mandan en la Cámara de Diputados". Más tarde se conoció la resolución favorable a la demanda zapatista (el
PAN votó en contra) y, con esto, la resolución del EZLN de quedarse en la ciudad de México.
Ahora es previsible que, si ese entorno mediático continúa, la iniciativa de ley indígena de la Cocopa, promovida
por el gobierno y alentada por el EZLN, sea el nuevo dique con el que hagan su trabajo los legisladores y un aspecto más
dentro de las diferencias que hubo en este episodio, entre Acción Nacional y el presidente Fox.
(Días después, el Presidente dijo que la encomienda que tiene es incompatible con su militancia, aunque
también expresó su convicción partidista y su apego a los principios y el programa de Acción Nacional. Afirmó que en el
camino de hacer un México mejor "vamos juntos" el PAN y el mandatario. Sin embargo, queda el riesgo de que quien con
todos se alía con alguien queda mal y eso ya sucedió, al menos en lo que se refiere a las diferencias entre la política
adoptada por el blanquiazul en relación con la del Presidente.)
¿Blancas palomas?
Desde el inicio de la caravana fueron conociéndose las actitudes groseras que tuvieron con la prensa los
filozapatistas italianos llamados monos
blancos. Empero, fueron escasos los señalamientos que, al respecto, cualquiera creería
que deben provenir de parte de los periodistas. Pongamos un escenario llano y claro: si los profesionales de la
información hubieran sido agredidos por la escolta de algún funcionario del gobierno, seguro habríamos presenciado un aluvión
de críticas enorme. Pero como en el caso que aludimos se trató de individuos que apoyan la causa zapatista, los
periodistas no expresaron mayor desaveniencia.
El colmo, empero, fue cuando el 16 de marzo varios reporteros de la radio y la prensa fueron agredidos física
y verbalmente por aquellos monos blancos. Radio Fórmula y Multivisión, junto con algunos diarios como
Reforma, El Universal y Milenio señalaron el asunto.
La Jornada apenas lo abordó.