Francisco Báez Rodríguez
Hace unos días, la reportera Solange García de El Universal realizó una encuesta entre "expertos", para que opináramos sobre la cobertura de los Juegos Olímpicos en las principales televisoras.
El Universal nos pidió dar una medalla (de oro, plata o bronce) a cada empresa en las siguientes categorías: 1. Humor-comicidad; 2. Crónica (deportiva y de especiales); 3. Comentaristas; 4. Reportajes; 5. Tomas propias (cobertura con sus propias cámaras y propuesta de temas originales), y 6. Líder especialista en deportes, además de otorgar al final una medalla a la cobertura en general.
Ésta es una visión ampliada de mis respuestas. Debo de haber visto unas cien horas de transmisión olímpica. Aproximadamente 55 en Azteca y 45 en Televisa.
1. Humor-comicidad
Medalla de oro para TV Azteca.
Televisa, sin medalla.
Ésta es la única categoría en la que hay una diferencia abismal, pero sólo por Andrés Bustamante. El Güiri Güiri y su equipo estudian el terreno, preparan con cuidado sus personajes (siempre hay uno nuevo), y sus sketches e intervenciones. Además, el Güiri Güiri es muy hábil para la improvisación.
Con Bustamante, Azteca tenía suficiente. Pero hizo agregados innecesarios y de calidad muy cuestionable (un imitador amateur, unas caricaturas vulgarísimas y aburridas).
No sé si calificar de humor los cortos presentados por Jesús Ochoa y Rodrigo Murray. Ellos han de saber perfectamente que sólo había dos buenos (los repitieron hasta la saciedad), mientras que otros pecan de pretenciosos y, la verdad, no tienen qué ver nada con el deporte, que era el supuesto leitmotiv.
La apuesta de Televisa resultó, a mi gusto, fallida, excesiva y demasiado basada en el albur simplón. Prefirió la cantidad que la calidad. Derbez y Chaparro estuvieron perdidos. Víctor Trujillo sigue siendo el mismo cuando interpreta a la Beba Galván y al Charro Amarillo, pero Brozo ahora es Líder de Opinión (y aspirante a poeta ante una "Afrodita" tan improbable, que tal vez ése sea su nombre artístico). De los demás, mejor ni hablar (creo que esbocé una sonrisa con la imitación que hace Angélica Vale de María Félix).
La naufragada sección de León Krauze nos exhibe que no por mostrar frescura al escribir ensayos sobre la sociedad estadounidense se convierte uno, automáticamente, en humorista.
Por lo demás, Tachidito es todavía simpático. El Compayito es una invitación a cambiar de canal, al igual que los chavos de La Academia.
La crítica que recibieron las televisoras fue que, en sus transmisiones olímpicas, hubo un exceso de "comicidad".
La excusa es simple: atrapemos al público "antideportivo", a la señora que ama La parodia y La Academia. Aunque siempre andamos tras el nicho específico de mercado, ahora, aunque el nicho sea muy grande, busquemos "a la familia reunida" porque invertimos mucho (entre otras cosas mandando un ejército de reporteros,
animadores, cómicos y cantantes a Atenas).
2. Crónica (deportiva y de especiales)
Medalla de oro para TV Azteca.
Medalla de plata para Televisa.
De hecho fue una contienda cerrada, donde Azteca tenía un ventajón histórico y Televisa estuvo a la altura a su competencia en varias disciplinas.
Ambos equipos de base son profesionales y competitivos. De Valdés, Burak y Segarra, como base de Televisa. Faitelson, Garay y Rosique, de Azteca.
Es, sin duda, el área en donde más ha mejorado Televisa, que entendió la necesidad de contratar y también de capacitar especialistas deportivos.
Televisa igualó en gimnasia, con Claudia Esteva (Bart Conner es un comentarista nato, pero los intérpretes dan güeva y a Nadia Comaneci apenas le sacaban monosílabos). Casi lo logra en clavados, donde la diferencia era abismal, y ya no lo es gracias a Mari Jose Alcalá (a diferencia de Girón, que aprende muy despacio y se va por las ramas) y a que Luis Niño de Rivera tiene en Cristina Millán un lastre que ve como buenos todos los clavados y le impide "destapar el pomo de las esencias". Empató en taekwondo con Mónica del Real. Encontró una onza de a libra en Georgina González, de volibol. Superó ampliamente a Azteca en box, con el Finito López y sus análisis (Julio César Chávez resultó un simple animador barriobajero). Fue superior en natación, con el Borrego Armando Sánchez. Fue competitiva, aunque no mejor, en básquetbol (Azteca debió extrañar a Pepe Espinosa) y resultó inferior, pero dignamente, con Martínez Veloz frente a Villicaña y Alcalá en ciclismo.
Azteca, además de las ya mencionadas, fue claramente superior en futbol (hoy por hoy, Cristian Martinoli es quien mejor narra los partidos) y tuvo un mejor plus en "El Vasco" Aguirre. En atletismo, prefiero a Toño de Valdés tal vez el cronista deportivo más completo del país que a Enrique Garay, pero Carl Lewis resultó un petardo, Camacho ayudó, pero Silva, Canto y Mercenario aportaron poco y, en cambio, siempre fue una delicia escuchar a Raúl González, Jerzy Hausleber y Tadeusz Kempka. Leo Lavalle, en tenis, estuvo correcto.
3. Comentaristas
Medalla de bronce para ambas.
En acontecimientos como éstos es difícil separar el comentario de la crónica. Me referiré, entonces, a los comentarios fuera del evento, en los programas especiales.
Creo que ambas televisoras estuvieron bien a secas. Con Azteca, como es su tradición, más del lado crítico, yendo un poco más a la raíz de los problemas del deporte. Sin embargo, Azteca a veces peca de estridencia.
Por ejemplo, creo que la entrevista a Nelson Vargas tocaba el fondo del problema deportivo del país, pero José Ramón no dejaba ni hablar a Nelson.
Televisa, en cambio, peca de simplificadora. Aunque no es tan complaciente como en el caso del futbol, le falta garra y profundidad. Y salvo un par de comentarios en su análisis del relevo estadounidense, Lewis fue una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo.
4. Reportajes
Medalla de plata para Televisa.
Medalla de bronce para TV Azteca.
Televisa ha mejorado mucho respecto a ediciones anteriores. El archivo, muy al día, de Ricardo Salazar; las explicaciones técnicas, y las leyendas olímpicas fueron secciones bien reporteadas.
Azteca tuvo magníficos "colores" de algunos miembros de la delegación mexicana y los tradicionales de Faitelson.
Pero ambas están cayendo, cada vez más, en el tipo de reportajes que hace abominable la transmisión de la NBC para la tele abierta de Estados Unidos. Largos rollos sentimentaloides. Los previos de Ana Guevara me parecieron excesivos. Los trabajos posteriores a la medalla de Belem Guerrero, de una cursilería que da pena ajena. Igualmente excesivo el foco que se le da a la familia del atleta que está en competencia. Si el llanto del papá de Jesús Mena y las frases inolvidables de la humilde mamá de Noé Hernández dieron rating en su momento, entonces hay que buscar a las familias a como dé lugar, en busca de lágrima que nos dé audiencia y anunciantes. Es una estrategia que también llegó a su límite.
Por su parte, los reportajes culturales de Mercedes García Ocejo, en Azteca, eran de medalla, pero quedan descalificados por su horario supertardío, por los anuncios disfrazados de reportajes de reventón de Maggie y por el trabajo preprofesional de la chica rubia de voz chillona, que solían ir en el mismo bloque.
5. Tomas propias
Sin medallas.
Creo que, salvo el caso de la competencia de marcha, en donde hay una tradición hecha, no aportaron nada novedoso.
6. Líder especialista en deportes
Medalla de plata, José Ramón Fernández.
Medalla de plata, Javier Alarcón.
José Ramón es un líder. Tiene personalidad, sabe armar equipos, hacer que la gente trabaje a tope y también da una buena guía editorial. Es también un gran patiño.
En Atenas, sin embargo, se le vio malhumorado, ansioso, estresado, quitando a menudo la palabra, lanzando "toritos" a invitados y comentaristas.
Tengo la impresión de que había más desorden que en otras ocasiones, y de que Fernández se tenía que encargar de todo. Que le molestaban varias cosas, como la inclusión efímera del reporterito de espectáculos o el exceso de comercialización.
Criticó a los cómicos que se visten de mujer para alcanzar rating. Tal vez la crítica valdría proveniendo de otro, pero no de quien fue galánpatiño de la Beba Galván durante una década.
Con Javier Alarcón, Televisa Deportes está dando un salto cualitativo hacia adelante. Se ve que es una persona estudiosa, con un estilo agradable, alejado de confrontaciones que dejan mal parada a su empresa. Sin embargo le falta carisma y, al tiempo que necesita ser más incisivo, requiere de una política editorial más claridosa.
Como quien dice, si Fernández peca por exceso, Alarcón peca por defecto.
Alarcón sube a plata tras los juegos, con el esfuerzo de organizar un foro en el que los dirigentes y los deportistas dieron sus puntos de vista sobre la actuación de la delegación olímpica.
7. Cobertura en general
Medalla de bronce, TV Azteca.
Medalla de bronce, Televisa.
¿Por qué medalla de bronce a los dos, si en la mayor parte de las categorías coloco a Azteca por encima?
Por cinco razones:
1. Continuidad. La transmisión de Televisa fue siempre más fluida. Eventos más completos, menos entrecortados. Azteca daba demasiados cortes informativos y saltaba más de un deporte a otro.
2. La comercialización piggy-bag de Azteca. Todo segmento, con su corte de patrocinador. Logotipos virtuales en el Partenón. Los comentaristas hablando del coche que van a comprar y del cafecito que extrañan. La navecita que anunciaba tonterías. El "set virtual" comercial que interrumpía transmisiones deportivas. Las superimposiciones cuando aparecía Ponchito. Esto también influyó muy negativamente en la continuidad.
3. Aunque no se notaron las supuestas mejoras técnicas de Televisa, la calidad de audio de Azteca deja qué desear.
4. López-Dóriga y Alarcón estuvieron mejor que Alatorre y Fernández en la ceremonia de apertura. Si López-Dóriga confundió al garrochista Sergei Bubka con el primer ministro de Ucrania, Alatorre y Joserra competían a ver quién se quitaba la palabra y guión en mano quién se adelantaba más al narrar la ceremonia.
5. Las dos televisoras estuvieron igual de cursis y autocomplacientes en su programa final.
Quisiera, finalmente, enviar una tarjeta de amonestación a ambas empresas por la manera tan burda con la que enseñaron el cobre y manipularon la presencia de los medallistas mexicanos en sus instalaciones de Atenas. Peleaban a ver quién era más gandalla con la competencia. A lo mejor hasta es suficiente como para quitarles la medalla de bronce.
El rating mayoritario, lo ha presumido Televisa, fue para la televisora de Avenida Chapultepec, que se quitó la espinita de Sydney. Pero las proporciones no fueron las que los directivos de Televisa se pusieron como meta. También habría que ver la composición sociodemográfica de la audiencia. Supongo que, por el énfasis en la vulgaridad y también porque no han abundado en la información es posible que, aunque Televisa haya sido sintonizada por más personas, Azteca haya convocado más poder de compra en torno a su pantalla.
Me queda la impresión de que ambas empresas gastaron más de la cuenta y también que comercializaron más de la cuenta para resarcir ese gasto. En cualquier caso, la experiencia de Atenas debería servir para que tanto Televisa como Azteca den un paso atrás en su absurda marcha hacia el gigantismo en la transmisión de este tipo de eventos.