Francisco Báez Rodríguez
Dice el lugar común que la televisión es la verdadera Secretaría de Educación Pública de este país. Si pensamos que la educación es algo más que la acumulación de conocimientos y habilidades, el dicho es totalmente cierto. La televisión es, junto con la familia, el principal promotor de actitudes, valores y antivalores en la sociedad moderna.
Basta dar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que la civilidad anda por los suelos. Que más democracia no ha significado, en la vida cotidiana, el crecimiento de la ciudadanía. En cambio, tenemos más gandallismo, más vulgaridad, más codicia, más gusto por el pleito. Y no solamente en la clase política.
Vulgaridad, codicia y pleito son espectaculares. Venden. Sin ningún otro criterio adalid, las principales televisoras las utilizan a menudo como carta para hacerse de público y, por ende, de anunciantes.
El programa El ojo del huracán, de Televisión Azteca, exhibió a la actriz Michelle Vieth teniendo relaciones íntimas, y mostró en público el video casero, teniendo como invitado especial a su ex marido engañado, quien se hizo el desengañado. El caso es más grave si tomamos en cuenta que se trata de una emisión comercial. TV Azteca lucró con ese asunto personal y, probablemente, incurrió en un delito.
Michelle Vieth puede parecernos todo lo antipática que queramos, pero tiene derecho a que su vida personal se mantenga como tal. Sus actos estrictamente privados fueron hechos públicos sin su consentimiento.
Si el caso más grave se dio en Azteca, la persistencia está, sobre todo, en Televisa. En esa empresa la carrera hacia la vulgaridad no parece olímpica, sino de Fórmula Uno. Y no nos referimos aquí a los albures elementales de "Igor" que es en lo que se fijan anunciantes y organismos mochos sino a la búsqueda constante de emociones bajas, a la promoción invariable de valores superficiales, a la inveterada presentación de estereotipos. A la burla permanente de la inteligencia del público masivo.
Pensemos, por ejemplo, en el rating que, a partir exclusivamente de la vulgaridad, ha obtenido la pareja de Niurka y Bobby. ¿Qué le deja a la población ver la cara de envidia con la que Shanik Berman admira la vacía cachondería exhibicionista de la pareja del momento? Pensemos en la bajeza misma del concepto de
Hospital El Paisa. Pensemos en
Con Todo, que más bien parece "Con Lodo": el televidente como
voyeur chafa de una "clase artística" hedonista, autocomplaciente y autodestructiva. Pensemos en la involución (sí, era posible) de la escuelita de Ortiz de Pinedo. Pensemos en "Nacaranda" y "Nacasia", emisarias de la cultura popular mexicana en Grecia, la cuna de la cultura occidental.
En ese contexto, resultan sintomáticas las desventuras de la trouppe de Televisa en Atenas. A cada rato se metían en líos con la policía porque querían hacer cosas prohibidas. Les decían que no, e insistían. Por supuesto, no fueron los conductores deportivos quienes hicieron los panchos, sino los comediantes endiosados. Es la costumbre de la prepotencia de un medio que, en su país, se sabe arropado por la audiencia y temido por la clase política y, fuera de él, no sabe comportarse en casa ajena.
Causaron un pequeño conflicto diplomático. Pero da un cierto alivio que hayan encontrado al fin, aunque sólo sea entre las autoridades griegas, quien les ponga un límite.
Y cuando nos encontramos un ciudadano que dice "no importa que rompan la ley de otro país, lo importante es que nos divierten", constatamos que, efectivamente, Televisa está teniendo éxito en la pertinaz tarea de erosión de la cultura cívica de los mexicanos.
Ya son muchos los osos que hacen algunos medios en la borrachera democrática. En la medida que pasan los meses, y en vista de que no se les baja la embriaguez, parece que ya es hora de olvidarnos de una autorregulación que no se cumple, y pensar, en serio, en una regulación social de sus códigos de ética.