Francisco Báez Rodríguez
En su libro clásico sobre periodismo, Il Buon Giornale, Piero Ottone, ex director del Corriere della Sera, afirmaba que los medios "no pueden llevar al público de paseo".
¿Qué quiere decir esto? Que si hay un tema importante para uno o varios medios de comunicación, pero que
no le interesa a la gente, por más que intenten los medios, el asunto no va a pegar. Gastarán tinta, saliva y cinta
fílmica en vano, y terminarán por bajar los brazos y tirar la toalla.
Un ejemplo, en México, de imposibilidad para llevar al público de paseo es el tema del aborto. Cada que
algún medio inicia una campaña para despenalizarlo, aunque sea parcialmente, recibe el apoyo de grupos de mujeres,
de algún funcionario público que se lanza al ruedo, de académicos y especialistas en salud pública, así como la
crítica de los grupos conservadores más atentos al asunto. Pero entre el público, desgraciadamente, nomás no prende.
Esto viene al caso porque, tras unos trágicos incidentes, los medios retomaron, como suelen hacerlo cada
dos o tres años, el tema de la inseguridad personal, esta vez enfocado a los secuestros.
Las autoridades capitalinas reaccionaron de una manera extraña: consideraron que la campaña mediática
era parte de la gran confabulación dirigida a debilitar la irresistible candidatura de Andrés Manuel López Obrador
para 2006.
Aquí hay una absoluta falta de comprensión hacia la lógica de los medios de comunicación. A varios de ellos,
el asunto de los secuestros, por morbo o por lo que sea, les pareció un asunto que podría llamar la atención del
público. Así fue. De esa forma, no perdieron el rating o las ventas que amenazaban con desplomarse al irse difuminando el tema de los videoescándalos.
 |
Foto: GDF |
Como se ve, los medios no son impolutos. Pero lo que debieron entender las autoridades del DF es que, por
más que hubiera intentado Televisa, por más que hubiera insistido Gutiérrez Vivó, por más que hubieran
persistido
Reforma o
Crónica, el tema jamás habría interesado si la ciudadanía sintiera que sus personas y pertenencias
están cuidados, si la inseguridad ya no compitiera con el desempleo o los bajos salarios como el principal problema social.
Más allá del preocupante reflejo autoritario del GDF, hay que decir que mientras los políticos no entiendan
que los medios viven de rating y ventas, y que de verdad están obligados a pulsar la opinión pública,
imaginarán maquinaciones e intrigas donde no las hay. Seguirán sobrepolitizándolo todo. Seguirán sin entender a la
sociedad que dicen querer gobernar.
Brozo desalmado
Tanto amigos como malquerientes afirmaban que Carolina Padilla era la verdadera creadora de
Brozo, que era ella quien le insuflaba el alma al personaje encarnado por Víctor Trujillo.
Esto significa que cuando la productora de
El Mañanero y esposa del payaso-periodista entró en coma,
Brozo se quedó en la mera carne. Todavía le quedó vida a ambos para que se dieran momentos alucinantemente
postmodernos en la tele mexicana: un payaso chamagoso regañando a un diputado capturado con las manos en la masa (y en
las ligas). Pero no daba para más. Así lo entendió Trujillo y lo entendió también Televisa.
Resulta significativo que, el día de la despedida de la emisión que levantó la audiencia del Canal 4,
distintos personajes del espectáculo, de los negocios (empezando por Emilio Azcárraga Jean) y de la política (no sólo
Fox, también Salinas de Gortari) hayan dado muestras de respeto al hombre con pretensiones de líder de opinión,
pero sobre todo al personaje irreverente, irredento, malhablado y populista que, aunque sea en apariencia, sabe
a pueblo.
Hay quienes se lamentan que un payaso llegue a ser tan influyente en el país. Quizá habría que pensar, más
bien, en por qué no son tan influyentes los que no se disfrazan.
Quién sabe si
Brozo resucite. Quién sabe si lo que volvamos a ver sea sólo una imagen, una suerte de
holograma. Tal vez su lugar en la tele sea ocupado por la
Beba Galván o por Víctor Trujillo. Pero ¿quién ocupará ese lugar en el imaginario popular?