Francisco Báez Rodríguez
¿Cómo podríamos resumir el año televisivo de 2002?
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Isabel Madow |
Cualquier mañana, uno se da cuenta de que no vale la pena usar a la tele como despertador. En el noticiero
del 2 sólo hay nota roja o cosas para llorar. No dan ganas de desayunar entre asaltantes a salto de mata y niños sin
brazos a los que nadie ayuda ("pinche gobierno"). Brozito ya sólo saca chispazos, entre aplausos al
peje. En el 40 decidieron que por la mañana no son tele mexicana y de Azteca, mejor ni hablar.
A la hora de bañarnos, podríamos ponernos a pensar en los pleitos legales, interminables y millonarios, entre
los empresarios. Televisa contra MVS. Azteca contra CNI. Ferriz contra quienes le prestaron un poquito de
credibilidad. Los abiertos contra los cableros. Recordar, entonces, las dificultades para ver el Mundial. Recordar, también,
que en lo único en que se pusieron de acuerdo los concesionarios fue en el nuevo Reglamento.
En algún momento del día, cavilar acerca de la importancia del añorado 15%. Imaginar lo mucho que
se beneficiaría la democracia si hubiera más anuncios como el que nos explica que las mujeres no nada más
se maquillan, sino que también las golpean; o aquel otro que, quién sabe cómo, pretende asociar los logros de
un estudiante, un obrero o una deportista con el pago de impuestos; o tal vez los que nos dicen que somos casi
felices gracias a nuestros diputados.
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Rocío Sánchez Azuara |
Por la tarde, constatar que Rocío Sánchez Azuara se sigue tomando en serio, que Laura Bozzo sigue,
inexplicamente, en pantalla, que Televisa siente que tiene el monopolio de los niños y no está desencaminada.
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La Academia |
Llegada la noche, reafirmar que la Gran Novedad de este 2002 fueron los
reality shows. Primero los
Big
Brother de Televisa y después
La
Academia de Azteca (que hizo un grandioso acto de funambulismo, convirtiendo un
Big Brother hiperchafa en una colección de historias populares semitrágicas, pero que terminan en triunfo,
para identificación del espectador).
Cerca de la hora del sueño, comprobar que López-Dóriga le sigue tundiendo, en todos los sentidos, a
Alatorre y que, en el 40, hay una isla acogedora en medio del mar presuntuoso que es el noticiero que conducen Gómez
Leyva y Maerker: una sección de finanzas entretenida y con opinión. Algo inédito en la TV mexicana.
Y cuando no llega el sueño, encontrar que la tele abierta sigue siendo el paraíso: feromonas, sonrisas
brillantes, cuerpos impactantes al segundo, felicidad al por mayor, todo al alcance de la mano insomne, si llama ahora
mismo a los teléfonos...