La estrella de Rubí
Faltan ofertas en la televisión comercial mexicana a pesar de que hay medios públicos e inversionistas que podrían diversificarla. La obsolescencia de la ley y la reticencia de los dueños del duopolio a modificarla junto con la complacencia del gobierno son los principales diques para que, en un mercado amplio y regulado, se diversifiquen las opciones en la pantalla.
Faltan ofertas. Televisa y en menor medida TV Azteca decide las formas de entretenimiento y recreación, así como los contenidos informativos que recibe la mayor parte de la población. Ambas empresas, se ha dicho una y otra vez, copan 84% del espectro radioelectrónico del país (y, además, no aceptan que haya quienes, concesionarios también, participen de alguno de los acontecimientos que ellos no transmiten, como los juegos de la NFL y la decisión de Televisa porque esos partidos no fueran difundidos en Canal 40 mediante la amenaza de retirarlo de SKY.)
Faltan ofertas y sobran ejemplos de cómo aquellos empresarios distorsionan la función social que les ordena la ley y lo hacen, naturalmente, porque el interés comercial el que mira a los altos puntos de audiencia y a los anunciantes es más poderoso que aquella.
Faltan ofertas. Dígalo si no la preeminencia de las telenovelas, los programas cómicos y las películas (y en menor medida los deportivos) en los canales 2, 5, 7 y 13 donde se encuentra el imperio del Canal de las Estrellas y la poca imaginación de la empresa competidora. Los diez programas más vistos ahí superan en audiencia a cualquier otra emisión del canal que sea y todos son telenovelas o programas cómicos como
La hora pico,
Hospital del paisa o
La escuelita VIP. Ahí está el melodrama
Rubí que según IBOPE fue la emisión de mayor audiencia en octubre (y tal vez en el año): 37.6 puntos, es decir, algo así como 15 millones 40 mil personas.
Faltan ofertas. Y frente a ello sobra quien diga que no, que no faltan, que la formación del mexicano promedio el "foro verde", le dicen determina los contenidos de la pantalla por lo que esas empresas sólo le dan al público lo que pide, sin sostener apuesta intelectual alguna, sin respeto por la diversidad ni aliento por la cultura y, más aún, sin permitir que haya quien considere esas posibilidades.