En apoyo de María Rojo
Señor director:
Qué divertida entrevista publicaron en
etcétera del señor José Octavio Martínez y Albarrán (núm. 20, junio
de 2002).
Quiero felicitarlos muy sinceramente pues gracias a las opiniones que hacen públicas estos honorables
funcionarios tales como el antes mencionado, o el señor Abascal que nos quiere guardaditas en nuestras casas y nos
prohibió leer Aura, aunque ya aceptó que somos personas humanas, o el señor Diego Hernán Cortés Fernández de
Cevallos que no le da más puestos a las mujeres en su partido "pues al rato tendría que darle también a los maricones",
o a nuestro señor Fox que considera digno de mencionar en un foro internacional a José Luis Borgues entre
los grandes de la literatura hispana, gracias a ellos, decía, los caricaturistas y los cómicos contamos con un
material extraordinario para nuestro trabajo.
Que no nos los quiten, ¿qué haríamos sin esos chistes que día a día provocan carcajadas en nuestro público?
Pero debo reconocer que la carta de María Rojo a José Octavio Martínez y Albarrán también me encantó;
aunque de otro modo, también me divirtió.
¿Cómo puede una mujercita como ella ponerse al tú por tú con todo un señor funcionario de RTC? ¿Se
olvida acaso que es una mujer y que debería estar tejiendo chambritas en su casa para su futuro nieto en lugar de andar resolviendo problemas en la Delegación Coyoacán? ¿Y que tiene que saber tanto de cine nacional e
internacional como para andar poniendo en evidencia a los que no están muy enterados?
¿O andar recibiendo condecoraciones del Presidente de Cuba por su labor en pro de la cultura
latinoamericana?, ¡Ah no!, si quiere conservar su puesto debe ser más discreta y entender que los hombres tienen la palabra y
ella calladita, más bonita y menos izquierdosa. Como decía mi tía Papayita, "hazte pasar por tonta que a los
hombres les chocan las mujeres inteligentes".
No en balde es la actriz mexicana que más premios ha recibido dentro y fuera de México, no en balde fue
diputada y presidenta de la Comisión de Cultura y conquistó para el gremio lo que ningún otro actor o actriz que
había ocupado una curul.
Pero una cosa es una cosa y otra que no respete la superioridad masculina... y si la llama a cuentas la
Santa Inquisición, como hace poco en el Senado, que ni se ande quejando.
Por cierto, que en el análisis que hace de la entrevista al señor Martínez, le da un cursito intensivo de cine,
su calidad, su lenguaje, su "moral" y obviamente ya no le cupo un tema que a mí sí me encantaría abordar y es el
del aborto.
Dicen que cuando los hombres puedan embarazarse, el aborto dejará de ser un sacrilegio para convertirse en
un sacramento. Y no lo dudo, pero qué buenos son los señores para legalizar sobre el embarazo, para decidir lo
que las mujeres debemos o no hacer con nuestros cuerpos, para preocuparse por la vida intrauterina del embrión
y olvidarse de los niños en cuanto nacen, de los que viven en la calle y duermen en las coladeras quitándose el
hambre con tiner, o en el campo, desnutridos y lombricientos. Me encantaría saber qué es lo que hace Pro Vida por
esos niños que ya nacieron, o por los huérfanos, los inválidos, los golpeados, las víctimas de prostitución infantil o
de abuso sexual por parte de adultos desquiciados, entre ellos los sacerdotes protegidos por la más alta jerarquía
de la Iglesia católica.
¿No es un crimen permitir que vivan así? ¿Que el gobierno y los providas no protejan a todos nuestros niños,
a los ya nacidos?
Y todavía se espantan con
El crimen del padre Amaro, como si los crímenes de la vida real, la pedofilia por
ejemplo, fuera detallito menor, pecadito venial.
El señor Martínez dice que en general, el aborto es un vil asesinato, y cuando una muchacha se embaraza
dice de ella que "salió con su domingo siete". Me cae bien el señor Martínez pues habla y piensa como mi abuelito.
El seguramente estará enterado del número de mujeres que mueren al año por interrumpir su embarazo clandestinamente pues está prohibido por las leyes, que hicieron los hombres, naturalmente.
Pero tal vez ignora que cuando una mujer está decidida a abortar, ni la cárcel ni la muerte ni el infierno la detienen.
Y que prohibirlo no disminuye la cantidad de abortos, en cambio sí aumenta el riesgo de muerte de nuestras mujeres, la mayoría, madres de más de dos hijos.
Sería muy largo enumerar las distintas causas que llevan a una mujer a tomar una decisión tan traumática para ella más que para nadie pero prefiero concluir recordando lo que alguna vez me dijo una amiga querida: "El día que se legalice el aborto, todo ser que pise la tierra estará convencido de haber nacido por amor y no por error".
Margarita Isabel
Actriz