Antulio Sánchez
Africa es una región con grandes rezagos, pero paulatinamente se incorpora a la red, aunque todavía amplios sectores del continente negro no hayan efectuado ni una llamada telefónica.
No obstante, algunos países han visto con precaución no sólo el fuerte rezago en el número de conectados,
sino también la forma como opera Internet. Han intentado favorecer la conexión amplios sectores de la población,
como también tener un papel protagónico en la regulación de los dominios y, con ello, promover una regulación más
democrática de los caminos que toma Internet.
Un ejemplo de esto es Sudáfrica, que cuenta con una población de 44 millones de habitantes, de los cuales
únicamente 2.4 tienen acceso a Internet. Recientemente la Asamblea Nacional de ese país adoptó un primer borrador de un
proyecto sobre las Comunicaciones y las Transacciones Electrónicas (www.gov.za/gazette/bills/2002/b8-02.pdf), que pone
en contexto jurídico los intercambios comerciales y de documentos sobre Internet. El proyecto de ley ubica a
las telecomunicaciones como un campo estratégico por parte del Estado sudafricano y privilegia el acceso para todos
los ciudadanos a las comunicaciones basadas en redes digitales, particularmente las relativas a Internet.
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Foto: El País |
En su artículo 10, el proyecto de ley contempla la creación por parte del Ministerio de Comunicaciones de
una autoridad gubernamental de registro de Internet y de un responsable de la atribución y la gestión del dominio .za
que corresponde a la república sudafricana. La gestión de los dominios de primer nivel se ha confiado a entidades
autónomas (NameSpace para Sudáfrica) que dependen del ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers).
El proyecto de ley vendrá, por lo tanto, a "nacionalizar" la gestión de los nombres de dominio en esa región del
planeta. El ministro de Comunicaciones de Sudáfrica podría determinar las reglas y las exigencias relativas a la atribución
de nombres de dominio, los derechos exigidos y las modalidades de atribución y un marco legal específico para
solucionar los diferendos en la materia.
Algunos observadores locales han mostrado escepticismo, piensan que dicha iniciativa está poco fundada, carece
de un análisis pertinente de la forma de operar de Internet. Por ejemplo, el grupo Bridges se ha inconformado por
dicha iniciativa, estima que eso va en contra de las tendencias internacionales en la materia. Ha efectuado una destacada actividad en Sudáfrica y un análisis del proyecto de ley (www.bridges.org/policy/sa/ect/synopsis_comment.html).
Bridges señala lo siguiente: "Las prácticas reconocidas sugieren que el gobierno debería jugar un papel en la gestión de
los nombres de dominio, pero no debería tener la responsabilidad. Actualmente, el dominio .za es administrado
por NameSpace, un organismo que posee gran conocimiento y una vasta experiencia en ese terreno. Es poco probable
que el ICANN acepte la transferencia de esta responsabilidad al Ministerio de Comunicaciones, y que otros gobiernos,
entre ellos Estados Unidos, apoyen esta decisión".
Por su parte, Nkenke Kekana, presidente del comité parlamentario que aprobó el proyecto de ley, afirma que
es imperativo aportar cambios a la estructura actual y dotar al país de un organismo estable, representativo y
democrático. En tanto, la oposición parlamentaria acusa al gobierno de querer ejercer un control excesivo.
Lo cierto es que estamos ante una situación inédita. Por un lado, está un gobierno que desea que el Estado
administre y controle directamente la atribución de los nombres de dominio, por el otro se encuentra el ICANN que no goza
de buena credibilidad, que vive sus propios problemas de desarrollo y sobrevivencia.
La actitud del gobierno sudafricano ha encontrado respuesta positiva en algunos sectores de Internet,
precisamente por el poco claro proceder del ICANN y su poca representación democrática.
Si el problema se presenta como una absurda querella entre un gobierno y el ICANN, esto puede conducir a una
crisis de legitimidad de los organismos internacionales encargados de asegurar la universalidad del sistema de nombres
de dominio. Sudáfrica ha sentado un precedente que puede conducir a otros gobiernos a reclamar mayores cuotas
de participación y de intervención en el destino de Internet y, de paso, terminar por reorganizar los organismos
encargados de velar por la buena marcha de Internet.
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