Magia negra
Hace poco, vimos en pantalla a una periodista. De semblante fuerte y atrevido, alta, manos grandes y gruesas,
con unos lentes con piedras preciosas incrustadas, lleva una bolsa de piel de cocodrilo y viste color fiusha, sus
ademanes son exagerados y su voz suave y seductora, tiene la mandíbula grande y la cara un tanto maquillada, usa
tacones altos y las uñas pintadas de rosa. Esta combinación de colores no es nada comparado con el espectáculo de
verla hacer su trabajo. No nos damos cuenta, pero redacta cosas que a veces ella no conoce ni asume, formula
preguntas capciosas que ya llevan una afirmación consigo, y no hay escapatoria, cualquier respuesta es perdedora. Quienes
son entrevistados por ella se sorprenden de ver al día
siguiente afirmaciones falsas, omisiones de información y
una dramatización que le da el aire de una telenovela. Ella es cobarde, no puede enfrentar lo que escribe cuando se
lo reclamamos, y antes de poder decir otra objeción ya se retractó.
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Es Rita Skeeter, la periodista sensacionalista del diario
El profeta del libro
Harry Potter, que hace poco hizo
su debut en la pantalla grande. Rita lleva consigo un arma de dos filos, un aparato llamado vuelapluma, cuyo
trabajo consiste en distorsionar la realidad; la vuelapluma conoce lo que la gente quiere, y no lo que realmente
tienen derecho a saber. Rita piensa que ella controla a su vuelapluma, pero no es así. Dentro de ese curioso
artefacto encontramos algo más que pura tinta, ahí hay toda una mente, que ya no le guarda respeto a nuestra
periodista,
escribe lo que a ella le parezca bueno para leer, y las convicciones de Rita las incluye como parte de la historia,
ella piensa que posee una vuelapluma, pero la vuelapluma en realidad la posee a ella. Rita tiene la información en
sus manos y no sabe cómo utilizarla, así es como esta antes afamada reportera va a perder su dignidad. Al escribir,
la vuelapluma le trae problemas a Skeeter, tiene a veces que tomar responsabilidad de lo que escribió, y ella no
es capaz de hacer eso; por ejemplo, cuando Albus Dumbledore, el director de la escuela, le reclama que haya
escrito que él era un estúpido en el periódico, ella se retracta y cambia de opinión.
Todos los periodistas de la vida real, de cierta forma tienen sus vuelaplumas, una manera de exagerar y
distorsionar lo que escriben es su único tesoro, que
tienen que cuidar para que no los controle a ellos. La pluma es una
herramienta maravillosa, pero Rita Skeeter y algunos otros la consideran un arma.
Los periodistas deben cuidar aquello que es su único patrimonio: la palabra, la pluma; deben guardarse respeto
a sí mismos y evitar que su crediblidad se pierda en chismes y rumores.
María Fernanda Vicencio Sánchez
(14 años, estudiante del segundo grado en The Churchill School).