Calentando motores
En La lotería de Babilonia, Jorge Luis Borges desdobla las posibilidades de una lotería convencional, y proyecta una sociedad completamente regida por el azar. Sin embargo, para el escritor argentino el azar no es otra cosa que el nombre asignado por nuestra ignorancia al conjunto de causas que no alcanzamos a comprender, ya sea por su vastedad en el tiempo o por su intrincamiento. En pocas palabras: el azar no existe (el efecto sucede a la causa que a su vez provoca otro efecto y así, ad infinitum).
Cuando los habitantes de esta tal Babilonia no estuvieron más atraídos por la lotería, los organizadores experimentaron una nueva modalidad: se introdujeron algunas suertes adversas. Así, los concursantes corrían el doble riesgo de ganar una suma o pagar una multa. "Ese leve peligro -nos cuenta Borges- despertó, como es natural, el interés del público". Los habitantes se entregaron al azar, al juego, y La Compañía -así comenzó a llamársele- ensayó nuevas reformas; al poco tiempo era obligado que todo hombre libre participara en los sorteos. Los "premios" oscilaban entre la fortuna, la sorpresa o el oprobio, no pocas veces en la muerte.
Gobierno al azar
Decir que un aspirante al gobierno ha dejado los rumbos de su ambición al azar puede parecer cierto en muchos aspectos; sin embargo en este caso es necesario precisar los matices: pocos días antes de su salida del Palacio de Bucareli, Santiago Creel Miranda otorgó permisos para la apertura de centros de juego, entre ellos 130 que concedió a Televisa.
Dada la ambigüedad del reglamento y del mismo permiso, la televisora puede comenzar un bingo por televisión -que además parece ser la forma que le requeriría menos inversión e infraestructura. Suena inútil y hasta fatigoso enumerar las posibles motivaciones que llevarían al público mexicano a apostar en un bingo televisado, además, no se necesita un profundo conocimiento para anticipar que las ganancias serán jugosas. En el cuento de Borges, La Compañía hace todas las reformas y ajustes necesarios, siempre dentro de una dialéctica donde impera el azar.
Un efecto: Juegos de AzarEn el aviso oportuno de El Universal apareció a principios de agosto un anuncio de Juegos de Azar, publicación que se especializará en la temática de los juegos -como se pudo constatar acudiendo a una cita-. Es una revista que está en preparación, se venderá en locales cerrados y parece una oferta casi necesaria en el tenor de que en breve las apuestas y los juegos serán un tema cotidiano.
Si bien aún no está definida la propuesta real de Juegos de Azar, parece que sólo abordará el aspecto lúdico inherente a los juegos, sin aportar más al debate sobre las apuestas o el carácter social de éstas, pues es evidente que no trastocará su propio mercado, aunque sería interesante -improbable- encontrar en páginas de una revista de esta índole un contenido crítico.
Justo aquí es donde se entrevé la importancia de una publicación de este tipo, pues el público estará asediado por los ofrecimientos de juegos de apuestas, y una revista que pueda servir de guía al apostador novato o al jugador neófito adquiere relevancia. No olvidemos que incluso los niños estarán al tanto de esta nueva modalidad de juegos por televisión.
Hay que recalcar el hecho de que es una publicación en preparación, y que, a decir verdad, parece sumergida en la vaguedad. El domicilio que se señala en el periódico corresponde, en aspecto, al de una casa particular, aunque se exhiben anuncios que ofrecen clases de yoga, y otro tipo de servicios de este tipo; es allí donde se dan las entrevistas a los interesados.
También presentará alternativas de juegos en que no necesariamente intervienen las apuestas. Así, hablará sobre los juegos en general, abarcando desde los de tablero, cartas o azar. Habrá que esperar a ver su contenido, pues también cabe la posibilidad de que los que la preparan busquen únicamente aprovechar el interés que se suscitará hacia los juegos de azar y las apuestas para atraer anunciantes, que seguro no serán pocos.
Oswaldo Celaya