En el nuevo proyecto de Cambio,
ni ética ni profesionalismo: Lara Klahr
México, D.F., 18 de septiembre de 2003.
Querido Marco Levario, director de
etcétera:
A mediados de marzo, Aidée Reséndiz Martínez, directora general de Contendencia, S.A. de C.V., y
Roberto Pombo, director adjunto del entonces recién extinguido semanario
Cambio (versión del semanario
colombiano homónimo, de Gabriel García Márquez), se encontraron en el hotel María Isabel Sheraton. A iniciativa mía,
discutirían la posibilidad de que aquella empresa relanzara
Cambio.
Conforme fue materializándose la sociedad, me convertí en el principal responsable de la redefinición del
plan de negocios, la nómina, los esquemas de comercialización y el
marketing; encabecé como expositor las sesiones
en donde se ofreció a potenciales inversionistas y anunciantes el proyecto; trabajé en replantear el perfil
editorial; emprendí la búsqueda de un inmueble y de cotizaciones para impresión, mobiliario y red de cómputo. Cuatro
meses y medio intensos.
Son públicas las razones por las cuales me bajé a última hora. A saber, los esquemas inescrupulosos de
Contendencia, S.A. de C.V., para allegarse socios, recursos y publicidad. Es sabido también que, en represalia, el senador
Jesús Ortega Martínez, Reséndiz Martínez y Guillermo Bustamante Vera, cabezas de Contendencia, S.A. de C.V.,
se apropiaron de ese trabajo sin retribuírmelo.
Pero lo que cuenta ahora es reflexionar si una empresa mediática puede alcanzar resultados diferentes
recurriendo a usos y costumbres de editores tradicionales. La historia de la prensa mexicana muestra que quienes
se constituyeron en paradigma procedieron siempre de manera atípica, impredecible y audaz.
Desde que, en enero anterior, comencé a trabajar para Contendencia, S.A. de C.V., como editor del
mensuario Seguridad magacín, me sorprendió que ninguno de los directivos tuviera mayor experiencia editorial; que
no hubiera un área de comercialización de publicidad; que todo el
software fuera pirata; que se mencionara de
manera reverencial a El Senador (que vino a ser Ortega Martínez); que la devolución de ejemplares de
Encuesta (una de sus dos revistas) fuera apabullante, y que ninguna de estas cosas inquietara a los directivos ni cuando yo las exponía.
Mes y medio después llegó la idea de
Cambio y, finalmente, el 29 de julio tuvo lugar una reunión empresarial
en el hotel Plaza Florencia, al mediodía, encabezada, de una parte, por el senador Ortega Martínez (y en la
que participamos el encuestador Roy Campos, el abogado Patricio Fuentes, Reséndiz Martínez y yo) y, de la otra,
por el colombiano Ricardo Ávila. Al día siguiente, Reséndiz Martínez y Ávila firmaron la
carta-compromiso para el relanzamiento de
Cambio.
A esas alturas se habían exacerbado los vicios internos. El peor, que los directivos de Contendencia, S.A. de
C.V., parecían buscar un patrón más que socios. A instancias de
El Senador, según fui informado, recurrieron a
los gobernadores Alfonso Sánchez Anaya, Pablo Salazar Mendiguchía y Arturo Montiel, y al candidato a
diputado federal Jorge Martínez. En apariencia, nada de ello prosperó.
De manera paralela, sugerí a Reséndiz Martínez y a Bustamante Vera opciones: que se diversificara y
atomizara la composición accionaria, y se buscaran contratos publicitarios pagados por anticipado. De alguna manera,
esto fue tomado en cuenta, aunque Reséndiz Martínez insistía ante mí en esta fórmula: captar recursos del
gobernador Montiel y el senador Enrique Jackson, a través del senador Ortega Martínez.
La carta-compromiso establecía que la composición accionaria sería de 51% para los mexicanos y 49% para
los colombianos, y que ambas partes se obligaban a aportar páginas de publicidad en la misma proporción. Hasta
donde sé, aunque incipientes para las 15.75 páginas de publicidad por número que requiere
Cambio para ser proyecto financieramente sano, las cinco páginas con las que cuenta hoy fueron básicamente gestionadas por los
colombianos, en tanto que Contendencia, S.A. de C.V., sigue sin un departamento de publicidad profesionalizado.
Lo que hizo a principios de septiembre fue nombrar un responsable de "relaciones institucionales",
apegándose a la lógica de comercializar mediante su habitual esquema de tráfico de influencias basado en la posición de
Ortega Martínez como líder de la fracción perredista en el Senado.
Otro aspecto toral es el de la operación interna del nuevo semanario. En algunos casos, los salarios del
personal se redujeron cerca de 75%: por ejemplo, en la primera época el director ganaba netos, mensualmente (según el
plan de negociar entregado por los colombianos), 178 mil pesos, en tanto que hoy gana 50 mil pesos (menos
impuestos). Las plazas se limitaron de tal manera que, por caso, las más de 80 páginas del semanario serán revisadas por
un corrector y no habrá más que un fotógrafo de
staff. Bueno, parte del personal no tiene terminal de
computadora. Y ni hablar de recursos para una campaña de lanzamiento.
Si a lo anterior se añade que Aidée Reséndiz Martínez y Guillermo Bustamante Vera, los dos principales
directivos de Contendencia, S.A. de C.V., son (o eran hasta hace poco) servidores públicos, en tanto que cobran (o
cobraban) en el Senado, se tendrá una visión precisa de lo que puede esperarse del nuevo
Cambio.
Y agrego un aspecto igualmente delicado. Presencié los
focus group que por iniciativa mía fueron
mandados hacer para medir el pulso al mercado tanto acerca de su percepción sobre la primera época de
Cambio, como de la eventual necesidad de un producto periodístico distinto.
Ni uno solo de los participantes de los
focus group recordó haber visto o escuchado de
Cambio, pero todos lo relacionaron con el eslogan foxista de
el gobierno del cambio. Al argumento de la conductora de que en realidad detrás del proyecto estaba no Vicente Fox sino el premio Nobel Gabriel García Márquez, en general los
participantes consideraron que éste era un dato irrelevante.
El principal argumento que me permitió convencer a los directivos y socios de Contendencia, S.A. de C.V.,
de invertir en Cambio fue que se tendría el respaldo de García Márquez, a través de sus colaboradores, y que este
know how constituía una
franquicia invaluable periodística y empresarialmente.
Pero Roberto Pombo, director adjunto de la primera época de
Cambio, se volvió a su país, y Ricardo Ávila
ocupó su lugar como cabeza de los colombianos en la nueva sociedad, aunque negándose a vivir en México. ¿Dónde
quedó el know how? Se esfumó (aun tomando en cuenta la presencia esporádica de García Márquez en la redacción).
Mi hipótesis es que los directivos y socios de Contendencia, S.A. de C.V., acabaron pensando más bien en
una patente de corso para medrar con una empresa periodística hasta posicionarse rumbo al 2006. En ese año
abrevan los sueños del senador Ortega Martínez. Es cuando se
visualiza secretario de Gobernación de un presidente
de México llamado Andrés Manuel López Obrador.
Y nada de esto se ve, sabe o huele a ética, profesionalismo, independencia editorial y credibilidad,
componentes esenciales de un proyecto periodístico que se precie.
Un abrazo,
Marco Lara Klahr
* * *
etcétera envió esta carta a los aludidos en ella, para que en el ejercicio del derecho de réplica que les asiste respondieran. Declinaron hacerlo.