En Radio Educación,
el desbarajuste como signo
Señor director:
Al paso de los días tuve que dejar la serie
Reflexiones el 11 de julio pasado, me doy cuenta que Radio
Educación es un reflejo de lo que sucede en el gobierno de Vicente Fox: desconcierto, falta de un proyecto
coherente, improvisaciones, contradicciones, deseos de obtener dinero a como dé lugar y hasta buenos propósitos.
En dicha estación, donde llevé a cabo durante 22 años esa tarea radiofónica, nadie sabe informar con
precisión lo que se debe hacer; no hay una propuesta que tenga como base la tradición y las necesidades actuales; todo
es momentáneo, de ocurrencias. Mientras unas autoridades callan en aspectos sustanciales, otras dicen lo que
les viene en gana; la Secretaría de Hacienda puso nuevos tabuladores a los convenios existentes que tiene la
radioemisora sin que se tomara en cuenta la opinión de la comunidad. Eso sí, se quiere trascender a niveles importantes,
aunque en la práctica se pierda audiencia por la desaparición de programas.
Detallemos.
Durante mi experiencia, antes de concluir
Reflexiones, traté de hablar con la directora, Lidia Camacho, pero
no tuve posibilidades. Ella estaba ocupada en la Bienal de Radio que se realizaba por esos días. Además, se sabe,
otra de sus preocupaciones es la Fonoteca Nacional, aprobada por Conaculta, a la cual atiende de manera
prioritaria. Tanto así que Radio Educación paralizó sus actividades en varios estudios, a principios de este año. A su
mano derecha, Carmen Limón, es posible localizarla por teléfono y de poco sirve. No sabe cómo se llaman las series
a la mía le puso como mote
Reflexión; manda oficios donde señala que la Secretaría de Hacienda llama a
"comercializar" los tiempos, siendo que está prohibido para las emisoras permisionadas, y dice que Jorge Ruiz Dueñas dejó de
ser gerente del FCE durante la administración de Gonzalo Celorio (entrevista con
El Financiero, 13 de agosto), lo cual es falso, pues desde hace años ocupa esa posición.
¿Alguien sabe del plan para los próximos cuatro años? Ojalá lo obtuviera. Cuestión diferente con
administraciones anteriores, como la de Luis Ernesto Pi Orozco, la cual tenía esa herramienta.
En virtud de que no existe un programa de largo plazo, todo es momentáneo, sin orden. Lo mismo
desaparecen programas como Cachivaches, de Edmundo Cepeda, que se contratan nuevos programadores, cuando
algunos muy notables, con años de experiencia, están subocupados.
Como es notorio en todos los medios gubernamentales que no estatales ni públicos, como aseguró
Santiago Creel en un seminario de radio hace meses, hay la urgencia de "generar" verbo mal empleado recursos para
que la administración federal disminuya su participación monetaria. Por lo tanto, se busca por todos los medios
elevar tarifas, cobrar más por servicios, intentar hasta lo imposible. Poco se logrará, pues lejos de ello muchos optarán
por irse a otros lugares en vez aceptar no sólo el abuso monetario sino algo peor, el maltrato.
Esperamos que Radio Educación siga adelante. Algo que desean sus directivos, pero nadie puede afirmar que
lo hará en las mejores condiciones mientras no exista lo elemental: comunicación entre quienes hacen posible que
esta frecuencia tenga credibilidad. Cuestión que no han logrado entender las nuevas autoridades, no obstante que
han laborado durante años en ese lugar. Ello porque lejos de tener un diálogo franco y abierto han optado por el
silencio o la simulación.
Jorge Meléndez Preciado
Periodista