El nuevo ropaje de los noticieros de Azteca
Francisco Báez Rodríguez
En un restaurante de la carretera tienen puesta la televisión, pero le estoy dando la espalda. Es un noticiero de TV Azteca. Escucho la primera noticia: trata de un secuestro. La segunda noticia es un enfrentamiento entre policías y ambulantes. La tercera, especulaciones sobre "El Rana", el gatillero de los Arellano Félix que se escondía como preso común en la cárcel de Tijuana. Break comercial.
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Foto: Antonio Oropeza |
Vuelve el noticiero con un reportaje sobre las cárceles. Volteo y lo que veo es deprimente. Luego aparece un funcionario declarando. Siguiente noticia: historias trágicas de indocumentados. La imagen del emigrante que intentó entrar ilegalmente a Estados Unidos y fue puesto por el pollero como corderito en manos de asaltantes. Comentario escueto y presuntamente indignado contra los polleros. Nuevo
break.
Me levanto al baño. Pienso: ¿es ésa la nueva imagen, no amarillista y no populachera de los noticieros de Azteca? Los mismos temas que maneja López-Dóriga, sólo que retomados horas o días después. ¿Dónde está la
prometida nueva capacidad de investigar? ¿Qué se hizo?
Las razones de Solórzano y Aristegui
Finalmente, los conductores Javier Solórzano y Carmen Aristegui se decantaron por Televisa. Cada uno dio sus
razones para no regresar a la casa que los formó en televisión.
Solórzano enfatizó que es amigo de José Ramón Fernández y que sabe que cuenta con el apoyo del jefe de
noticias de Azteca. Pero también hizo notar que ese apoyo de Joserra es insuficiente en una empresa como la que dirige
Ricardo Salinas Pliego. Tiene razón.
Aristegui fue más directa. Recordó la forma como ella y su compañero salieron de Azteca, opinó que esa
situación podría repetirse en cualquier momento y consideró que Televisa merece el beneficio de la duda. Tiene razón.
José Ramón, por su parte, declaró que sus amigos le tienen miedo al
rating.
Quizá tenga razón, pero sin duda esa no es la causa por la que no aceptaron su ofrecimiento.
Pedro Ferriz, en tanto, simplemente hizo un mohín.
El Jimmy
Pensemos bien y creámosle a Joaquín López-Dóriga cuando hace una autocrítica sobre su papel en otorgarle sus
15 minutos de fama a El Jimmy, el pequeño paciente del Centro Teletón de Occidente que gusta de las canciones rancheras.
Sucede que el niño, llevado a la fama por el noticiero estelar de Televisa, dejó su proceso de rehabilitación y fue
exhibido en palenques y también en la campaña de un candidato panista en Tamaulipas. La sensiblería al servicio del dinero
fácil, con el niño como instrumento.
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El Jimmy con López-Dóriga |
La madre de Jaimito, entrevistada de nuevo por el noticiero de López-Dóriga no admite haberse equivocado,
sino que se queja de haber contratado a un mal agente. Pide ayuda.
Es uno de los problemas serios de la caridad, tal como se entiende en México. Propicia la dependencia de parte
de quienes la reciben, una dependencia cuya frontera con el agandalle es cada vez más tenue.
Otro de los problemas, en este caso particularmente del Teletón, es que la promoción de la caridad a menudo sale
más cara que lo que realmente se da. En el ejemplo de
El Jimmy, ¿qué tanto pudo haberse mejorado la atención para con
ese niño, o qué tan posible hubiera sido que se atendiera a otro adicional con el dinero que costó el lujoso viaje de la
efímera estrella a la capital y con el tiempo-aire en tiempo AAA que ocupó?
Es probable que López-Dóriga hubiera actuado de buena fe, que su promoción fuera para dar un rostro más
personal de los pacientes de la fundación que preside la empresa para la cual trabaja. Lo malo es que la empresa para la que
trabaja hace espectáculo de todo lo que toca. Y esa fabricación de espectáculo tiene un solo objetivo: la ganancia, el dinero.
Las piernas de Deborah
Hablando de espectáculos, el lugar común para describir las piernas de Deborah es que son "espectaculares".
Deborah, nos dicen, es una doctora, una psicóloga. Trabaja en Televisa, en el programa
Todo Deporte.
Deborah casi no hace ningún comentario deportivo. Ni psicológico. Su papel oral normalmente es hacer una
cápsula intrascendente; a veces la dejan leer la pregunta para el televoto del público.
Deborah siempre mira a la cámara, sonriente. Deborah siempre trae minifalda. Deborah siempre enseña las
piernas espectaculares.
Cuando los conductores entrevistan a alguien, el camarógrafo encuentra un ángulo donde cabe la persona
entrevistada y, a lo lejos, entre la escenografía, se ve la figura sonriente de Deborah mostrando sus espectaculares piernas.
Deborah es doctora, dicen. Es psicóloga. En Televisa Deportes encontró un trabajo. Muestra las piernas.
Mormones y Cosas de la vida
Una mujer que sí habla en la televisión, y mucho, es Rocío Sánchez Azuara. Su programa Cosas de la vida sigue siendo el más popular de Azteca por lo que, de seguro, la televisora del Ajusco seguirá poniendo oídos sordos a las
recomendaciones para sacarlo del aire.
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Rocío Sánchez Azuara |
Ahora las palabras de Sánchez Azuara la han metido en otro lío: una demanda penal y una queja ante
Gobernación por su emisión "Mi hija entró a una secta". Los demandantes y quejosos son miembros de la Iglesia de Jesucristo de
los Ultimos Días, mejor conocida como Iglesia mormona.
No fue sólo el uso de la palabra "secta" lo que desató la demanda (finalmente, los mormones son legalmente
una asociación religiosa, con el mismo estatus que la Iglesia católica), sino la afirmación de que incita a violaciones
sexuales y secuestra niños. Para más inri, en el pase a cortes comerciales se presentaron imágenes alusivas a exorcismos (que
es algo que los mormones no practican, pero puede uno pensar probablemente un católico fanático podría practicar
con un mormón "para que se le salga el diablo").
Aquí, como de costumbre, la que prevalece es la lógica del
rating llevada a extremos: si la mayor parte de
los televidentes del programa (niveles socioeconómicos D y E) son católicos con puntos de vista tradicionales, la
producción intenta relacionarse con ellos a través de una identificación emocional, sin pretender informar. El problema es que,
con ello, viola derechos de terceros y promueve la intolerancia.
Cangrejos, para atrás
Ojalá alguien me pudiera decir qué hay detrás de la estrategia de Canal 11 de eliminar la certidumbre (y, por
ende, la continuidad) en la programación de películas nocturnas. Ya quitaron las del domingo. Ahora entre semana no
sabemos si va a haber filme o no.
A cambio de ello, las series que muchos de los televidentes del canal del Politécnico ya vieron en Cablevisión. ¿Se
trata de ir para atrás como una opción diferente en televisión? ¿De castigar los ya de por sí precarios ratings?